La misión secreta de Piero en Colombia

De manera discreta el cantautor argentino se ha involucrado en el proceso de paz del país, llevando su música a las zonas más afectadas por la guerra.

“Desde que llegué por primera vez a esa tierra... hace bastantes décadas... me enamoré del calor de su gente... Desde entonces... he sentido en el alma el dolor de muchos de mis compatriotas ante tantos hechos de violencia y tantas víctimas que deja ese viejo y horrendo conflicto armado”. Estos fragmentos se leen en el sitio oficial del cantante Piero, el que nació en Italia, creció en Argentina —de donde también fue desterrado— y se nacionalizó en Colombia.

A esa Colombia en guerra de la que se lamenta en este escrito, Piero lleva décadas, “bastantes décadas”, recorriéndola. Desde que decidió que quería llevar su música a “lugares donde el tejido está roto, desgarrado, para acompañar la reconstrucción”. Y eso hizo en las últimas dos semanas en el Urabá, el oriente antioqueño, el norte del Cauca y el Meta.

Piero fungió como el director musical del Monumento Sonoro por la Memoria. Ese fue el nombre que el Centro de Memoria Histórica le dio a este proyecto, que reunió a cientos de niños y jóvenes víctimas de esta guerra, que los puso a componer canciones con sus memorias del conflicto y también con sus sueños.

“El propósito es que en este contexto, en el que se están haciendo esfuerzos de paz, se levanten las voces de los niños y que esos testimonios se conviertan en memoria viva, para que cuenten no sólo lo que les ha sucedido, sino también cómo es esa Colombia que están queriendo vivir”, dice Paula Andrea Ila, coordinadora general del proyecto.

Piero y sus músicos llegaron primero a Necoclí. Luego a Urabá y San Carlos, Antioquia; a Puerto Rico, Meta, y a Jambaló, Cauca. De esa caravana salió “La historia de las langostas y los colibríes”, que es la historia del reclutamiento de menores, del desplazamiento, del hostigamiento, de la guerra contada por niños. Los niños que, en palabras de Piero, son la fuerza, la energía, para esta paz que está buscando Colombia.

“Son maestros del aquí y el ahora, del momento. Tienen esa frescura y esa decisión, esa claridad de ir a buscar lo que quieren”, dice el cantante, que años atrás se encontró en el hotel Tequendama de Bogotá con el alcalde de San Vicente del Caguán —cuando eran días de diálogos de paz y territorio desmilitarizado— y le propuso: “si te conseguís un avión me voy a tocar gratis a San Vicente”. Y allá terminó, “con una guerrillera y una monja, tomadas una en cada mano, cantando ‘Ojalá, ojalá... Ojalá, ojalá’, durmiendo en la casa de él y los otros músicos en la capilla”.

Y la historia continúa con “una charla bastante decepcionante con las Farc. Yo les decía: ‘¿Y el día de mañana vos no querés tener una familia y estar con tus hijos? ¿Hasta dónde van a seguir?’. Y ellos respondían que la gente los necesitaba. ‘Lo que la gente necesita es que no vuelvan a disparar ni un tiro’. Para mí fue una decepción ver cómo estaban tan enfrascados, como lo siguen estando”.

El cantante también rememora un concierto en Santander de Quilichao, en ese Cauca que sigue viviendo en guerra; un concierto con unas 8 mil personas en el público. “Veía gente colgada de los árboles, de las casas, viendo el concierto, y yo decía: ‘aquí tranquilamente puede haber un loco con un francotirador. Quizá esta sea mi última canción’. Me lo decía. Y pasaba esa canción y nada sucedía y entonces pensaba en la siguiente: ‘esta sí será mi última canción’. Y mientras no terminamos no me saqué esa sensación. Uno quiere acompañar, pero no quiere ser un mártir”.

Su próximo concierto será en Bogotá, el lunes 9 de diciembre, junto a 300 niños de Antioquia, Meta y Cauca. Habrá teatro, música, imágenes. Se contará la fábula de las langostas y los colibríes. Y después, su siguiente acto, quizá, sea el de llevar a la mesa de diálogo en La Habana una carta escrita por el premio Nóbel de Paz Adolfo Pérez Esquivel y firmada por diez Nóbel más, exponiendo sus argumentos para que esta historia termine con un acuerdo. Y junto a esta misiva habrá 200 mil cartas más, firmadas por niños y jóvenes.