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Vivir 22 Jun 2013 - 10:00 pm

Hoy a las 8:00 p.m. en Séptimo día del Canal Caracol

Separadas por un velo

La historia de Lily Martín, una colombiana que se casó en Estados Unidos con un musulmán radical que después secuestró a sus hijas.

Por: Susana Suescún * Especial para El Espectador
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Dalal y Lamia hoy, educadas como musulmanas en Egipto. / Archivo particular

Habíamos llegado hasta allí, Tampa en el sur de la Florida, en pleno verano del 2012, buscando una de esas historias que parecen posibles sólo en las películas. Nos abrió la puerta de la casa una mujer de grandes y profundos ojos azules, con ropa de verano al estilo americano. Lily Martín, con 55 años, nacida y criada en Buenaventura, llegó a Estados Unidos a principios de los años 80. Sentada en la sala de la que ahora es su casa, recordó cómo llegó al país del sueño americano: con prácticamente nada. Sólo un par de maletas y la compañía de su hijo mayor, Juan Sebastián de 5 años. 

Al año de estar viviendo en Estados Unidos, Lily se enamoró de un hombre musulmán, un estudiante egipcio, inmigrante como ella. No era un amor común, era el amor entre personas de dos mundos muy distintos, el mundo del medio oriente y el occidental, con todas las diferencias de idioma, cultura, religión y tradiciones que ello significa. 

Mientras Lily saca una caja de zapatos llena de viejas fotos, nos revela su nombre, Mohamed Waked. Mohamed provenía de una familia musulmana radical, de las que pone a la mujer en un segundo lugar, siempre detrás de los hombres, obedientes, sumisas y con muchas restricciones. Esas mujeres con velos en sus cabezas, misteriosas y ajenas a lo que conocemos los occidentales. 

Era inevitable preguntar ¿cómo una mujer colombiana y católica como Lily se había enamorado de un hombre tan diferente? “El tiempo que había vivido solo, en Estados Unidos, lejos de su país y su familia parecía haberle abierto la mente. Para entonces, sus sentimientos hacia mí eran fuertes, tanto que podía retar hasta los principios más radicales de cualquier religión”.

Lily nos muestra las fotos de su matrimonio con Mohamed, pero se detiene en las fotos de dos pequeñas niñas, alcanzando a pronunciar sólo tres palabras antes de que las lágrimas salieran sin esfuerzo alguno: “Son mis hijas”. Son las hijas que tuvo más de dos décadas atrás con su amor egipcio, con su musulmán: Dalal y Lamia. Ellas eran la verdadera razón de nuestra visita.

Tocando con sus dedos los rostros de sus hijas impresos en el papel, Lily empieza a contar que así, como aparecen en su foto, de sólo cuatro y un año y medio, fue como ella las vio por última vez, antes de que su esposo, Mohamed Waked, decidiera secuestrarlas, para llevarlas a vivir al Medio Oriente junto con su familia. “La presión por parte de su padre desde Egipto fue muy fuerte. Él no estaba de acuerdo con que sus nietas crecieran como occidentales; él quería que tanto ellas como yo nos convirtiéramos en musulmanas y nos fuéramos a vivir para allá”. Pero Lily se negó, y por ello tuvo que pagar un precio muy alto. Después de que sus hijas fueron sacadas de Estados Unidos, no volvió a saber nada de ellas ni de Mohamed por más 20 años. 

De un gran sobre, guardado en el fondo de la caja de zapatos que también contiene las fotos de su pasado, Lily empieza a sacar cartas, en español, inglés y árabe dirigidas a todo tipo de autoridades de Estados unidos y Egipto, recibos de teléfono de larga distancia con innumerables llamadas a ese país, afiches con las fotos de sus hijas y toda una serie de documentos recolectados por años de una incesante búsqueda. La amargura se ve en sus ojos: “Todo en vano”. 

Tendrían que pasar más de dos décadas de avances tecnológicos, capaces de conectar a dos mundos distantes, para que Lily Martín pudiera volver a saber de sus hijas. Sólo un mes antes de estar allí sentados en su casa en Tampa, ella recibió mediante Facebook un mensaje que comenzaba así: “Dear mamá Lily, I’m Dalal, your daughter” (“Querida mamá Lily, soy Dalal, tu hija”).

“Esas palabras fueron todo lo que estuve esperando durante 20 años”, nos dice Lily, con sus ojos cerrados. Después, emocionada, saca su teléfono móvil y nos muestra el video de cuando vio a sus dos hijas por primera vez de manera virtual, sólo unos días después de haber recibido su mensaje. Las que se veían en la pantalla del computador eran dos mujeres de un mundo muy opuesto al de Lily, de culturas y creencias radicalmente diferentes. Sin embargo, en las caras de esas mujeres musulmanas con un inglés básico y acento tosco, tras los velos que escondían sus peinados, ella reconoció rápidamente las caras de sus “muñequitas”, esas mismas que le fueron arrebatadas por su esposo desde muy pequeñas.

Haber encontrado a sus hijas también significó encontrarse con una dura realidad. Dalal y Lamia Waked tuvieron que crecer en el mundo islámico, el Medio Oriente, entre países atravesados por un conflicto de varios siglos. Fueron criadas por una familia radical, donde su independencia, su libre albedrío, sus decisiones y opiniones, al menos como las conocemos en el Occidente, prácticamente no existieron.

La mayor, Dalal, nunca olvidó los grandes y profundos ojos azules de su madre e inculcó en su hermana menor muchos de sus recuerdos de América. Por eso, ambas crecieron añorándola, extrañándola, necesitándola. Sin embargo, su padre y su antigua familia nunca les permitieron ni siquiera volver a hablar de ella. Lily representaba el mundo occidental, ese que para algunos musulmanes fundamentalistas es el mundo equivocado.

Por eso, aunque Lily ya sabía dónde estaban sus hijas, y eso le había devuelto la felicidad a su vida, también sabía que la verdadera lucha para recuperarlas apenas estaba por empezar. Luchar para que ellas pudieran volver a América no sólo significaba que madre e hijas podrían estar de nuevo juntas, también significaba que ellas podrían vivir fuera de los recios parámetros del islamismo radical.

Hasta ahí llegaba la historia que Lily Martín tenía para contarnos, pero estaba a punto de empezar aquella de la que seríamos testigos durante casi un año: las llamadas, las horas de espera, su lucha para reencontrarse personalmente. 

* Periodista investigativa. Vea el desenlace de este drama hoy en Séptimo día del Canal Caracol.

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