Acoso sexual y laboral en el gobierno distrital

Hablan sobre cómo les ha ido después de enfrentarse públicamente a sus presuntos acosadores de la administración de Bogotá, Leszli Kálli, quien trabajaba en el mismo edificio de la Alcaldía, y Stella García, excontratista del Fondo de Vigilancia.

Leszli Kálli. / Mauricio Pinzón
Leszli Kálli. / Mauricio Pinzón

¿Cuántas investigaciones se adelantan por su denuncia sobre acoso laboral?

Tres: la penal, porque el Distrito me pagó y yo recibí tres meses de salario sin que se me permitiera trabajar ni volver a la Alcaldía debido a que la esposa del alcalde no me quería ver allá. Una investigación disciplinaria en la Personería, en donde ya amplié mi testimonio y entregué pruebas, entre ellas un audio de once minutos del cual no debo hablar mientras esté bajo reserva. Y otra en la Contraloría distrital.

¿Es consciente de que recibir dinero público sin cumplir el objeto del contrato por el que se le paga puede ser delito?

Me he enterado de eso, pero la persona que me pagaba lo hacía no porque quería, sino porque su superior la obligaba, y mientras yo quería cumplir con el contrato y no me lo permitían, el asesor Daniel Winograd y seguramente el alcalde y otros funcionarios cercanos a él dieron la orden de que así fuera. De todo lo que he dicho tengo pruebas.

¿Qué tipo de pruebas?

Por ejemplo, correos electrónicos con los que puedo demostrar que tenía prohibido entrar a la Alcaldía y que mi presencia no era grata, entre otros, para la Secretaría General. Y las órdenes para mis traslados a las secretarías de Salud y de Planeación.

En cuanto a la amenaza sexual telefónica que sufrió, ¿qué ha sucedido?

Me llama la atención que el director de asuntos jurídicos y disciplinarios de la administración Petro, Augusto Ocampo, asegure que no he denunciado al periodista de la Alcaldía que me mandó esa amenaza grosera e intimidante. Ocampo no dice la verdad: no aclara que no he ido a su oficina a presentar la queja, pero que sí lo hice ante la Fiscalía el mismo día en que ocurrieron los hechos. Él puso un trino en que decía: “usted siempre en el rol de víctima”. Si ya me descalificó así, ¿qué garantía puede tener un reclamo mío?

¿Esa denuncia penal ha avanzado?

Absolutamente nada.

¿Cómo le ha ido en las redes sociales?

El apoyo de la gente en las redes ha sido impresionante. Esto me ha animado mucho porque, de todas maneras, denunciar este tipo de casos tiene un costo muy alto y un gran desgaste emocional.

¿Es cierto que allí funcionarios del Distrito la insultan?

Sí. Un señor Wílber Preciado (que al parecer trabaja en el Acueducto) me agrede en Twitter cada vez que cuestiono las políticas del alcalde. Él es el que dice que estoy loca y aseguró que salí por “traidora y desleal”. Otra funcionaria de la Alcaldía y su hermano también me agreden en las redes. Y hay mucho anónimo de cuentas que aparecen y desaparecen rápidamente, sólo con el fin de intimidarme.

Usted suele responder en las redes. ¿Eso empeora la situación?

Claro que sí. Reacciono como consecuencia de la indignación que me produce que lo que afirmen de mí no sea verdad, por el desprestigio que me quieren causar.

¿Recientemente ha vuelto a recibir mensajes intimidantes?

Casi todos los días. Mientras hablo con usted recibo uno en que se refieren a mí, al alcalde y al exalcalde Peñalosa con mucha vulgaridad. Me han tildado de “escaladora”, “envidiosa”, “exhibicionista”, “imbécil” y han dicho hasta que tengo “sida”.

¿Por qué cree que la atacan con ese tipo de epítetos tan personales?

Uno, porque no tienen ninguna prueba negativa sobre mi conducta. Dos, porque este es un país machista y la forma de atacar a las mujeres es cuestionarnos en el aspecto sexual. Por eso, precisamente, no podemos callar. Una amenaza sexual contra una mujer va mucho más allá de un simple acto individual, porque pretende discriminar por género. En ese contexto, la afrenta es para todas, no para una.

¿Qué ha sucedido con usted y con su vida después de este episodio tan amargo?

Me iba a ir del país el 1º de agosto, pero pensé que tenía que quedarme a atender mis denuncias y a poner la cara. Es lo mínimo que debo hacer para restituir la honra que me quisieron pisotear. Mi familia está en desacuerdo conmigo, especialmente mi papá, quien ya no me habla.

¿Por qué?

Porque dice que aquí no hay justicia y que lo peor que le puede pasar a alguien es enfrentarse con el poder político. Me advirtió que si me quedaba, no me daba apoyo económico. Dice que me estoy exponiendo a que me liquiden después de que pasamos por un secuestro de un año y que no puedo sola contra un ‘monstruo’ como el Distrito.

¿No sería más sano irse a vivir en otro ambiente?

Como le dije, quiero restituir mi buen nombre, porque lo que sucedió conmigo es absurdo. No sólo fui víctima de acoso laboral, sino también sexual. Por si fuera poco, el trato de la Alcaldía fue —perdone la expresión— asqueroso, porque plantaron la duda de que había motivos para tratarme como lo hicieron. No quedaré tranquila hasta demostrar quién soy y qué fue lo que pasó.

¿Cree que haber hecho públicos los acosos de los que fue víctima fue mejor o peor para usted y su futuro?

He pasado muchos sinsabores, pero quisiera decirles a las mujeres que están pasando por una situación como la que yo viví, que denuncien, que no se queden calladas, porque si lo hacen, van a quedar en desventaja. No es fácil, pero callar es la peor decisión.

Enfrentadas a sus denunciados

Leszli Kálli denunció acoso laboral que habría sufrido a pocos metros del despacho del alcalde Petro. Habría ocurrido por los presuntos celos que su presencia le produciría a la esposa del burgomaestre, Verónica Alcocer.

Según relato de Leszli, quien era contratista para temas de comunicaciones, el asesor de Petro, Daniel Winograd, le pidió no volver a la edificación para evitar “líos”. Pero la mantuvieron vinculada y le pagaron tres meses a pesar de que no le dieron trabajo para desarrollar. Kálli recibió una llamada en la que el hombre que la contactó amenazaba con violarla y “partirla en dos”.

Se descubrió que el celular de la llamada pertenecía a un periodista de la Alcaldía. Este fue desvinculado, pero la administración distrital le dio la espalda al problema y varios de sus funcionarios atacaron personalmente a Leszli. El caso de Stella García no es idéntico, pero es igualmente dramático.

Era contratista del Fondo de Vigilancia del Distrito y cuando llegó un nuevo subgerente financiero, Camilo Páramo, este se habría desnudado una vez que ella estaba en su oficina, y le habría pedido sexo oral. A partir de la denuncia pública que García hizo, habría empezado a ser acosada laboralmente por las directivas del Fondo, que se solidarizaron con el presunto victimario por el respaldo político que tendría.

 

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