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Bogotá 25 Jun 2013 - 10:12 pm

No la ven desde el pasado 20 de junio

Antecedentes de una desaparición

Erika Daniella Tamayo no aparece desde la semana pasada. Pertenecía a la organización que fundó Angélica Bello, quien murió de un disparo en “extrañas circunstancias”.

Por: Camilo Segura Álvarez
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Érika Daniella Tamayo tiene 19 años y salió de su casa sin documentos. / Archivo particular Angélica Bello, lideresa de víctimas muerta el pasado 16 de febrero. / ‘Semana’

“Estaba preparando el desayuno. Dijo que necesitaba algo de la tienda y salió en pijama, sin documentos”. Eso es lo único que sabe Nini Johana González de lo que ocurrió el pasado jueves con su hermana, Érika Daniella Tamayo. Desde entonces, al tiempo que busca la ayuda de decenas de funcionarios públicos, ha recorrido las calles de Fontibón en busca de la joven de 19 años que, al igual que ella, ha entregado su vida a la defensa de los derechos de la mujer.

Ambas hicieron parte durante años de la Fundación Nacional Defensora de los Derechos Humanos de la Mujer (Fundhefem), una organización compuesta en su mayoría por mujeres y que se disolvió a raíz de la muerte de su lideresa y fundadora, Angélica Bello, ocurrida el pasado 16 de febrero en el municipio de Codazzi, Cesar, en extrañas circunstancias que todavía son materia de investigación policial y judicial.

“Las últimas amenazas que recibimos fueron este año, cerca a la fecha en que Angélica murió. Estaban dirigidas a la organización, no a mi hermana”, dice Nini cuando se le pregunta por posibles peligros que se hayan cernido en los últimos días sobre la vida de su hermana. Esas intimidaciones, según afirma, provenían de las Águilas Negras y los Rastrojos. “De acuerdo a lo que hemos sabido, podían salir directamente del Cesar o de Cundinamarca”, sostiene.

Fundhefem fue víctima de señalamientos y amenazas por parte de grupos paramilitares desde su creación. Angélica Bello, araucana, de 67 años al momento de su muerte, había desafiado el imperio del miedo en los Llanos Orientales, en Bogotá y en el Cesar, entre otras regiones. Las mujeres víctimas de delitos sexuales en medio del conflicto no sólo la recuerdan, así como a su organización, por tener los oídos bien abiertos para escucharlas, sino que le agradecen que en 2008 hubiera presionado a la Corte Constitucional para que expidiera el auto 092, que adoptaba medidas comprensivas para la protección de los derechos fundamentales de las mujeres víctimas del conflicto armado.

La muerte de Angélica fue insoportable y terminó con la fundación. Por eso, Nini y Érika, acompañadas por otras mujeres, decidieron comenzar con una nueva organización: Corporación Mujer Sigue Mis Pasos. La idea era construir sobre lo que había dejado Bello. Érika estaba encargada de documentar casos en Bogotá, hacía campañas pedagógicas por las localidades con el auto 092 debajo del brazo y para las víctimas definía “rutas de acción” para las denuncias y la divulgación de los episodios violentos.

La Sijín y el CTI de la Fiscalía tienen en su poder la investigación. Por ahora cuentan con un video del conjunto residencial de Érika en el que se la ve salir y el testimonio de un patrullero de la Policía que dice que le causó “curiosidad” verla cruzar un parque en pijama, hacia el barrio Centenario, donde seguramente compraría lo que nunca se supo si consiguió.

Por ahora, su hermana Nini y su madre, Hilda, se han puesto en contacto con la Secretaría de la Mujer del Distrito, la Vicepresidencia de la República, la Policía, la Gobernación de Cundinamarca, la Fiscalía y ONG de derechos humanos. Todos les han dicho que investigarán, nadie les da un dato concluyente y por eso se animan a pensar que Érika está viva. Saben que cabe la posibilidad de que le haya ocurrido algo similar a lo que pasó con Angélica Bello. También, que es “imposible” que, como les han insinuado algunas autoridades, “se haya volado con el novio”. Por ahora se ciñen a una máxima cruel para las familias de los miles de desaparecidos colombianos: “No hay que descartar hipótesis”.

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