Talante controvertido

Gustavo Petro enfrentó un año convulsionado en la política de la capital, superó problemas de salud y, con su polémico estilo, insiste en implantar un nuevo modelo de Alcaldía.

/Gabriel Aponte
/Gabriel Aponte

Antes de que Gustavo Petro asumiera como alcalde en Bogotá, su gestión era un enigma, porque sus viscerales enemigos de siempre pronosticaban que sería un desastre, mientras que sus amigos creían que vendrían cuatro años de grandes transformaciones. Hoy, un año después de haberse montado en ese potro, la perspectiva no parece haber cambiado. En los sectores pudientes de la capital, Petro sigue despertando desconfianza porque lo acusan de impreparado, pero sus leales seguidores de barrios humildes dan la vida por su benefactor.

Desde el mismo instante en el que inició su período, Petro ha tenido que enfrentar numerosas dificultades, tanto institucionales como personales en su precaria salud. A pesar de que logró vincular a su gabinete a Antonio Navarro, sin duda experto ya en las tareas de gobierno, el equipo con el que arrancó no convenció. Las primeras críticas se han confirmado, porque aún hoy Petro no parece haber conseguido el equilibrio para garantizar estabilidad a sus más importantes colaboradores. Sus amigos personales, Daniel García-Peña y María Valencia, muy pronto cayeron en desgracia y tuvieron que irse de sus cargos, y, a lo mejor, despedirse del amigo que perdieron por cuenta de haberse convertido en sus subalternos. Esa inestabilidad en las secretarías del Distrito la han sabido cobrar los contradictores políticos de Petro. El gobierno nacional, en una clásica jugada al estilo presidencial, creó la Alta Consejería para Bogotá, y designó a la exsenadora Gina Parody, lo cual se ha convertido en una piedra en el zapato para el alcalde. El último episodio de la recolección de las basuras ha despertado la más agria polémica de las muchas que ha suscitado el gobierno del exmiembro del M-19, esta vez con poderosos empresarios del sector que sienten que Petro les quitó su negocio.

Aquí puede estar la clave del futuro de la actual administración distrital, pues si el 18 de diciembre, como algunos lo vaticinan, la ciudad está inundada de basuras, podría prenderse la mecha de la revocatoria del mandato de Petro. Pero por el contrario, si su cuestionado proyecto de recolección de basuras le resulta bien, tendrán que tragarse sus palabras muchos de sus críticos.

Pero justo es reconocerlo. Mientras hay un grupo grande de bogotanos que odian a Petro sin saber exactamente por qué, hay muchos otros ciudadanos del común que están agradecidos con los programas sociales de este guerrillero que administra la ciudad con el mismo talante brusco y altanero con el que se hizo famoso como senador.

* Columnista de ‘El Espectador’