Facturación, en veremos

Hace dos años el Distrito debió poner en marcha un sistema de gestión comercial del servicio de aseo que debía ahorrarle millonarios recursos. Aunque ha gastado $31 mil millones, el sistema nada que arranca. ¿Qué sucede?

El sistema de gestión comercial que debería asumir el Distrito asume el pesaje de la basura que llega a diario al relleno sanitario Doña Juana. / Archivo - El Espectador
El sistema de gestión comercial que debería asumir el Distrito asume el pesaje de la basura que llega a diario al relleno sanitario Doña Juana. / Archivo - El Espectador

A la fecha, el Distrito ha desembolsado $31.000 millones a la compañía Distromel para que, entre varias obligaciones, creara un módulo de facturación y así la ciudad tuviera el control de la gestión comercial del servicio de aseo. Hoy, casi dos años después de ser adjudicado el contrato, Bogotá no tiene un sistema de facturación propio.

El retraso en la ejecución de este contrato cobra relevancia en estos momentos, pues esta semana se hizo evidente que la administración, al no estar preparada para asumir este negocio, se vio obligada a contratar con la empresas privadas de aseo, que desde hace nueve años realizan la gestión comercial de este servicio a través de su empresa, el Centro Único de Procesamiento de Información Comercial del servicio de aseo en Bogotá (Cupic).

En octubre de 2011 la Uaesp adjudicó a Distromel un contrato por $106.117 millones, que tiene por objeto suministrar, instalar, poner en marcha, realizar el mantenimiento y operar por ocho años el Sistema de Información Integral para el Servicio de Aseo en el Distrito capital (SI Mision Siisa). Una plataforma tecnológica que, a partir de seis subsistemas de información, le permitiera a la administración controlar el servicio.

Dos años después, la plataforma nada que arranca. La Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos (Uaesp) multó en diciembre de 2012 al contratista por $85 millones, considerando que Distromel incumplió parcialmente con sus obligaciones. La empresa interpuso un recurso de reposición que fue fallado en su contra y que ratifica la sanción económica impuesta. Aunque Distromel alega que el módulo fue entregado desde noviembre de 2011, la Uaesp asegura que éste no cumple con todos los requerimientos.

Así consta en la resolución número 035 de 2013, conocida por El Espectador, expedida el 21 de enero por la Unidad y en la que la entidad resuelve el recurso de reposición interpuesto por Distromel. Allí la Uaesp reafirma los tres cargos que en diciembre de 2012 le imputó al contratista.

El primero de ellos está relacionado con el módulo de facturación y “la mala definición y un mal moldeamiento de la solución o incertidumbre con respecto al grado de cobertura de las necesidades del usuario”. De acuerdo con la Unidad, el contratista, aparte de no cumplir con el cronograma del contrato, omitió indagar cuáles eran los requerimientos del negocio de la basura en la ciudad y a partir de los cuales se debía desarrollar el sistema.

Distromel asegura que la Uaesp buscó un contratista que tuviera una plataforma ya existente en escenarios similares al del servicio de aseo en Bogotá y no un desarrollo de software desde ceros. “Una de las razones del contrato y el valor del mismo, era que el contratista debía contar con una herramienta de facturación desarrollada y que debería directamente poner en marcha”. La empresa sostiene que el Módulo de Facturación es un producto que ha sido implementado y que se encuentra en operación en Pasto y Manizales, y que el sistema está listo desde el mes de diciembre.

El segundo y el tercer cargos tienen que ver con el incumplimiento al cronograma y la entrega de productos como la puesta en funcionamiento del módulo de facturación, incluido el almacenamiento de los datos de facturación en el Centro de Pensamiento de Datos Alterno, entre otros productos.

Distromel asegura que la Uaesp ha desconocido el concepto de supervisores del contrato que son funcionarios de la misma Unidad, quienes recibieron a satisfacción dichos productos.

Independientemente de quién tenga la razón, lo cierto es que hoy la sanción está en pie y las demoras provocadas por el lío con los contratistas tienen al Distrito sin capacidad de facturación y, por consiguiente, depende de los mismos operadores privados que el alcalde Gustavo Petro ha criticado constantemente.

Durante los próximos tres meses, la gestión comercial estará en manos de Aseo Capital y Lime, contrato que puede ser prorrogable, según aseguró esta semana la Empresa de Acueducto de Bogotá.

Una gran incógnita queda en el aire: ¿Cuándo podrá el Distrito tener su propio sistema, en el que los bogotanos han invertido $31 mil millones?