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Bogotá 18 Nov 2012 - 9:00 pm

En vilo está la suerte del barrio Bosque Calderón y predios del Politécnico Grancolombiano

Así quedó un barrio en el aire

La decisión amenaza con acabar de un tajo con el sector.

Por: Sebastián Jiménez Herrera
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    http://www.elespectador.com/noticias/bogota/asi-quedo-un-barrio-el-aire-articulo-387782
    http://tinyurl.com/d6ar5lr
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Este es uno de los mojones del predio en disputa, en el que casi 100 familias viven desde hace seis décadas y el Politécnico Grancolombiano tiene sus parqueaderos. / David Canmpuzano

En el oriente de Bogotá, entre los cerros y la Avenida Circunvalar, está el barrio Bosque Calderón Tejada, cuyos habitantes no salen del asombro: por cuenta de un muerto ‘omnipotente’, un gigantesco predio vendido a precio de huevo y una decisión judicial que cuestionan, 200 familias y una institución universitaria se convirtieron de la noche a la mañana en dueños de pedazos de aire.

Debido a un proceso judicial que se ha convertido en el dolor de cabeza de los habitantes del Bosque Calderón Tejada, el 20 de febrero de 2008, César Alberto Campo Ospina, fiscal 84 de la Unidad de Delitos contra la Fe Pública y el Patrimonio anuló las matrículas inmobiliarias de los predios del sector, ubicados entre los parqueaderos del Politécnico Grancolombiano y una de las márgenes de la quebrada Las Delicias. Además, ordenó el desalojo del vecindario.

Entonces los predios dejaron de existir. Por lo menos para las autoridades. El desalojo se evitó por decisión de un fiscal que revisó el fallo, pero nada de esto les fue notificado a los residentes. Ellos vinieron a darse cuenta de lo sucedido cuatro años después. Y por casualidad.

Camilo Vanegas, vecino del sector, cuenta que hace poco fue a solicitar el certificado de libertad y tradición de su propiedad en el Bosque Calderón Tejada. La sorpresa llegó con la respuesta de la oficina de Instrumentos Públicos: el documento que respaldaba la tradición de su bien no podía ser emitido porque, simplemente, no existía. Estupefacto, investigó lo sucedido y descubrió lo que no duda en catalogar de ‘leguleyada’, que amenaza con acabar con el barrio.

Encontró que el señor José Ignacio Pulido Tejedor reclamaba ser el dueño de los 90.000 metros cuadrados sobre los que se construyeron las casi 100 propiedades. Que en 1996 Alfonso Trujillo Olarte, en representación de Luis Calderón Barriga, se los vendió a $30 millones, es decir, a casi $300 el metro. Algo irrisorio, casi ilógico para una ciudad en la que el metro cuadrado está por los cielos.

El problema es que Luis Calderón Barriga ya había vendido esos predios en 1954. Los había negociado con la Comunidad Franciscana de Bogotá, representada por el cura José Miguel López Hurtado, en $50.000 de la época. La Comunidad, a su vez, se los vendió en 1955 a Eduardo Arango Castaño. Éste los traspasó a quienes viven hoy en día en el Bosque Calderón Tejada y al Politécnico Grancolombiano, que estableció allí sus parqueaderos.

Al respecto, Pulido argumentó que antes de morir, en 1984, Calderón Barriga le dio un poder a Alfonso Trujillo Olarte para que administrara sus bienes. Al parecer, Trujillo Olarte consideró incluidos, entre las propiedades, los 90.000 metros cuadrados del Bosque Calderón Tejada. Fue por eso que se los vendió a José Ignacio Pulido Tejedor sin importarles las personas que allí vivían. En la página 8 de la escritura de 1996 aparece el mapa del lugar, según el vendedor, y en él no hay ninguna referencia a las edificaciones ya construidas allí.

La compra se realizó y José Ignacio Pulido Tejedor se convirtió en el ‘dueño’ de los predios. Sin embargo, éstos ya estaban ocupados. Con el fin de superar el ‘obstáculo’ interpuso recursos legales para que la justicia declarara ilegal la ocupación de esos bienes. Para ello, argumentó que la compraventa de 1954 había sido, en realidad, un fraude, que no existía la Comunidad Franciscana de Bogotá y que el cura José Miguel López Hurtado había sido suplantado.

Esto último, de acuerdo con Pulido Tejedor, quedaba demostrado con el hecho de que en el referido contrato aparecía un número de cédula que, al parecer, no concordaba con el del documento de identidad del cura. Entonces visitó al prelado, ya de 94 años de edad, y le preguntó al respecto. Éste le dijo que no recordaba la compraventa y para el demandante esto fue prueba suficiente del ilícito. Además, aseveró que, según sus investigaciones, no existía ni había existido la Comunidad Franciscana de Bogotá.

Con esto le solicitó a la justicia que investigara el presunto fraude. El fiscal que asumió el caso canceló la escritura de 1954 y dejó todo en el limbo. Los habitantes del Bosque Calderón Tejada presentaron recursos ante la justicia para reversar la anulación de esa compraventa. Todos les fueron negados. Incluso, aquellos que llegaron hasta la Corte Suprema de Justicia.

Los residentes, aunque preocupados, cuentan con pruebas que, según ellos, demuestran la irregularidad que ha habido al respecto y esto los satisface. Por su parte, el Politécnico Grancolombiano le dijo a este diario que espera una notificación de las autoridades al respecto y el regreso de Estados Unidos de su vocero oficial, el rector Fernando Dávila Ladrón de Guevara, para pronunciarse.

En esta lucha, además de Camilo Vanegas, se encuentra Benedicto Galindo, residente del Bosque Calderón Tejada desde 1970, quien aseveró que la denuncia por supuesto fraude está “pegada con babas”. Dijo, primero, que al cura López Hurtado nadie lo suplantó, que había documentos que demostraban que lo que ocurrió fue que por disposiciones legales se le cambió el número de la cédula.

Así está establecido en documentos conocidos por El Espectador, emitidos por la misma Registraduría Nacional del Estado Civil. Además, Galindo aseveró que había pruebas suficientes de que la Comunidad Franciscana de Bogotá sí existía. Que, incluso, esa misma congregación había comprado predios en otros lugares de Chapinero y ninguna de esas compraventas había sido puesta en duda.

Vanegas agregó que la denuncia por fraude no podía prosperar tampoco porque, de haber ocurrido el ilícito, el tiempo para hacer la investigación se habría agotado hace mucho tiempo. “Sólo falta que salga alguien con una escritura del siglo XIX diciendo que es el dueño de Bogotá y entonces se anulen las matriculas inmobiliarias de toda la ciudad”, reclamó, asegurando que de haber habido irregularidades, habrían sido las cometidas por las autoridades en este caso.

Primero, aseveró que el poder con el que Trujillo Olarte realizó la venta era ilegal. Luis Calderón Barriga había muerto en 1984 y en 1994 familiares suyos le escribieron a la Notaría 15 de Bogotá para que tomara en consideración esto y le retirara a Trujillo Olarte el poder que se le había dado. Esa entidad no lo hizo y éste, dos años después, pudo vender el bien como representante de alguien que había fallecido 12 años atrás.

Como lo expresó una familia del sector, en un documento enviado al fiscal 84, “los muertos no existen y los actos ejecutados por los muertos no existen y, por ende, los poderes de los muertos no existen y mucho menos generan derechos”. Al parecer, el argumento no convenció al funcionario judicial.

Con este panorama, los pobladores esperan que la justicia falle en su favor, los declare terceros de buena fe y les devuelva a sus predios sus matrículas inmobiliarias. Su preocupación no se reduce a que lo puedan perder todo. Además, temen que ocurra lo que durante tiempo han evitado, que grandes constructoras se apropien del predio y construyan ahí un condominio que contamine los ecosistemas alrededor del sector.

La quebrada Las Delicias, a 15 minutos a pie desde el centro del barrio, se ha convertido en un punto de encuentro para estudiantes, amantes de la naturaleza y curiosos. La quebrada se encuentra dentro del predio en disputa y por cuenta de las ‘vueltas’ judiciales podría llegar a ser privatizada, como ya ha ocurrido con lugares similares en otras partes de Bogotá.

“Alguien me dijo una vez que nuestro problema es que vivíamos en el mejor ‘vividero’ de la ciudad. Eso lo tenemos claro, hay mucha gente con ganas de quedarse con este terreno para hacer sus proyectos”, concluye Galindo.

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adrifuya

Lun, 11/19/2012 - 14:30
Buenas tardes, me pueden dar la dirección exacta del predio en cuestión. Gracias.
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comentandoj

Lun, 11/19/2012 - 07:25
En acción los urbanizadores, otra casta de atracadores con patente de corso emitida por las curadurías, que quieren despojar a dueños legítimos de sus haberes; claro que no se exime de responsabilidad a la Universidad, otra institución "sin ánimo de lucro", que se quiere lucrar con bienes ajenos.
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oncemorewithfeeling

Lun, 11/19/2012 - 07:15
mejor vividero? lo dudo....
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indignadosconlacorrupcion

Dom, 11/18/2012 - 22:55
no sabiamos que abogados aliados con TIERREROS estafadores habían llegado hasta chapinero, curiosa la actuaciòn de ese FISCAL; seria muy UTIL que el ESPECTADOR; investigara y mostrara el rostro del ABOGADO; y del " propietario " audaz, que desconoció la existencia de la comunidad franciscana- con argucias, la segunda entrega de esta investigación sobre la corrupción de la JUSTICIA; con abogados y estafadores podría entrevistar al supereintendente de notariado y registro y al mismo fiscal general de la nación. sera que por DIGNIDAD de ese ente PENAL ASUME EL DESPACHO el casò ? o sera que la gente lo volverla un casoi de JUSTICIA mediatica ?, como el caso COLMENARES; ?todo parece indicar que es una BANDA de ABOGADOS; y estafadores, como los que casi se roban un parque en la esmeralda,
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