Bicitón para defender la reserva Van der Hammen

Un centenar de ciudadanos le pedirán al alcalde Enrique Peñalosa y a la CAR que se respete la declaratoria de reserva del lugar y se comience con el plan de manejo ambiental.

La reserva Thomas Van der Hammen tiene una extensión de 1.400 hectáreas. Archivo

Alrededor de 20 organizaciones sociales, colectivos y fundaciones realizarán una protesta este jueves para rechazar la propuesta del Distrito de utilizar la reserva Thomas Van der Hammen para la construcción de proyectos urbanísticos y avenidas.

Desde las 9:00 a.m., los manifestantes se reunirán en las instalaciones de la Corporación Autónoma regional (CAR), en la carrera Séptima con calle 36, y en bicicleta se dirigirán hasta la Alcaldía Mayor de Bogotá, en el centro de la ciudad. En cada lugar radicarán una carta que, en resumen, tendrá tres peticiones: la primera es que se respete la declaratoria de reserva; la segunda, que haya una ejecución del Plan de Manejo Ambiental, y, finalmente, que no se acepte ningún proyecto de urbanización en la zona protegida.

Será en bicicleta porque quieren rendirle un homenaje al medio ambiente. Esperan que sea un carnaval y que los asistentes se sientan en una fiesta. Pitos, color, pancartas son los materiales que resaltarán en este desfile.

“Se espera que lleguen 150 personas, pero son bienvenidos todos los que quieran participar. Es un acto pacífico, en el que expresamos nuestro derecho a ser escuchados. Queremos que funcionarios de la CAR e incluso el alcalde Enrique Peñalosa reciban nuestra carta y nos incluyan en esta discusión”, aseguró Sabina Rodríguez, integrante de un colectivo ambiental.  

Rodríguez agrega que, aunque el apoyo en las redes sociales es indispensable, esperan que las personas se movilicen en la calle y participen en estos eventos pacíficos: “Hay que ser más propositivos y apropiarse de estos temas que nos competen a todos".

No es la primera vez que hay manifestaciones de este tipo. Varios de los grupos participantes hacen siembras en la reserva Thomas Van der Hammen y talleres para entender su importancia ecológica para la ciudad.

El debate de la reserva

La discusión de si se urbaniza o no la reserva Thomas Van der Hammen es de vieja data. En 2000, el alcalde Enrique Peñalosa, en su primer mandato, propuso utilizar este terreno para expandir la ciudad. Sin embargo, la CAR y el Ministerio de ambiente rechazaron la propuesta.

Para esa época, el ministro de Ambiente, Juan Mayr Maldonado, pidió la creación de un grupo de expertos para definir la política para el desarrollo de la Sabana de Bogota. Al final concluyeron que esta zona debía protegerse por su importancia ecológica, pero sobre todo porque funcionaría como una barrera verde para evitar la expansión acelerada y desorganizada en la Sabana.

La sugerencia de los expertos es que se convirtiera en el parque más grande de América Latina, se protegieran los animales que allí habitan, se sembrarán más especies, se regularan las actividades económicas que se desarrollan en este lugar y se frenara la construcción de viviendas.

Aunque el Ministerio de Ambiente le pidió a la CAR declarar esta zona de reserva, solo hasta 2011 se expidió el acuerdo, y sólo tres años después se definió el plan de manejo.

En 2015, la administración de Gustavo Petro emitió una resolución que declaró el suelo de utilidad pública, para que el Distrito pudiera comprar los terrenos necesarios a particulares o expropiarlos si estos se negaban a venderlos, y así poder construir el bosque urbano más grande de Latinoamérica.

Pero de nuevo Peñalosa llegó al poder y expresó, otra vez, sus intenciones de permitir proyectos urbanísticos alrededor de la zona y la construcción de 10 corredores viales, entre ellas la ALO y la Ciudad de Cali. Argumentó que estos terrenos eran muy importantes para conectar la ciudad entre los Cerros Orientales y el río Bogotá, y para darle salidas a la capital que se quedó corta con la Autopista Norte.

Además, insistió en que es necesario desarrollar un proyecto de urbanismo organizado y propuso lo que hoy conocemos como Lagos de Torca, con el que se quiere construir 110.000 viviendas, de las cuales 40.000 serán de interés social.

Según Peñalosa, el papel principal lo tendrían los privados, pues serían ellos los llamados a poner los recursos, la tierra y la plata para construir la infraestructura básica (vías y redes de servicios públicos) que permita el desarrollo del proyecto.

Por supuesto, colectivos ambientalistas y organizaciones sociales rechazaron la idea, pues esperan que este pulmón de la ciudad sea protegido y no continúe con la expansión de cemento descontrolada. Además, denuncian que estas urbanizaciones favorecerán los bolsillos de los constructores, quienes financiaron su campaña.  

En medio de la discusión, varios episodios han sido titulares de los medios. Por ejemplo, cuando el alcalde se refirió al lugar como “un potrero lleno de vacas” o cuando se descubrió que el actual secretario de Planeación tiene una vivienda en la zona.

En estos momentos, la Secretaría de Planeación adelanta los estudios necesarios para solicitar ante la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) que levante la restricción y así puedan, en principio, sustraer parte de la reserva para construir esas vías y desarrollar su mega proyecto. Una vez se haga la petición, será la autoridad ambiental la que determine si se puede o no construir y cómo hacerlo. Mientras tanto, los opositores continúan con su lucha para conservar la reserva.