Bomberos de Bogotá protagonizaron estremecedor rescate en Ecuador

El rescate de un hombre de 65 años llena de esperanza y optimismo a los organismos de riesgo, quienes no desfallecen en las labores para encontrar personas con vida.

Tras el terremoto de magnitud 7,8 en la escala de Richter que estremeció el pasado sábado a Ecuador –dejando poblaciones convertidas en escombros y que provocado hasta ahora la muerte de 413 personasbomberos de Colombia, en particular los de Bogotá, que participan en labores de rescate y apoyo, protagonizaron en las últimas horas un estremecedor rescate.

Se trata del rescate con vida de un hombre de 65 años entre los escombros de lo que era un hotel en la población de Portoviejo, que así como Manta y la costera Pedernales, fue una de las zonas más afectadas por el movimiento telúrico. (Video: Así fue rescatado un hombre de 65 años por bomberos de Bogotá en Ecuador)

Según las primeras versiones, los clamores del hombre rescatado –quien permaneció más de 36 horas atrapado y que fue identificado como Pablo Rafael Córdova, administrador del hotel– alertaron a los integrantes del Cuerpo de Bomberos de Bogotá y a los organismos de riesgo de Portoviejo.

El rescate seguido por expresiones de afecto y aplausos, llenó de esperanza y optimismo a las autoridades, quienes no desfallecen en las labores para encontrar a más personas con vida.

A punto de cumplirse los tres días decisivos para encontrar bajo los escombros sobrevivientes del potente terremoto que deja por ahora 413 fallecidos en Ecuador, bomberos y equipos de rescate seguían este martes buscando incansablemente señales de vida en calles devastadas con olor a muerte. (Lea: Van más de 200 réplicas en Ecuador mientras buscan sobrevivientes tras potente terremoto)

Impacientes y cansados pero aún con esperanza, familiares de desaparecidos seguían acompañando las tareas de rescate en lo que el presidente Rafael Correa calificó de "la peor tragedia en 67 años".

En el balneario turístico de Pedernales (oeste), epicentro del sismo de 7,8 grados del sábado, que dejó también más de 2.000 heridos en la costa ecuatoriana y ciudades destruidas, la esperanza no se pierde a pesar de que el número de víctimas –escalofriante desde el inicio– no deja de aumentar.