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Bogotá 21 Ene 2012 - 9:00 pm

La visita de las reliquias a Bogotá

Entre lo sagrado y lo profano

De cómo la sangre de Juan Pablo II terminó siendo custodiada entre monjas y burdeles.

Por: Viviana Londoño Calle
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El padre Roman Nakoneczny en la iglesia María Reina, en la que ayer estuvo la sangre del papa Juan Pablo II. / Luis Ángel

Todos los días, sin importar quién llegue, el párroco polaco Roman Nakoneczny sale de su casa, dobla la esquina hasta llegar a la iglesia, se viste sin premura con su sotana blanca, enciende las velas y empieza a rezar el rosario para alabar al Santísimo. Todos los días a las 5:00 de la tarde repite la misma oración sin importar quién llegue. Poco lo perturban ya los gritos de la calle, el olor a basuco que llega hasta el altar y las risotadas de las prostitutas que trabajan en la zona.

Hace tiempo que dejó de esperar a que a la iglesia llegaran más de unas cuantas ancianas del barrio, algunas hermanas y la misionera que siempre lo acompaña.

Construida en 1953, la iglesia perteneció durante décadas a los padres eudistas. Pero en 2003, tras la muerte del padre Pedro Ochoa, se quedó sin dolientes. Por eso, porque nadie quería tener que ver con el barrio, la Arquidiócesis se las entregó a los Padres Palotinos, comunidad a la que pertenece el párroco Roman.

Santa Fe era una zona difícil. Lo sabía desde 2003, cuando visitó por primera vez el lugar. Lo sabía cuando volvió hace cuatro años, después de que por allí pasaran dos párrocos también polacos a tomar las riendas de la iglesia María Reina. Llegó al corazón del barrio, en el lugar en el que la noche dura 24 horas, la única zona de tolerancia de Bogotá.

Pero la tranquilidad de la María Reina se vio trastornada en las últimas semanas, desde que se anunció que la reliquia que contiene una cápsula con la sangre del papa Juan Pablo II estaría en el lugar por ser la única parroquia de la ciudad administrada por los Padres Palotinos de Polonia, país natal del Sumo Pontífice.

A la hora de explicar por qué la cápsula terminó en el Santa Fe, Diana Sofía Giraldo, directora de la Fundación Víctimas Visibles, organizadora del evento, dice que querían llevar la sangre del Papa a un barrio que tuviera necesidades espirituales y qué mejor lugar que uno custodiado por padres polacos.

“La historia de los Palotinos en Colombia es bastante larga. Había un padre irlandés que venía a visitar Medellín por temporadas y su carisma fue bien recibido en la ciudad”, así cuenta el padre Roman cómo llegó su comunidad al país. Gracias al irlandés, los Palotinos se establecieron inicialmente en Medellín en una fecha en la que el padre Roman parece no recordar y el 15 de agosto de 2003 se extendieron hasta Bogotá.

Hoy, la comunidad fundada por San Vicente Pallotti desde 1835, tiene más de 2.500 miembros en todo el mundo. En Colombia tienen presencia en Medellín y Bogotá. Desde que están en la capital han intentado trabajar con la comunidad pero han logrado poco. El padre Dariusz Krol, también proveniente de Polonia y quien trabaja con el padre Roman, buscó varias veces evangelizar a las prostitutas, pero los proxenetas le ataron las manos cuando le enviaron los primeros mensajes con amenazas de muerte.

“Trabajar en este barrio no ha sido fácil”, cuenta Olga Inés Cano Montoya, la misionera que labora en la parroquia desde que llegaron los Palotinos. Recuerda que una de sus mayores frustraciones la vivió cuando tuvo que cerrar las puertas de un centro para niños del barrio, pues sus madres, la mayoría prostitutas, no permitieron que los pequeños recibieran clases durante todo el día, pues eso les quitaba tiempo para trabajar. “Al final nos quedamos solos”, dice, “y tuvimos que cerrar el centro”.

Sin embargo, a la parroquia todavía le quedan algunos fieles: las pocas familias tradicionales que llegaron al barrio cuando todavía era una zona residencial y que hoy se niegan a abandonarlo. Las mismas que en 2002 se opusieron férreamente a que su barrio fuera convertido en zona de tolerancia por decisión del entonces alcalde Antanas Mockus.

Son los vecinos que todavía asisten a la misa, la mayoría con el pelo cano, quienes dicen con orgullo que al frente de la parroquia vivió durante una época el general Rojas Pinilla. Aseveran también que en uno de los edificios donde hoy atienden a adolescentes embarazadas fue propiedad de Alberto Lleras Camargo. Cuentan que no pierden la esperanza de que el barrio termine renaciendo dentro de los planes de recuperación del centro que ha prometido el alcalde Gustavo Petro.

Una de ellas es Amparo Barón, líder de la asociación que agrupa a las 200 familias propietarias que todavía quedan y que se niegan a que las casas en las que crecieron se sumen a la lista de ollas de droga y pequeños burdeles que se han expandido en el lugar.

Sus remembranzas no son exageradas. Para la década de 1930, el barrio se convirtió en uno de los más prestigiosos de la ciudad, después de que sus calles fueran colonizadas por polacos y alemanes que construyeron lujosas viviendas, algunas de las cuales aún se conservan en el hervidero que se ha convertido el barrio con el paso de los años. Pero para 1980, como recuerda Barón, sus calles ya eran reconocidas por albergar los más conocidos prostíbulos de la capital.

Este domingo, después de la extraordinaria peregrinación de los últimos días, la parroquia volverá a sentirse fría y vacía.

Este lunes volverán los mismos vecinos de siempre, cada vez más canos y afligidos. Y cada año serán menos los que se levanten para caminar hasta la iglesia. Como ya presiente el padre Roman: “Los pocos feligreses que nos quedan se están muriendo”.

La reliquia estará este domingo en Cartago

Después de estar durante todo el día sábado en la parroquia María Reina, del barrio Santa Fe en Bogotá, los feligreses del Valle del Cauca podrán visitar la sangre del papa Juan Pablo II en la ciudad de Cartago.

La reliquia, que está desde ayer en la noche en la parroquia Juan Pablo II, ubicada en el barrio El Trébol, será transportada este domingo a las 11:00 de la mañana al coliseo del colegio María Auxiliadora, con acceso libre al público. Allí se realizará una eucaristía a las 3:00 p.m. y, en la tarde, la cápsula con la sangre papal será llevada en procesión por las principales calles. Tras dejar el país, ésta viajará a Nigeria y posteriormente a Estados Unidos.

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