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Bogotá 26 Jun 2011 - 9:00 pm

Honrarás a tu padre

Elegido Concejal de Bogotá a los 21 años, Rafael Alberto Escrucería carga al hombro con la pesada historia de su familia de políticos, plagada de condenas judiciales y otras desventuras. Pero también tiene lastres propios: relaciones cuestionadas y algunos desórdenes.

Por: LAURA ARDILA ARRIETA
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Foto: Oscar Pérez

Como buen hijo de familia de políticos graduados, de esas que siempre están en campaña para algún cargo, Rafael Alberto Escrucería Lorza prácticamente creció montado en una tarima, oyendo discursos que primero generaban aplausos y después votos. Su primer recuerdo de entonces es de cuando tenía, más o menos, cuatro años y su padre, Samuel Alberto Escrucería Manzi, estaba, cómo no, en campaña, en aquella ocasión como aspirante a la Cámara de Representantes. ¿O era su madre, María Elisa, la candidata? No importa. El caso es que lo ponían a jugar a un ladito con los otros niños y el único juego que quería proponer era el de ser político. “¡A la carga!”, les decía a media lengua y sin saber todavía quién era Jorge Eliécer Gaitán. “¡Hay que votar!”, les recomendaba, imitando al papá. ¿O a la mamá? Así creció Rafael Alberto Escrucería Lorza.

¿Alguien se sorprende entonces de que ese niñito hoy sea el concejal más joven en la historia de Bogotá y lidere un movimiento que peleará 17 alcaldías en Nariño? ¿O de que a los 18 años haya sido candidato a la Alcaldía de su pueblo, Tumaco (en ese mismo departamento), uno de los más pobres del país, en donde la política se ha apellidado siempre Escrucería?

Un abuelo embajador. Una abuela cónsul. Un padre y una madre congresistas. Rafael Escrucería cuenta con todas las credenciales para ser calificado por los periodistas políticos como un delfín. Uno que nada en las aguas revueltas de un Concejo cuestionado. Pero a los 25 años, cumplidos en marzo, también carga encima con un pasado familiar que habla de condenas por narcotráfico, muerte en cárceles y otros líos judiciales que, asegura, nunca le han pesado demasiado. A lo mejor porque, después de todo, ya lleva al hombro su propio lastre.

***

Usualmente, lo primero que uno encuentra si pasa sin avisar por la oficina de Rafael Escrucería en el Concejo es nada. Varios escritorios y sillas. Computadores. Lo normal. Y nada. Y nadie. Al rato es posible que se asome cualquier asistente tímida. Una o dos. Pero casi siempre es un lugar desolado.

A veces, también lo es su puesto en la plenaria. “Cómo lo voy a conocer si no es que lo vea mucho”, dice su compañero único de bancada en el Partido de Integración Nacional (PIN), Pedro Pablo Becerra. Está entre los tres concejales que menos asisten a la corporación, dice el programa de control ciudadano Concejo Cómo Vamos en su último informe semestral. El joven, elegido cabildante a los 21 años, tiene su explicación a los hechos: “Mientras no sea una sesión en la que toque aportar algo, mientras no sea una sesión en la que valga la pena escuchar lo que está pasando, pues hay muchas cosas para aprovechar el tiempo”.

Por los pasillos del Concejo se le ve raramente con una corbata, habitualmente con un cigarrillo, y, con mucha frecuencia, conversando con sus grandes amigos y colegas Wilson Duarte, Javier Palacio, Julio Acosta, Felipe Ríos y Jorge Durán Silva.

Después de vivir en varios países (estudió comercio exterior en Australia), aterrizó en el Concejo con 8.607 votos en la mano y 497 demandas en su contra ante el Consejo Nacional Electoral por, supuestamente, comprar electores y violar los topes de dinero permitidos en una campaña. Dice que ninguna prosperó.

El 1º de enero de 2008, durante la posesión del Concejo, fue recibido en su nuevo cargo con el discurso de un colega que hizo referencia al oscuro pasado de su familia. En voz bajita, otros concejales comentaron que ese chico Escrucería, el jovencito recién llegado, era el hijo de Samuel Alberto Escrucería Manzi, el primer congresista en la historia del país que pierde su investidura. El nieto de Samuel Alberto Escrucería Delgado, fallecido en una cárcel de Estados Unidos en la que pagaba una pena por narcotráfico. Familia de ascendencia siciliana, qué casualidad, aunque la realidad es que los Escrucería provienen de otra región italiana, Salerno.

De entonces a este tiempo, mucho más se ha dicho alrededor de su figura. Que es un concejal ausente. Que prefiere la rumba a cualquier debate. Que le gusta rodearse de mujeres bellas y de carros lujosos. Que rara vez propone un proyecto de acuerdo o un debate de control político. Que su familia se robó Tumaco...

También que ha sufrido varios accidentes en el carro oficial que usa, asignado por la corporación, y que es amigo de contratistas cuestionados. En cuanto a lo primero, lo cierto es que la información del Fondo de Vigilancia y Seguridad de la ciudad señala que, efectivamente, entre marzo de 2009 y mayo de 2011, Escrucería estrelló su vehículo en cinco ocasiones. En dos de ellas la aseguradora tuvo que responder por pérdida total.

Para todo, el hombre tiene una explicación: que puede ser uno de los concejales con mejor gestión, que le gusta la rumba, y cómo no a su edad, pero que nadie podrá decir nunca que lo han visto llegar tomado o descompuesto al Concejo. Que en 2008 hizo uno de los mejores debates de control político al tema de seguridad. Que a su familia la han calumniado...

Que sí, se ha accidentado cinco veces, dos de ellas fuertemente. El resto han sido golpes menores. Sin trago. Sin que le haya pasado nada a ninguno de los que lo acompañaba. La Policía tiene toda la documentación al respecto. ¿Y respecto a su relación cercana con algunos contratistas cuestionados? Reconoce la amistad con Emilio Tapia (nacionalmente conocido por estar investigado dentro del escándalo llamado el cartel de la contratación en el Distrito): “Es un muy buen amigo. Lo que pasa es que mi tío está casado con Miriam de la Espriella, que es de Sahagún, el pueblo de Emilio. Y mis primos son de allá. Y todos nos conocemos hace por lo menos 15 años”. Y pare de contar.

Se dice que Rafael Escrucería intentó irse del Partido PIN para ingresar al liberal de su familia, fundadora en Nariño de la Fuerza Popular Betista (por la tradición de Albertos en la casa), pero que allá no lo quisieron recibir.

Son las cargas de un hombre que nació con pesada herencia política. Para bien o para mal. Un concejal, de los más veteranos, lo describe como un chico amable, educado y buen orador, díscolo, “que pudiera proyectarse mejor si quisiera”.

Lo que quiere es ser presidente de la República. Y no bajarse nunca de la tarima. La misma de la que se tuvieron que bajar, por la fuerza de la justicia, su padre y su abuelo.

Accidentes irían  a investigación

Consultada sobre el tema de los cinco accidentes del carro oficial del concejal Rafael Alberto Escrucería, la presidenta del Concejo, María Victoria Vargas, dijo que desconoce si las mesas directivas anteriores lo sabían, pero que ella no tiene conocimiento de los hechos. Sin embargo, advirtió que revisará y “de ser necesario daré traslado a los entes competentes para que investiguen, pues la corporación no es organismo investigador y se trata de un bien pagado con dineros estatales”. Anualmente, el Concejo de Bogotá paga por concepto del alquiler de 45 camionetas, para igual número de cabildantes, $3.077 millones, que incluyen el arrendamiento de los vehículos, los lubricantes y las llantas.

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