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Bogotá 29 Oct 2012 - 9:48 pm

Yeimy Patiño habla de amenazas en su contra

'Hoy el muerto es mi papá, mañana voy a ser yo'

El asesinato de Eduardo Patiño abre interrogantes sobre los alcances de las redes de urbanizadores piratas en la ciudad. La Policía afirmó que el crimen tuvo móviles pasionales.

Por: Camilo Segura Álvarez
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Yeimy Patiño denunció a miembros de ‘Los Tierreros’ de Rafael Uribe Uribe. / El Espectador

El asesinato de Eduardo Patiño, registrado el pasado sábado 27 de octubre, es el más reciente acto de violencia que demuestra que detrás de la disputa por la legalidad de los asentamientos en la hacienda Los Molinos, en la localidad de Rafael Uribe Uribe, hay un entramado criminal que escapa a la vista y la atención de las autoridades.

Desde el año 2004, el lugar está destinado por el Plan de Ordenamiento Territorial a ser un parque zonal, sin embargo, el proyecto aún no se ha materializado porque el Distrito no ha adquirido los predios y el Instituto Distrital de Recreación y Deporte no ha elaborado el Plan Director.

El parque zonal Hacienda Los Molinos constituye un potencial ambiental para la recuperación de la estructura ecológica de Bogotá, pues posibilita la conectividad ecológica entre el Parque Ecológico Distrital de Montaña Entrenubes y el río Tunjuelo, lo que permitiría el flujo de flora y fauna nativas.

Las complicaciones para el cumplimiento de este plan pasan por el carácter ilegal de las transacciones que falsos dueños han hecho sobre el terreno que, a enero de este año, era habitado por más de 180 familias. Los primeros pobladores del predio llegaron hace más de 20 años, según cuenta Yeimy Patiño, presidenta de la junta de acción comunal e hija del líder asesinado. Incluso hoy, denuncia la misma fuente, se siguen haciendo transacciones ilegales sobre el predio.

Tal afirmación que coincide con la del concejal Roberto Sáenz, quien denunció que las ocupaciones han aumentado considerablemente desde que la Corte Constitucional ordenó la suspensión del desalojo en enero de este año. Según la Secretaría de Hábitat, el terreno cuenta hoy con 322 ocupaciones ilegales.

“El supuesto dueño del predio es la Ladrillera Los Molinos. Ellos permitieron que les invadieran el predio para después venderlo al Estado por mucho más dinero. A sabiendas de que se iba a construir un parque”, afirma Patiño.

Según informaciones divulgadas por la Alcaldía en el primer mes del año, esas operaciones de venta ilegales son efectuadas por una banda que se hace llamar ‘Los Tierreros’ de la que, presuntamente, harían parte las personas que durante los últimos años han negociado este predio y algunos más en esta localidad y en Bosa.

Como la mayoría de los “invasores”, Yeimy Patiño y su padre fueron engañados. “Nos vendieron con promesas de compraventa legales de la Notaría 53, con certificados de libertad, con la promesa de que las escrituras ya iban a salir. Nosotros no le vimos ningún problema, pues incluso a plena luz del día la gente estaba construyendo. Ya había un barrio establecido, la junta comunal ya estaba legalizada. Hasta que la Alcaldía local nos notificó que nada de eso era cierto”, cuenta.

Ella y su padre, una vez la orden de la Corte Constitucional canceló el desalojo programado por la Alcaldía local, abanderaron una lucha por evitar que más personas cayeran en la trampa y para agotar todas las instancias legales para que ellos y su comunidad tuvieran derecho a una vivienda digna.

Esa lucha les significó amenazas contra sus vidas. “Los señores Orlando y Robinson Barinas nos amenazaron directamente. Ellos viven en el barrio y son los que siguen negociando sobre el predio a pesar de lo que ha dicho la Corte Constitucional. Pretendían que incluyéramos más gente en el censo que pedía la Corte, y nos negamos”. “Quién haya efectuado el homicidio, no sabemos. El problema es que siguen haciendo de las suyas en el barrio. Ya hay un muerto y no pasa nada” sostiene Patiño. Por su parte, el coronel Jesús Jáuregui, comandante de la estación de Policía de la localidad, ha negado que el asesinato esté vinculado a la disputa por la tierra y adujo razones pasionales.

“El muerto es mi papá, y ahora puedo ser yo. Nos va a tocar salir corriendo porque si la Corte Constitucional no dice nada, no tenemos otra solución”, afirma Yeimy Patiño, quien estuvo acompañada por más de 30 personas de su comunidad en el velorio de su padre.

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