Según estudio de Invest in Bogotá y el Distrito

La mitad de los habitantes de Bogotá son de clase media

En los últimos ocho años, este segmento de la población creció 14 %. Expertos aseguran que es una buena noticia para la economía, pero no se puede bajar la guardia en el proceso de consolidación.

Alrededor del 50 % de la clase media aún no tiene bienes de mayor valor, como una casa o un vehículo.Archivo El Espectador

Con la intención de indagar cómo se mueven la economía y el consumo bogotanos, Invest in Bogotá y la Secretaría de Desarrollo Económico realizaron un estudio para detallar las clases sociales, sobre todo los estratos medios. Los resultados, según las organizaciones, fueron satisfactorios: el 50 % de los habitantes de la capital pertenecen a la clase media y tienen ingresos diarios entre $12.963 y $64.813. Con un aumento de 14 %, Bogotá es la segunda ciudad del país con mayor número de personas en este segmento, después de Bucaramanga (53 %).

Aunque para el Distrito y los privados esta es una buena noticia, pues es la población que más apalanca el consumo y vuelve dinámica la economía, para otros es importante detallar cómo se está consolidando la calidad de vida de estos ciudadanos, que no necesariamente salen de un estado de vulnerabilidad, a pesar de haber superado la pobreza.

¿Por qué medir la clase media? Juan Miguel Durán, secretario distrital de Desarrollo Económico, explica que es un segmento relevante para medir su potencial económico a la ciudad, “si se tiene en cuenta que ésta representa la disponibilidad de fuerza laboral en la ciudad”. Por eso considera que el ejercicio “es un recurso importante a la hora de crear negocios e invertir en Bogotá”.

¿Cómo es la clase media bogotana?

El estudio se basó en una metodología del Banco Mundial, que clasifica según ingresos per cápita diarios. Para esta organización, mientras la clase social media tiene un ingreso diario per cápita equivalente al rango entre $12.963 y $64.813, la clase vulnerable tiene un ingreso entre $5.185 y $12.963. La población considerada en estado de pobreza tiene ingresos diarios per cápita inferiores a $5.185 y los de la clase alta superan los $64.813.

En ese sentido, en Bogotá hay 3’719.941 personas que pertenecen a la clase media. El 62,9 % reside en estratos 3 y 4, y el 34,8 %, en estratos 1 y 2. En promedio, un hogar de este segmento está conformado por 3,03 personas.

En cuanto a bienes, sólo el 45 % es propietaria de algún medio de transporte: 25,4 % tiene bicicleta, el 12,7 %, motocicleta y sólo el 7,3 %, carro. En el caso de la vivienda, la cifra es más baja: sólo el 39 % es propietaria y el resto vive en arriendo.

Su estabilidad, según muestra la investigación, radica principalmente en el empleo. La clase media constituye el 58,5 % de la población económicamente activa de la ciudad y la de mayor participación. Además, “tiene un alto potencial para contribuir significativamente al desarrollo económico de la ciudad: su población adulta corresponde al 67,8 % y tiene la mayor cantidad de jóvenes ocupados, con un 24,8 %”. También llama la atención que el 59 % de las personas son empleados y el 93 % está afiliado a seguridad social, la gran mayoría en el régimen contributivo. ¿En qué sectores trabajan? Comercio, hoteles y restaurantes (26,8 %), servicios comunales, sociales y personales (23,9 %), industria manufacturera (16,14 %) y actividades inmobiliarias (14,63 %).

Para Jairo Santander, director del Departamento de Economía de la Universidad Central, estas cifras demuestran que a pesar de que hay una evolución, pues hay menos personas en segmentos vulnerables, aún falta consolidar los logros de la nueva clase media. Según él, en América Latina hay un grupo importante de la población que está saliendo de la pobreza, sin embargo, aunque da el salto, éste no es gigantesco.

“La pregunta ahora es: ¿hasta qué punto se consolidan como clase media? Un persona puede salir de la pobreza, pero puede quedar en una situación de vulnerabilidad. Por ejemplo, su trabajo puede generarle mayores ingresos, pero es un contrato informal o prestación de servicios, que en medio de una crisis económica puede hacer que retorne a la pobreza. En el continente la gente logra salir de la pobreza, pero no llega a una estabilidad, que es lo que la economía desearía”, agrega el académico.

Lo anterior se ve reflejado en que alrededor del 50 % de la clase media aún no tiene bienes de mayor valor, como una casa o un carro: “Aún falta que se consolide la clase media bogotana para que tenga mejores dinámicas de consumo. Aún es una generación relativamente joven. En el momento en que tengan un mayor poder adquisitivo no sólo tendrán una canasta de consumo básico, sino que la ampliarán en escenarios de bienes más durables”.

Para eso, señala Santander, es necesario que se proteja su bolsillo y se incentive la cultura del ahorro. Hay dos factores que, para los expertos, en el último año lastimaron el consumo de los hogares, sobre todo el de la clase media: el incremento de las tasas de interés del banco central (no hay que olvidar que este segmento se apalanca con créditos) y la reforma tributaria, que obligó a que bajara el consumo.

Usualmente, los estratos medios son los más perjudicados en esos escenarios y algunos no aguantan estas cargas, que los obligan a recaer en escenarios de vulnerabilidad. “En eso aún estamos muy crudos en nuestra política económica”, dice el profesor de la Universidad Central, quien agrega que la sugerencia ahora es fomentar el empleo formal, promover el ahorro sin desestimular el consumo.

De todas formas, desde esa perspectiva, se considera que los resultados son una buena noticia, no sólo en lo económico, sino también en lo político, pues la clase media es más exigente, busca mejores bienes públicos y obliga a los gobernantes a que sean más responsables. Y eso está muy ligado a que es una clase que le apunta a la educación: el 59 % de ellos tienen estudios universitarios, superiores, tecnológicos y técnicos.

Por otro lado, agrega Juan Gabriel Pérez, director de Invest in Bogotá, que la capital haya engrosado su clase media es clave para la atracción de inversión, pues muchas de las empresas que buscan dónde expandirse tienen en este grupo socioeconómico a sus clientes potenciales: “Para estas compañías es fundamental conocer quiénes serán sus compradores, su distribución y cómo se comparan estos factores con aquellos de otras ciudades”.

De hecho, Pérez le atribuye el crecimiento a que Bogotá tiene una dinámica de inversión extranjera directa importante: “El crecimiento promedio estimado en el monto de inversión hacia la ciudad durante la última década es del 26 %”. El futuro, señala, es promisorio para la capital y para el país, teniendo en cuenta que la ciudad aporta el 25,7 % del producto interno bruto y es la que más empleos ofrece.