"La niña de los zapatos rotos": amigos recuerdan a Julie, víctima de atentado en Andino

La joven francesa que falleció en la explosión del centro comercial estudió negocios internacionales, pero siempre creyó que en el mundo del comercio se pensaba muy poco en el prójimo. Por eso decidió hacer un voluntariado en Colombia: quería ayudar a los menos favorecidos.

Julie Huynh, de 23 años, tenía ascendencia francesa y vietnamita. Su vocación era ayudar a los más necesitados. Archivo particular

La mala nueva llegó hasta Francia y Vietnam en cuestión de minutos. Al ver que de manera inusitada decenas de mensajes fueron publicados en el perfil de Facebook de la ciudadana francesa Julie Huynh, quien falleció en el atentado en el centro comercial Andino del pasado sábado, los amigos y profesores de la víctima sospecharon de inmediato que sucedía algo extraño.

Sabían que ella había decidido viajar de intercambio a un país lejano, Colombia, del cual habían escuchado muy poco. Ella les había reiterado que, aunque estudió negocios internacionales, su interés no era hacer dinero, sino ayudar a los más necesitados. Así, dicen, era como ella buscaba encontrar su felicidad. (LEA: Con flores blancas de papel, se rinde homenaje a las víctimas de Andino)

—¿Cómo los vas ayudar?, le preguntó entonces su amiga, Hang Vu.

—No sé, haciendo trabajo social, dictando clases o siendo auxiliar de medicina.

Eran las 10:15 a.m. del domingo en Ho Chi Minh (Vietnam) y las 10:15 p.m. del sábado en Bogotá. El alcalde Enrique Peñalosa minutos antes revelaba la identidad de la joven de 23 años. Al poco tiempo, los teléfonos de los amigos de Julie no pararon de sonar. “Díganme que es una broma, ella es mi mejor amiga. Una persona realmente maravillosa y buena”, gritaba perpleja Hang, tras leer la noticia en su celular.

Ingresaron a los portales colombianos de noticias y, al ver la fotografía de Julie, confirmaron que era ella. Tenían la esperanza de que se trataba de un error, pero cuando lograron descifrar que ella trabajaba en la organización Proyectar Sin Fronteras –dedicada a luchar contra la pobreza y la exclusión social– se disiparon sus dudas. Sabían que se trataba de Julie. “Esperamos que las personas que la amaron puedan encontrar tranquilidad visitando su perfil de Facebook, para recordar y celebrar su vida”, escribieron.

Enviaron también mensajes de apoyo a sus familiares, en especial a su mamá, Nathalie Nadine Veronique Levrand, de 48 años, quien resultó herida tras la explosión y horas después fue dada de alta.

“No tengo palabras, ella era un ángel. Una persona auténtica, bastaba que la gente la conociera para que le tomaran aprecio”, le dijo a este diario Olimpia Raspoutine, quien también reside en ese país del sudeste asiático.

Hang y Julie eran muy buenas amigas mientras cursaban la carrera de Negocios Internacionales en Vietnam. / Archivo particular

La niña de los zapatos rotos

Durante más de 20 años, Julie Huynh vivió en Le Mans (Francia), su ciudad natal. Desde la adolescencia fue vendedora en un almacén de accesorios de motocicleta del tradicional autódromo de esa ciudad, posteriormente trabajó como operadora de limpieza y la contrataron como recepcionista bilingüe de la tradicional carrera de resistencia “24 horas de Le Mans”.

En palabras de sus amigos, a Julie lo que más le gustaba de su ciudad eran los espectáculos automovilísticos. Pero si no estaba trabajando allí, la veían ejerciendo todo tipo de oficios: fue niñera, tutora, hizo parte de un equipo que organizaba bodas, cajera y hasta agente turístico. Aunque tenía claro que su profesión debía estar relacionada con el comercio, siempre creyó que en el mundo de los negocios se pensaba muy poco en el prójimo y esa era una deuda que tenía consigo misma.

En septiembre de 2014, fue a reencontrarse con sus raíces. Aprovechó un programa entre la universidad francesa Paris -Est Val De Marne y Hoa Sen Uinversity de Vietnam, para estudiar negocios internacionales y pasar tiempo con su padre, quien es natural de ese país.

El primer día de clase, a sus compañeros les llamaron la atención sus rasgos y que su nombre fuera poco común, aunque su apellido –Huynh– les resultó más familiar. “Cuando la vi me di cuenta de que tenía los zapatos dañados. Estaba incómoda y luchaba con ellos. Me acerqué y le dije: ‘Hola, conozco un buen lugar para arreglarlos’. Desde ese momento nos volvimos inseparables”, agrega Hang.

Durante año y medio hablaron de sus sueños, del deseo de Julie de hacer un voluntariado, de los chicos que les llamaban la atención y de los chismes de la universidad. Viajaron a lugares aledaños, pasaban la noche estudiando y se embelesaban con las canciones de Chris Brown. “Humilde, honesta y siempre dispuesta a ayudar”, repiten. De hecho, según cuenta Hang, algunos estudiantes franceses se rehusaban a pasar el tiempo con sus pares vietnamitas, “pero Julie hacía que todos se conectaran entre sí; ella era capaz de romper las barreras interculturales”.

La despedida fue dolorosa. Julie les dijo a sus amigos y profesores de Vietnam que los vería en octubre de 2017. Iba de regreso a Francia a estudiar una maestría en Acción Humanitaria Internacional, para irse luego a algún país Sur América, un destino al que siempre quiso llegar. No solo hablaba español, sino que estaba enamorada de su cultura y, también, reconocía que no le disgustaban los jóvenes latinos.

Su sueño finalmente se materializó el pasado 13 de febrero cuando inició su pasantía en la Fundación Proyectar, en donde realizaba labores de acompañamiento extraescolar a niños de la localidad de San Cristóbal, en el sur de Bogotá. “Desde el primer momento, Julie mostró gran compromiso para aportar sus conocimientos y energía en favor de la construcción de una cultura de paz”, dijo la organización a través de un comunicado.

Ayudando a los demás, a los menos favorecidos. Así Julie se despidió de este mundo.