"Los centros de consumo no solucionan todos los problemas"

Expertos internacionales apoyan la propuesta de 'centros de consumo controlado' del alcalde Gustavo Petro. Recomiendan trabajo conjunto con autoridades de salud y policía.

Laura Thomas y Donald McPherson, expertos en programas de centros de consumo. /Óscar Pérez
Laura Thomas y Donald McPherson, expertos en programas de centros de consumo. /Óscar Pérez

Con dos expertos en centros de consumo controlado para adictos a la droga y un parlamentario uruguayo que ha liderado en su país un proyecto de ley que permita el cultivo y consumo de marihuana, el alcalde Gustavo Petro buscará mantener vivo el debate sobre la polémica iniciativa de establecer en Bogotá Centros de Atención Médica para Adictos a las Drogas (Camad).

Donald McPherson, fundador en Vancouver (Canadá) del programa de centros de consumo, donde los adictos reciben estupefacientes y sustancias sustitutas como parte de su proceso de rehabilitación; Laura Thomas, experta en programas similares para la reducción del VIH y la Hepatitis en adictos a la heroína en California (Estados Unidos), y el diputado uruguayo Sebastián Sabini, miembro del Frente Amplio que lidera el presidente Pepe Mujica, participarán en un conversatorio en el auditorio Huitaca, en la Alcaldía Mayor, en el que socializarán sus experiencias con el alcalde Mayor y todos los bogotanos interesados en las políticas alternativas para la reducción del daño en el consumo de drogas.

El Espectador habló con ambos activistas y expertos, sobre la discusión que ahora revive en Bogotá.


Mucha gente se está preguntando: ¿Qué son exactamente los centros de control de consumo y para qué trabajan?

Donald McPherson: Algunos piensan que los centros de salud son lo mismo que centros de consumo, y son diferentes. Esto es un problema común cuando introduces la idea en el discurso. Eso mismo pasó en Vancouver y en Europa. La gente no sabía para que servían y por eso se necesitó que se clarificara el asunto varias veces.

Donald, cuando fundó estos centros en Vancouver, ¿encontró mucha resistencia?

DM: Había apoyo y resistencia. La resistencia estaba más que todo basada en la falta de información o miedo al cambio, pero la combatimos a través de la discusión pública, siendo muy claros en lo que hacían estos centros y trayendo gente de otros centros para que contaran su experiencia. Lo importante fue explicar qué eran los centros y en qué iban a consistir.

Laura Thomas: algo importante es tener esta conversación en público, responderle a las personas todas estas preguntas que están haciendo. Además, algo que Bogotá tiene que decidir es qué centros necesita y por qué. Lo que tú creas acá va a ser diferente a lo que Vancouver creó y Amsterdam crearon, por ejemplo.

¿Qué opciones tendría una ciudad como Bogotá?

LT: Tenemos que saber el tipo de servicios que la ciudad es capaz de ofrecer: ¿qué tipos de médicos tiene? ¿Qué tipos de clínicas se pueden conectar al centro? ¿Los consumidores que tratarás son adictos al crack o a la heroína? Se debe proponer un programa basado en el contexto de la ciudad.

Algo que ha sido muy polémico es la idea de que a través de estos centros se utilizan drogas ilegales como base del tratamiento. ¿Es una posibilidad? ¿En qué tipos de escenarios se acude a esta metodología?

LT: Para quienes consumen drogas, los centros de consumo son lugares donde entran y son totalmente aceptados. En vez de ser juzgados y excluidos son bienvenidos. Ese es el primer paso para el cambio, dejar de lado la exclusión social para las personas que usan drogas. Los consumidores no tienen casa, no tienen el mismo acceso a los servicios públicos... Entonces tenemos que abrir la puerta y reconocerlos como humanos y de ahí conectarlos con otros tratamientos. Son humanos y tienen derechos.

Entiendo, ¿es una forma de construir un ambiente propicio para los consumidores de droga y de esta manera propiciar condiciones para que se rehabiliten?

DM: La vieja escuela dicta que sólo se ayude al consumidor si éste deja de usar drogas. Esto es diferente, es abrir la puerta y decirle: no te vamos a juzgar por lo que consumes, te vamos a ayudar ya. Tú estás construyendo una relación constructiva con esas personas. Puede que sean muy adictos, pero casi nunca tienen relaciones positivas, con nadie… De eso se trata: tú buscas construir una relación positiva, un puente para el cambio.

Pero, ¿no se corre el riesgo de que los centros se vuelvan un Cofee Shop estatal, donde se acolita el consumo de drogas?

DM: Algo que hemos encontrado en nuestra investigación en Vancouver es que la gente que accede a la inyección supervisada se abre más a la posibilidad de un tratamiento para dejar de usar drogas. En nuestros estudios, cuando comparamos a quienes fueron a los centros de consumo y los que no, los primeros aceptan con más frecuencia entrar a tratamiento.

LT: Yo creo, además, que la evidencia es que aquellos que ingresan a los centros están más estables y su situación cambia en forma positiva.

¿Cómo manejaron el hecho de que están trabajando con drogas ilegales prohibidas por un estado dentro del cual operan?

DM: La legislación de Canadá permite al Ministerio de Salud excluir de la ley penal los programas que trabajan con propósitos médicos y científicos. En este caso Insight (el programa de McPherson en Vancouver) está mostrando muy buenos resultados. Por eso el Gobierno hace la excepción para que Insight siga trabajando. Todo esto es legal globalmente. Los tratados internacionales no son un obstáculo, están ahí para ese propósito, apoyar los proyectos de cada país que mejoran la calidad de vida de las personas.

LT: Sí, de hecho, cuando entras en Insight, dejas de ser alguien que está rompiendo la ley.

No deja ser curioso que en Bogotá se haya centrado tanto el debate en torno al uso de la metadona cuando, según las estadísticas, sólo un 3 % o un 4 % de los consumidores se inyectan heroína. Acá hay un porcentaje mayor de consumidores de cocaína y “bazuco”. ¿Con qué tipo de sustancia, equivalente a la metadona, se puede facilitar la rehabilitación de estas personas?

LT: Primero que todo, no se debe desincentivar que, en efecto, necesitas metadona para la gente que es consumidora de heroína. Ahora, para la cocaína, la ciencia no ha encontrado la equivalencia de la metadona. Hay muchas investigaciones en curso, espero que encontremos resultados.

Volvamos al tema de los centros, ¿funcionan o no funcionan? Y ¿para qué funcionan?

LT: Según nuestros estudios e investigaciones, centros como Insight, en Vancouver, o los que existen en Sidney, Australia, ayudan a reducir infecciones de VIH así como el número de sobredosis entre la comunidad consumidora. También se ha incrementado el número de personas que llega a tratamiento y deja de usar drogas. Bajo esas medidas podemos decir que es un éxito.

¿Y ayuda a reducir el crimen?

DM: Los centros de consumo son un paso en la solución de un problema complejo. Hay que ver otros factores como el sistema de salud y la seguridad.

¿En Vancouver se han reducido las mafias?

Lo que estos centros hacen es que cambian la cultura del área. Los centros operan muy cercanamente con la policía y las entidades de salud pública. En una calle o en un vecindario el centro de consumo hace menos aceptado al crimen organizado, ellos no van ahí, pero se mantienen en otros lados, ellos pierden el control de la calle. En este sentido puede cambiar… La policía tiene que estar presente, en Vancouver cuando iniciaron el programa pusieron dos policías con celulares y todo para que respondieran rápido. En Europa es muy común ver policías en los centros de consumo.

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