Los líos de la nueva terminal en Bogotá

Informes de la Secretaría de Ambiente y de la Alcaldía Local de Fontibón revelan aumento de ruido en la localidad. Los vecinos aseguran que la ampliación del aeropuerto los ha perjudicado.

La nueve sede estará ubicada en la esquina de la carrera 100 con Av. Esperanza. Luis Ángel
La nueve sede estará ubicada en la esquina de la carrera 100 con Av. Esperanza. Luis Ángel

El mensaje llegó el 7 de noviembre: “Usted quédese callado con lo del aeropuerto. No se ponga a meter las narices en donde no debe”. Esta es la segunda amenaza de origen desconocido, que recibe Mario Buitrago, presidente de la Junta de Acción Comunal del barrio El Triunfo en la localidad de Fontibón, cuyo origen se desconoce. “Mi esposa murió de vértigo periférico y estoy seguro de que fue por el ruido de los aviones. Desde que eso pasó he estudiado el tema y he escrito miles de cartas a Opaín y a la Aeronáutica Civil para que solucionen el problema”, dice.

Gloria Molina, vocera del grupo Comunidades Unidas, también cercano al aeropuerto Eldorado, advierte que “ahora resulta que a menos de 100 metros de nuestras casas van a poner unos tanques de gasolina para los aviones. ¿Se imagina que esos tanques exploten como los de Venezuela?”.

Por lo menos en ocho barrios de la localidad de Fontibón existe incertidumbre frente a las implicaciones que podría traer la nueva terminal del aeropuerto Eldorado. En palabras del alcalde local de Fontibón, Ricardo Agudelo, “la contaminación sonora ha afectado por lo menos cinco zonas: Versalles, La Cabaña, El Refugio, Atahualpa y San José de Fontibón. Los decibeles no deberían pasar de 65, pero en estos puntos hemos encontrado que a veces llegan a 75 o 90”.

Los impactos de ruido son sólo una parte del problema. “Los nuevos tanques de Ecopetrol en el sector HB de la localidad podrían generar afectación en calidad visual, contaminación de suelos, transformación del área y cobertura vegetal, alteración de ruido, aumento del trasporte de sedimentos, contaminación del agua subterránea y del suelo”, asegura el alcalde.

En las últimas semanas Opaín, consorcio que opera Eldorado, ha enviado delegados para dialogar con la comunidad sobre los impactos que se avecinan. A pesar de las conversaciones públicas, las versiones no concuerdan. “No disminuye el ruido porque han pasado de 80.000 pasajeros a 160.000, de 150 vuelos de carga a 450. Estamos las 24 horas expuestos totalmente a un ruido que a veces alcanza los 153 decibeles. En mi casa ya hay grietas”.

El punto de vista de Opaín difiere del de Buitrago: “La Aeronáutica Civil se acoge a todas las normas internacionales. Hay que trabajar en el despegue, pues a veces vuelan muy bajo los aviones y causan más ruido. Ahora, uno no está expuesto todo el día a 135 decibeles, es algo momentáneo. Por ley, de 10:00 p.m. a 6:00 a.m. no salen vuelos de la segunda pista de Eldorado. Si salen, es de la tercera pista”.

Tania Chacin, coordinadora QHS de Opaín, asegura que “para que alguien se muera de ruido primero hay que demostrarlo, al igual que las grietas, pues hay varias condiciones que pueden causar estos efectos. No pueden justificar que todo es culpa del aeropuerto Eldorado”.

De acuerdo con una investigación de la Secretaría Distrital de Ambiente, hay 56 puntos entre el aeropuerto Eldorado y la carrera 30 que superan el nivel de ruido establecido por la ley. Según el estudio de este año, los niveles oscilan entre 68,2 y 81,6, cuando que no deberían superar los 65 decibeles.

En la carrera 129 con avenida La Esperanza un lote baldío está a punto de convertirse en la sede para tanques de almacenamiento de combustible Jet A-1, necesaria para las turbinas de los aviones. Actualmente, el hidrocarburo es suministrado por carrotanques que viajan desde Facatativá hasta la estación de tanques en Puente Aranda. “La idea es dejar de ver 30 camiones cargados de combustible en la calle. Al instalarlos en el sector HB todo irá por un ducto de 500 metros. Los tres tanques de la empresa Ecopetrol, que tienen una capacidad para 20.000 barriles, estarán asilados a 100 metros del barrio El Triángulo”, explica Rafael Forero, coordinador del proyecto. 

En la ejecución de la obra participan la empresa Allied, entidad encargada del diseño construcción y operación de las instalaciones de almacenamiento, manejo y entrega de combustibles a los aviones y Ecopetrol, empresa encargada de llevar el combustible al aeropuerto, recibirlo y entregarlo a los tanques de almacenamiento del aeropuerto.

Gloria Molina manifiesta que si bien el proyecto de traslado de los tanques sacaría de circulación los camiones que hoy trasladan por medio de la comunidad este combustible, en ningún momento aprueba o este proyecto. Su argumento se refiere a que la cercanía de los mismos a sólo 100 metros de las casas es un problema de inseguridad y de desvalorización de los predios, entre otros aspectos, que se deben discutir con la comunidad.

Forero agrega que “en los 54 años que llevan estos tanques en la ciudad nunca se ha presentado ningún inconveniente. El combustible Jet A-1 es diferente a la gasolina normal porque, al no generar vapores, tiene menos probabilidad de inflamarse. De todas maneras el proyecto está en manos de la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA), entidad encargada de revisar todos los requerimientos necesarios”.

Si todo sale bien para Ecopetrol, los tanques estarían instalándose en el segundo trimestre de 2013 y funcionando en 2014. Frente al temor por la desvalorización, Forero asegura que no existen registros que comprueben un efecto como este: “Ecopetrol presentó todo su historial y jamás ha recibido una queja formal de que se estén desvalorizando las casas. Si eso sucede, hay que demostrarlo”.

Los riesgos de contaminación que presentó el alcalde local de San Cristóbal existen, según dice Tania Chacin. “Lo que no quiere decir que todo eso vaya a pasar. Son riesgos. Por ejemplo, si se derrama el combustible el agua se contaminaría. Para evitar esas afectaciones tenemos un plan de contingencia y, por el tipo de combustible, la probabilidad de que algo así pase es muy reducida”.

¿Qué garantías tienen los habitantes? responde Chacin: “los acuerdos de vecindad que vamos a realizar con la comunidad. Tomamos fotos en todo el barrio y medimos la longitud de las fachadas y las casas. Luego firmamos unos acuerdos y al final de la obra miramos si la calle o la casa está deteriorada o no”. Además de los acuerdos, Chacin explica que el 100% de la mano de obra no calificada estará compuesto por habitantes del barrio que serán contratados por Ecopetrol. En el caso de Opaín, contratará el 45%.