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Bogotá 1 Abr 2013 - 10:20 pm

¿Por qué la marihuana ayuda a dejar al bazuco?

Distrito y Nación discuten cambio de enfoque frente al tratamiento del consumo.

Por: Camilo Segura Álvarez
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    http://www.elespectador.com/noticias/bogota/marihuana-ayuda-dejar-al-bazuco-articulo-413517
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Gómez tiene un postdoctorado de la Universidad de Toronto, en investigación de las adicciones. Archivo-El Espectador

El Espectador entrevistó a uno de los asesores del Distrito en su programa piloto para dar marihuana de  forma controlada a los consumidores problemáticos de bazuco. Juan Daniel Gómez, una mente privilegiada para un programa de vanguardia que busca reducir indicadores como los 277 asesinatos que se han generado en los últimos tres años por dinámicas asociadas al bazuco.

Juan Daniel Gómez es, según los expertos en drogas, uno de los cinco científicos más brillantes sobre el uso y el consumo de drogas desde el nivel médico. Tiene un sinfín de reconocimientos y trabajos que lo validan: Doctorados de la Universidad de Munich y el Instituto Max-Planck en Alemania en Psicología Clínica y Nueropsicofarmacología de las adicciones. Postdoctorado en CAMH, de la Universidad de Toronto, en investigación de las adicciones. Profesor Doctorado en Ciencias Sociales y Humanas, en la Pontificia Universidad Javeriana; asesor y evaluador en la Maestría en Toxicología Clínica de la Universidad Nacional de Colombia. Miembro Activo y Fundador de la Red Latinoamericana de Investigadores sobre Drogas en Colombia y Representante por Colombia (2008) ante la Comisión Interamericana contra el Abuso de Drogas CICAD/OEA San Juan, Puerto Rico. Ponente en conferencias científicas en Colombia y Argentina; y autor de numerosos artículos en publicaciones nacionales e internacionales validadas por gobiernos e instituciones independientes.

Él le dio una entrevista a El Espectador, ya que es uno de los científicos que está apoyando el proceso que la Bogotá Humana trata de llevar a los consumidores problemáticos de bazuco, y aclaró muchos de los interrogantes que genera la propuesta de tratar a los consumidores problemáticos y asociados a los indicadores de alto impacto (como el homicidio) con dosis controladas de marihuana.

¿Cuál es la forma que tiene el sistema de salud colombiano para tratar a un consumidor problemático de bazuco?

En el mundo entero no existe una cura o un tratamiento efectivo y seguro para hacer desaparecer la dependencia de las denominadas drogas duras o a las que producen dependencia física y psicológica asociadas al consumo problemático, llámese heroína, cocaína o sustancias estimulantes como el bazuco.

Lo que se ha utilizado son enfoques básicamente psicosociales, entre otros modelos como las comunidades terapéuticas y los grupos de auto-ayuda. En ocasiones se dan curas espontáneas que se atribuyen a muy diversos factores no demostrados científicamente, como los milagros. Por eso, la experiencia que mayor efectividad ha tenido en otros países con cocaína, con pasta base o con crack, que son asimilables o parecidos en su composición, acción farmacológica y forma de dependencia al bazuco, consiste en utilizar atenuadores de síndrome de abstinencia. La mayoría son fármacos que tienen sus efectos secundarios adversos, aunque también se usan sustancias naturales que generalmente son inocuas.

¿Eso se ha hecho en Colombia?

En Colombia, a nivel de consultas particulares o instituciones privadas se han implementado este tipo de atenuadores. Los que más se utilizan son los antidepresivos. Pero se usan antiepilépticos, beta-bloqueadores, vacunas e incluso progesterona. En el exterior se utilizan sustancias como la dexanfetamina, o el metilfenidato (Ritalina ®), y han tenido éxito pues actúan sobre la mayoría de los receptores en el cerebro sobre los que actúan el bazuco y la cocaína. El asunto es que estas drogas legales también tienen algunos efectos secundarios adversos.

Y esas sustancias, ¿sí son efectivas?

Todas estas sustancias sirven para reducir el síndrome de abstinencia de los derivados químicos de la hoja de coca. Sin embargo son sustancias que implican cambiar de una droga que produce dependencia a otra que hace lo mismo. Se pasa también de un proveedor ilegal a uno legal. Lo que hay que mirar con lupa son los intereses económicos non-sanctos que pueden haber de por medio al promover estos modelos, dadas las ganancias que produce la sustitución de drogas ilegales por legales.

Si esos medicamentos solo implican una sustitución, ¿Cuál es la propuesta?

Creo que en el tema de adicciones podemos aprender mucho de la sabiduría ancestral indígena y de los saberes milenarios en el resto del mundo. Los pueblos naturales han usado siempre mediadores naturales o sustancias psicoactivantes o plantas sagradas. El uso autónomo, libre y responsable de hojas de coca, por ejemplo, se conoce desde hace más de cinco mil años en América (Van Dyke). Ha sido siempre una práctica social bioética, estética y saludable, que se mantiene controlada culturalmente, de modo similar a como la cultura europea autocontrola el consumo de vino.

La hoja de coca porque no produce ningún tipo de dependencia física o psicológica, no es psicóticomimética, no desarrolla tendencia a aumentar la dosis, no se presta al uso recreativo y no tiene efectos euforizantes. Tampoco produce ningún tipo de síntoma de abstinencia, incluso en mascadores de una vida como mamos de la Sierra Nevada de Santa Marta o sabedores uitoto. Tampoco producen la disforia cocaínica (“embale”) que producen los estimulantes, no ocasionan depresión, ni tienen riesgos cardiovasculares. Inclusive son alimenticias.

En un estudio realizado por Duke en la Universidad de Harvard en 1975, quedó evidenciado que es más alimenticia que alimentos como el maíz, las almendras o el trigo. 100 gramos de hojas de coca contienen más calcio, fosfatos, potasio, magnesio, hierro, sodio, estroncio, aluminio, boro, cobro, zinc, manganeso, betacarotenos, tiamina, nitrógeno, grasa y carbohidratos que los alimentos mencionados.

Y con respecto a la marihuana, que es la propuesta inicial del Distrito, ¿es igual que la coca?

La marihuana, por su parte, es una sustancia que puede producir dependencia sicológica y se ha descrito dependencia física para algunas cepas mejoradas genéticamente. Pero también hay cepas de marihuana que no tienen ninguna medida de comparación con las drogas ilegales que sí producen dependencia. Y tienen efectos positivos. Desde antes de Cristo se conoce su valor analgésico y anti-inflamatorio y eso ha sido demostrado científicamente en el siglo pasado.

Se ha demostrado científicamente la función de los canabinoides sobre la presión arterial. En 2001, supimos que funciona como neuroprotector cuando se ha tenido un traumatismo craneoencefálico. Es útil para reducir la isquemia-hipóxica, para la encefalitis hepática y por HIV. En la vasodilatación. Revierte los efectos de la proteína beta-amiloide responsable de la muerte celular en el alzheimer. Es antiemético y es muy útil en el trastorno por estrés post-traumático. Los anteriores hallazgos han sido publicados en las revistas científicas más importantes del mundo.

Los humanos tenemos un sistema canabinoide endógeno (la anandamina y la 2-AG), que funciona sobre receptores canabinoides claves para el sueño normal, la relajación, el apetito la ansiedad y el olvido de memorias aversivas. No es, para nada, descabellado usar la marihuana para hacer que ese sistema funcione adecuadamente cuando hay un desequilibrio químico en el cerebro o para potenciarlo en el caso de las adicciones problemáticas que afortunadamente ahora son consideradas una enfermedad.

El principal efecto que se puede obtener con la sustitución del bazuco con marihuana es la reducción del efecto ansiolítico. La marihuana es una sustancia que funciona para reducir el estrés y la ansiedad e incrementa la liberación de dopamina en el centro de la recompensa en el cerebro sobre el cual también actúan las llamadas drogas duras.

Y, ¿ya hay evidencia sobre los efectos en los consumidores?

Los mismos consumidores dicen que la marihuana mitiga o reduce o revierte completamente el “embale” (disforia cocaínica), que es lo contrario a la euforia inmediata y momentánea que produce el bazuco. Bajo ese estado de excitación, la disforia, que es sumamente desagradable, es cuando se presentan indicadores de alto impacto social tales como los homicidios.

Si al reducir ese estado y los síntomas de abstinencia cocaínica usando hojas de coca o marihuana, por razones fisiológicas, un adicto al bazuco aplaza la decisión de consumirlo por algunas horas, digamos cuatro o cinco horas, se retrasan, por lo menos en una quinta parte, los delitos asociados al embale y al síndrome de abstinencia, al estado de excitación asociado a los indicadores de alto impacto. Se busca reducir en proporciones discretas, pero seguras, tales indicadores. No es un tratamiento para curar la adicción al bazuco, aunque en algunas personas esta estrategia podría funcionar para alcanzar tal objetivo.

¿Por qué es tan crítico el momento de la disforia del consumidor?

La sensación de disforia cocaínica es en extremo desagradable, fisiológica y psicológicamente. Por esta razón el adicto al bazuco, después de experimentar por unos pocos minutos la euforia cocaínica, consume otra dosis, ya no para experimentar estos efectos euforizantes, sino para evitar el displacer que produce la abstinencia. Esto conlleva al “craving”, un afán incontenible por conseguir la sustancia y, en consecuencia, el afán es buscar el dinero para comprar de nuevo la sustancia.

Es probable que un consumidor crónico de bazuco, después de atenuar estos síntomas mediante el consumo de hojas de coca o marihuana, decida consumir algunas horas después. Se ha demostrado que la marihuana induce el sueño. Pragmáticamente hablando, este es otro factor temporal de aplazamiento del consumo y, por lo tanto, de los indicadores de impacto y de la comisión de delitos asociados al mismo.

Muchos critican la idea porque terminaría promocionando o legitimando el consumo de marihuana…

Aquí es donde hay que ser precisos. Una idea como esta se puede promover siempre que sea manejada por expertos en el tema y en mitigación de riesgo y daño. Una idea así se centra en el consumo moderado, en la inclusión y no en la exclusión que han tenido tradicionalmente los enfoques libres de drogas que por lo general han sido represivos.

No es ético promover el consumo, ni instar a no consumidores a fumar marihuana. Soy claro en que este proyecto piloto no puede contemplar una prescripción. A mi juicio ni un científico ni un médico deben recetar marihuana. Un modelo así debe partir de la decisión individual de querer reducir el consumo. La mejor estrategia conocida, que se usa en Canadá, en Suiza y en muchos otros países, se conoce como “autocambio guiado”.

Ser parte de un diálogo con el consumidor en el que se le pregunta por estrategias exitosas que él haya asumido para atenuar sus propios síntomas de abstinencia. De este modo se puede sugerir, a partir de la evidencia científica, que lo haga moderadamente, a determinadas horas, en determinadas dosis, etc., proveyéndole información sobre las implicaciones físicas, psicológicas y sociales de su consumo problemático y de cómo un consumo moderado puede ser mejor para él y para la sociedad. Por supuesto la guía debe ser monitoreada en su evolución siempre pretendiendo alcanzar el objetivo de que el consumidor alcance una vida libre de drogas.

¿Ya hay experimentos validados científicamente sobre la marihuana o la coca, o el modelo de Bogotá será experimental?

En este debate es indispensable documentar científicamente los argumentos, ya que ha habido una avalancha de críticas infundadas a esta propuesta.
Carrol en 1977 y Weil en 1978, cada uno independientemenete, hicieron publicaciones científicas acerca de la utilidad delas hojas de coca “como agente contra el cansancio, como sustituto del café, como antidepresivo de acción rápida, como bebida energizante y para tratar la dependencia de anfetaminas y cocaína“. Cabe anotar que la dependencia de cocaína, que es una de las más fuertes que existe, es prácticamente idéntica a la del bazuco.

Bagastra, Forman, Howeedy y Whittle en 1992, también presentaron investigaciones científicas que soportan la utilidad de las hojas de coca como profilaxis contra el uso indebido de cocaína.

Pero lo más importante es que Siegel, ElSohly, Plowman, Rury, y Jones en 1986; así como Llosa en el Perú, en 1991 y en 1994, describieron científicamente la utilidad de las hojas de coca “como agente anti-craving y para la prevención de recaídas en la dependencia de bazuco“ específicamente.

Hasta donde yo sé, un tratamiento con Cannabis medicinal sería experimental. Sin embargo, estudios demuestran que es un agente efectivo y seguro para reducir la ansiedad cualquiera que sea su causa, y ese es un factor determinante en el consumo de bazuco y sus problemáticas asociadas.

¿Pero detrás hay una posición política sobre la marihuana?

Como lo dije, un enfoque así no puede consistir en promover el consumo de marihuana porque sabemos que es una sustancia que produce dependencia y que tiene unos riesgos que no queremos que los niños y jóvenes asuman. Los adultos responsables sabrán en su libre desarrollo de la personalidad, ojalá con toda la información científica necesaria y sin sesgos ideológicos ni políticos, y como sujetos de derechos que son, si consumen o no dichas sustancias como lo hace la sociedad mundial con drogas legales como el alcohol.

Si funciona, Bogotá va a ser pionera a nivel mundial…

Una propuesta como la que hace el Distrito debe ser muy discreta en su promoción y destinada únicamente a una franja específica de población. No se puede convertir en un debate entre escépticos y dogmáticos, entre los defensores de los modelos politizados e ideológicos y los modelos científicos basados en la reducción del daño y la prevención de riesgos. Tampoco se puede tratar de una propuesta asociada a la legalización del consumo de drogas.

Como no hay un tratamiento ni una cura en Colombia o en el mundo para las adicciones, la decisión pragmática debe ser la reducción de daños y la prevención de riesgos, ojalá con sustancias naturales producidas en Colombia y no con fármacos, sin renunciar al apoyo psicosocial, que es necesario. No se puede tratar de abrir almacenes o vallas publicitarias para que cualquier persona vaya a consumir drogas en una especie de supermercado o centro de consumo de drogas.

En Twitter: @CamiloSeguraA

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