En el parque del Voto Nacional (centro de Bogotá)

Miembros de la iglesia católica piden perdón a las víctimas del conflicto

Sectores de la comunidad católica realizaron un acto de perdón por las actuaciones de los líderes religiosos que contribuyeron a la exacerbación de la violencia.

Decenas de víctimas aceptaron el perdón y aseguraron que este acto contribuye al compromiso de la no repetición. Gustavo Torrijos-El Espectador

En una ceremonia litúrgica, líderes católicos pidieron este domingo perdón a las víctimas del conflicto armado y La Violencia en Colombia “por complicidades, actuaciones y silencios” de los líderes de la iglesia.

“Queridas víctimas, nosotros hemos pecado de pensamiento, obra u omisión. Su presencia nos abre la posibilidad de encontrar caminos reales de perdón, condición necesaria para dar paso hacia la reconciliación”, aseguró el padre misionero claretiano Alberto Franco, al inicio del acto solemne que se realizó en la Plaza del Voto Nacional.

Ante decenas de víctimas (población civil, líderes del Partido Comunista, miembros de comunidades indígenas y herederos de La Violencia partidista), el grupo de sacerdotes indicó que quienes incurrieron en estos comportamientos en nombre de la iglesia se dejaron llevar por “instintos egoístas que arruinan la esencia de nuestra fe, hemos sido cómplices de conductas sistemáticas de los poderes que nos rigen”.

Una de las víctimas que hizo parte de la ceremonia de perdón fue Hilda Quiroga Ruiz, cuyo esposo, Jacinto Quiroga, fue asesinado en septiembre 1990 por miembros de la fuerza pública. “A la iglesia le recae parte de la responsabilidad, porque las vicarías castrenses sabían de las torturas y sus fechorías en contra de los miembros de la comunidad y, aun así, les daban su bendición”.

El padre jesuita Javier Giraldo, uno de los sacerdotes agrupados en el colectivo “Mil firmas por el perdón”, aseguró que en los periodos de violencia de la historia de Colombia, la Iglesia ha tenido una responsabilidad que hoy debe afrontar. “Estigmatizó muchas facciones políticas, concepciones ideológicas. En sus ministros, obispos y sacerdotes incentivó una especie de actitud sectaria, fanática que llevó a muchas acciones violentas”.

Los miembros de la iglesia indicaron que se trató de un examen de conciencia para reconocer su participación para acentuar la violencia. “Cuando esto no sucede, se piensa que estuvo bien y que no fue un error, se está colaborando a que eso repita. Eso es contrario a la fe cristiana”, puntualizó Giraldo.  

De acuerdo con Gloria Gaitán, hija del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán, se trató de un acontecimiento histórico: “Además de honrar a nuestros antepasados, es además un acto de memoria y verdad que nos enfrenta al “memoricidio” con el que quieren continuar con la explotación y la miseria”.

La representante de los pueblos indígenas del pacífico colombiano, Marce Mejía, indicó que desde hace siglos la iglesia ha utilizado el evangelio para desaparecer las tradiciones de los pueblos ancestrales del país. “Hoy es un día de memoria, de resistencia y de dolor profundo, pero a pesar de todo es de esperanza, encuentro y reconciliación”.

En ese sentido, durante el homenaje a las víctimas, salieron a relucir frases incendiarias como “matar liberales no es pecado” que se extendió a otros sectores políticos y sociales de Colombia.

Carlos Medina Gallego, docente de la Universidad Nacional, dijo que desde de los púlpitos se utilizó la palabra para atizar la violencia entre liberales y conservadores. “Pero también hay muchos sacerdotes que han participado desde el lado de grandes gamonales en la persecución de los pobres”.

La ceremonia, sin embargo, despertó controversia en diversos sectores de esa comunidad religiosa: “No fue posible que la Iglesia como institución respaldara este acto público”, aseguró el padre Javier Giraldo.