Otro fin para los peces de Atlantis era posible

El Distrito defiende su decisión de sacrificar los 40 animales marinos incautados en el centro comercial. Expertos señalan que era factible llevarlos a otros espacios. En el Museo del Mar, por ejemplo, dicen que tenían acuarios listos para ellos.

El pez payaso (“Amphiprioninae”) y el cirujano (“Paracanthurus hepatus”), clasificados como especies exóticas, fueron incautados en Atlantis Plaza.  / iStock
El pez payaso (“Amphiprioninae”) y el cirujano (“Paracanthurus hepatus”), clasificados como especies exóticas, fueron incautados en Atlantis Plaza. / iStock

El sacrificio de los 40 animales marinos incautados en el centro comercial Atlantis Plaza la semana pasada sorprendió a ambientalistas y ciudadanos. Después de ocho días de hermetismo, la Secretaría Distrital de Ambiente (SDA) emitió ayer un comunicado anunciando que tomó esa decisión porque esas especies, “todas foráneas”, podrían afectar los ecosistemas locales.

“No se puede desconocer el impacto que puede llegar a generar el ingreso al país de especímenes exóticos. Se amenaza la biodiversidad y la conservación de los ecosistemas, aparte de que estas especies pueden introducir enfermedades y parásitos a las especies nativas. Igualmente, estos animales foráneos se comportan principalmente como depredadores, alterando el equilibrio biológico”, dijo la SDA. Lea: (Distrito sacrificó a 40 animales marinos que había incautado en Atlantis)

El argumento del Distrito se basó, según la Secretaría, en la sugerencia de varias organizaciones defensoras del medioambiente y de la protección de los animales, y puso como ejemplo a Conservación Internacional (CI), que desde el 4 de enero emitió un comunicado manifestando que el sacrificio era una opción.

A pesar de que la administración esgrimió argumentos técnicos para tomar la decisión, en redes sociales reinó la indignación, claro está, además porque los usuarios sacaron a relucir que Renata Peñalosa, hija del alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, hace parte del equipo de comunicaciones de CI.

Independientemente de esto, Fabio Arjona, director de CI en Colombia, aclara que, aunque en la comunicación mencionaron la posibilidad de matar los peces, esa no era la única salida. “También se pudieron haber dejado en custodia del tenedor, previa multa, teniendo en cuenta que los mantenía de forma irregular”, precisa.

Otra opción, agrega, hubiera sido llevarlos a un espacio adecuado, como el acuario de Cartagena. Sin embargo, pide tener en cuenta que “hay un mal de origen, que es la ilegalidad de la tenencia de estas especies, introducidas de forma furtiva al país”.

De todas formas, CI indicó desde un comienzo que el sacrificio “puede ser totalmente compatible con la conservación y las consideraciones de bienestar animal”, teniendo en cuenta las razones esgrimidas por el Distrito. La posibilidad de llevar los animales de vuelta a sus lugares de origen es, para Arjona, prácticamente imposible por el alto costo de ir, por ejemplo, hasta el Indo-Pacífico, de donde eran nativos algunos. Otros lo eran de las islas Fiji, China y Australia.

Este diario consultó a Juan Manuel Díaz, biólogo marino y gerente de ciencias de la organización Marviva, acerca del origen de las especies. Tras ver algunas fotos que la SDA envió a medios cuando realizó la incautación, indicó que no todos los animales que estaban en el acuario de Atlantis eran foráneos ni depredadores: “El camarón limpiador (Lysmata amboinensis) y el pez abuela real (Gramma loreto) provienen del Caribe y son emblemáticos en nuestros arrecifes de coral. No hay problema si se liberan en su ambiente natural”.

Aclaró, eso sí, que el tratamiento con los demás animales, como el pez payaso y el cirujano, debe ser diferente, porque “no está bien lanzarlos al océano, ya que no hacen parte de nuestra fauna nativa y eso puede ser contraproducente para el ecosistema”.

Por eso, agrega, las autoridades cumplieron con su función al decomisar estas especies, ya que su tenencia es ilegal. El problema, para él, es que el Distrito no está en capacidad de manejar estos especímenes en las condiciones que requieren para sobrevivir. “No era necesario matarlos. Los podían donar a un acuario para que cumplieran con una función didáctica, como el Parque Explora, en Medellín”. Lea: (Peñalosa reconoce que Centro de Fauna no tenía capacidad para atender peces sacrificados)

Camilo Prieto, integrante del Movimiento Ambientalista Colombiano y quien alertó sobre la tenencia de un tiburón bambú en Atlantis, manifiesta que en reiteradas ocasiones ofreció su ayuda al Distrito. “Hablamos con el Museo del Mar, en Santa Marta, y ellos nos abrieron un espacio en el acuario Mundo Marino. Incluso tramitamos con la Policía Nacional el traslado de estos animales en avión”.

Esta afirmación la respalda Hernando Valencia, director del Museo del Mar, quien agrega que en ese lugar ya tenían listos los acuarios para recibir a los animales incautados. Ante el argumento de la posible infección de las especies, Valencia explica que, antes de sumergirlos en las peceras, ellos estarían en espacios de cuarentena para revisar su estado de salud.

Lo más grave, según los expertos, es que a partir de este episodio los ciudadanos no denuncien la tenencia ilegal de fauna silvestre. Prieto, por ejemplo, considera que esta decisión envía un mensaje erróneo para la comunidad, pues las personas pensarán que es mejor tenerlos ilegalmente que llevarlos ante las autoridades. Y puntualiza que “los grandes ganadores fueron los traficantes”.

La SDA indicó que estos procedimientos son regulares, a tal punto que desde 2011 ha sacrificado 1.852 animales, entre los que se destaca el caracol africano. Al pedir más precisiones sobre el tema, manifestó que, aparte del comunicado, no habría más declaraciones al respecto.