Paralizados por el ‘ventilador’

Las nuevas revelaciones sobre el carrusel de la contratación pusieron en jaque al Concejo.

“Presente, apreciado secretario, y con la conciencia tranquila”, atendió  al llamado a lista el concejal del Partido Verde José Juan Rodríguez, quien ha sido mencionado varias veces como uno de los artífices del capítulo político del “cartel” y recientemente fue vinculado a los malos manejos que se le habrían dado a la contratación desde el Instituto de Desarrollo Urbano (IDU). Su directora durante la administración de Samuel Moreno, Liliana Pardo, habría sido puesta en ese cargo por Rodríguez, según reveló El Espectador.

Rodríguez fue al recinto del Concejo, se presentó y, media hora más tarde, se fue sin hacer aspaviento. “Esa conducta es la misma de Jorge Salamanca y Andrés Camacho. Vienen, se presentan y se van. Como si temieran que de un momento a otro la autoridades vengan a hacer una captura espectáculo”, le dijo a este diario uno de los funcionarios administrativos del Concejo.

Sin embargo, hay quienes le hacen frente al revuelo que han causado las últimas declaraciones de los excontratistas Emilio Tapia y Julio Gómez. Por ejemplo, el concejal Orlando Parada sostiene que toda la información que han publicado los medios de comunicación es “especulación” y afirma que lleva 16 meses esperando a que algún organismo judicial le diga cuáles son los delitos y los hechos por los que se lo investiga. Pero, según él, nadie le ha dicho nada y “eso me hace pensar que esto es una persecución política”.

“Ser opositor de la alcaldía de Gustavo Petro me ha costado que la justicia se haya convertido en un escenario de revancha política y amenazas en mi contra que provienen de un grupo de reaccionarios del M-19”, dijo Parada.

“Tengo muchas dudas sobre la conveniencia política de las declaraciones de estos señores. Casualmente, no tocan a nadie de los que verdaderamente eran cercanos a ellos. Yo estoy tranquilo y no tengo rabo de paja”, dijo por su parte Antonio Sanguino, quien también ha sido mencionado en el escándalo.

Pero, más allá de la supuesta persecución de la que han sido objeto estos concejales, los que se sienten víctimas de todo este revuelo mediático son quienes no han sido mencionados. Consultados por El Espectador, dos concejales del Partido Liberal dijeron ser presos de una disyuntiva.

Por un lado, el asunto de los ventiladores genera una percepción general negativa sobre el cabildo, que deslegitima todo su trabajo político, y por otro lado, los cabildantes están más pendientes de los rumores y las noticias que se produzcan sobre la corrupción de sus colegas que de hacer un verdadero trabajo normativo y de control político.

En las próximas semanas deberán discutirse en el Concejo temas tan álgidos como la reestructuración del cobro de valorización y las modificaciones al  Plan de Ordenamiento Territorial (POT). Al tiempo que, según pronostican conocedores del expediente del carrusel, se producirán las primeras decisiones de la justicia en ese asunto.

“Tememos que las actuaciones de la justicia vayan a ser un comodín para el alcalde Petro. Si nosotros no aprobamos sus propuestas o si las modificamos sustancialmente, la culpa va a ser de un Concejo corrupto y no de los errores que traigan sus proyectos”, le dijo a este diario una concejala que, como todos últimamente en relación con este tema, pidió la reserva de su nombre.

Hay un silencio cómplice que se replica. Aunque existen concejales que, para limpiar la imagen del cabildo, quisieran pedirle públicamente a la justicia celeridad y que individualice a los responsables de todos los actos de corrupción, no lo han podido hacer.

Este diario supo de conversaciones entre concejales que pretendían sacar un comunicado en ese sentido. Sin embargo, los cabildantes más veteranos les pidieron “solidaridad de cuerpo”. “Eso no es problema nuestro. Con ese comunicado lo único que hacemos es generar más aspaviento y dañar más la imagen de nuestros colegas”, fue la razón que recibió uno de los políticos novatos cuando propuso la idea con la intención de salvar la imagen de su bancada y de la corporación.

Ya son dos los años en que el Concejo ha sesionado en medio de la zozobra de pensar que un día entre la Policía a capturar a alguno de sus miembros. Un evento que, pese a lo fotogénico, ocurriría en momentos que la  ciudad necesita que sus problemas sean resueltos de manera expedita y que el trabajo de los concejales se enfoque en los ciudadanos y no en los corrillos políticos.