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Bogotá 16 Jun 2013 - 9:00 pm

En el proyecto de renovación del Teatro Colón

Polémica ampliación

Pese a que Mincultura abrió el concurso para su diseño, el Instituto Distrital de Patrimonio Urbano sostiene que tal como está concebido afectará a un importante sector de La Candelaria.

Por: Santiago Valenzuela
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En la ampliación del Teatro Colón, el Ministerio de Cultura invertirá $42.449 millones. / Archivo

En los últimos meses el Ministerio de Cultura ha trabajado en una de las etapas más complicadas de la remodelación del Teatro Colón: la ampliación de esta edificación, que está cada vez más cerca. El ministerio ya aprobó el Plan Especial de Manejo y Protección (PEMP) y hace unos días lanzó el concurso público para el diseño de la ampliación. Si todo sale como está programado en el calendario de la entidad, el 31 de octubre la ciudad conocerá al arquitecto que tendrá en sus manos el ambicioso proyecto.

Sin embargo, hay una historia detrás que podría poner en aprietos la anhelada ampliación. Recién comenzaba 2013 cuando el ministerio le presentó al Distrito el PEMP del Teatro Colón. Luego de que el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural (IDPC) y las secretarías de Cultura y Planeación revisaran el proyecto, los representantes de estas entidades le enviaron una carta a la ministra de Cultura, Mariana Garcés, exigiendo algunas aclaraciones que, de no ser resueltas, podrían generan daños patrimoniales en el centro histórico.

El Distrito no comparte la delimitación del área afectada y la zona de influencia en la ampliación del Colón, porque considera “que se trata de un bien cultural de primer orden y su ampliación no sólo afecta e influye en la manzana 25 sino en el conjunto del centro histórico”. De acuerdo con el documento, el hecho de que los predios de conservación arquitectónica sean incluidos en la zona de influencia del Colón puede tener repercusiones negativas para la manzana 25 del centro histórico, en donde está el teatro. En el concurso público el ministerio es contundente: “El ministerio se propone adquirir con el tiempo el resto de los inmuebles para lograr sus metas de crecimiento para servicio del Teatro Colón”. Si predios que están bajo la protección del Distrito pasan a ser competencia de la Nación, es evidente que pueden ser demolidos.

Otro factor de choque podría ser que el Distrito advirtió “que el predio localizado en la calle 11 Nº 5-21/25/31/37/47 (donado parcialmente al Ministerio de Cultura por su propietario) con categoría B (conservación arquitectónica) NO puede ser subdividido según lo dispuesto en el decreto distrital 678 de 1994”.

Y no sólo preocupa la demolición o la afectación de predios de conservación arquitectónica. También queda establecido en la carta que “inquieta la volumetría propuesta por el Ministerio de Cultura sobre la esquina de la calle 11 con carrera 6, la cual estaría convirtiéndose en un obstáculo visual en el eje de la calle 11 y en especial en su relación con la Catedral Primada, hito representativo del lugar”.

La lista de peticiones continúa: no hay claridad sobre el plan de movilidad, sobre la altura que podría tener el teatro, de qué forma se verá afectado el paisaje cultural, si la manzana 25 será arrollada por el Teatro Colón, si el proyecto se ajusta al plan de revitalización propuesto por la administración del alcalde Gustavo Petro, si se verá afectada la estética de un teatro premoderno como el Colón. “En suma, la documentación presentada por el Ministerio de Cultura al Distrito Capital justifica apenas medianamente un proyecto inmobiliario, pero no corresponde a los cuidados y componentes que debe contener el estudio y la valoración de un bien de interés cultural de primer orden y su contexto inmediato: el centro histórico de Bogotá, patrimonio de la Nación”, concluye el documento.

En el Distrito esperaban que estas inquietudes fueran resueltas por el Ministerio de Cultura antes de hacer público el concurso, algo que, según fuentes oficiales, no sucedió. Esto no quiere decir que en el Distrito no avalen que el ministerio construya en el lote vacío que posee sobre la calle 11. Según María Eugenia Martínez, directora del IDPC, “el proyecto puede ser importante para la revitalización del centro dependiendo del tratamiento que se le dé. Un buen arquitecto puede solucionar deficiencias y problemas estructurales del PEMP. Es claro que la propuesta que revisamos rompe con las visuales de la catedral. Las simulaciones arquitectónicas adelantadas por el IDPC evidencian que la masa propuesta es exagerada e irrumpe en un sector de escala baja”. En vez de darle un no tajante al proyecto, el Distrito espera la propuesta arquitectónica definitiva. Martínez considera que ya no es hora de volver al PEMP, pero es enfática al asegurar que el Ministerio de Cultura “invalidó su propio instrumento” con su actuación.

Otra inquietud es que ni el PEMP ni el concurso internacional consideran la capacidad de carga del territorio (aptitud de un área para soportar un determinado nivel de intensidad de usos urbanos sin que se produzca un proceso de deterioro ambiental, social o cultural). Según Martínez, “el centro histórico fue construido para otras condiciones, para otros usos y otras actividades, y por esta razón hay que ser cuidadosos con cualquier uso metropolitano que pretenda asentarse en este territorio”.+

 

Recordando la historia

Será necesario, de acuerdo con los lineamientos del IDPC, que en el proyecto de ampliación se “entienda el significado, la representación y el rol del Teatro Colón en el centro histórico de Bogotá”. María Eugenia Martínez señala que el PEMP presentado por el Ministerio de Cultura (evaluado por el Comité Técnico Asesor de Patrimonio del Distrito) “se refiere a una historia lineal del centro histórico, que no estudia las transformaciones acontecidas a este teatro ni los cambios de la manzana. Se presentan levantamientos de algunos ‘teatros a la italiana’ sin contexto. Sin estudios históricos ni morfológicos serios, no se entiende cómo se puede plantear la ampliación de un bien cultural”. Y agrega: “que nos diga el Ministerio de Cultura, hasta dónde puede crecer un inmueble patrimonial sin que pierda sus valores”.

Lo ha señalado Juan Luis Rodríguez, máster en teoría de la arquitectura de la Universidad de Harvard y profesor de la Universidad Nacional, en la revista El Malpensante: “La intervención de ese calado es como dotar de un motor v-8 a un Renault 4”.

Otro punto de distancia entre ministerio y Distrito es que no puede ser el edificio Stella el que marque la máxima altura en la manzana. El Stella fue construido en 1947, bajo otras perspectivas del patrimonio cultural. Silvia Arango, doctora en urbanismo y ganadora del Premio Nacional de Arquitectura, por su parte, dice: “El PEMP no está preocupado por el edificio sino por la rentabilidad. Una cosa es ampliar una tramoya y otra es cambiar toda la manzana. Es excesivo y exagerado. Quieren convertir un edificio pequeño en el Julio Mario Santo Domingo del centro. Nuestra Candelaria maltrecha tiene muy pocas zonas que mantienen las características del siglo XVIII. Bien o mal, esta manzana se ha mantenido. Por eso un edificio de casi siete pisos es un atentado”.

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