Aumentó el hurto de vehículos y de bancos

Reviviendo Los Mártires

Tras la intervención del Bronx, la histórica localidad redujo casi todas sus cifras de inseguridad. Sus habitantes aseguran que los resultados son un primer paso para la renovación, pero piden acompañamiento de las autoridades para que la historia de criminalidad no vuelva a repetirse.

Los estudiantes del colegio Agustín Nieto Caballero, una de las instituciones más amenazadas por la delincuencia en el sector, están comprometidos con la recuperación de la localidad.   /Gustavo Torrijos

Hace un año, cuando el Bronx y Cinco Huecos seguían enquistados en el centro de la ciudad, los vecinos parecían haberse acostumbrado a traspasar humaredas de bazuco, a concebir la indigencia y la prostitución como hechos naturales y a ser testigos de cómo se deterioraban monumentos centenarios. Salir a la calle, dicen, era jugarse la vida, era poner en riesgo su integridad. Hoy, en el ambiente hay un aire de transformación: las vallas de contención levantadas por los vecinos frente a los puntos neurálgicos muestran el interés por evitar el ingreso de drogas y armas al barrio La Estanzuela (que colinda con la antigua “L” del Bronx); los jardines del Voto Nacional volvieron a germinar y el olor insoportable que había se está disipando.

La intervención de esas ollas de vicio, el 28 de mayo de 2016, logró marcar un nuevo hito en Los Mártires, localidad que concentra en sus edificaciones la memoria de la historia republicana de Colombia. En los últimos meses, sus habitantes, comerciantes, maestros y líderes comunales, acompañados por las autoridades, se han puesto a la tarea de darle un viraje al sector y convertirlo en un ejemplo para la ciudad. Por lo menos, los resultados se están viendo. Según cifras de la Secretaría de Seguridad, los homicidios en Los Mártires cayeron 32,9 %, al pasar de 72 en 2015 a 51 en 2016, siendo la localidad con mayor reducción de este delito. Además, el hurto a los ciudadanos bajó 19,5 % (pasó de 1.133 casos en 2015 a 892 el año pasado) y los robos a residencias disminuyeron 23,7 %: de 38 a 29 episodios. También cayeron los robos a establecimientos comerciales en 55,4 %, pues pasaron de 278 a 124.

¿Cuál es entonces la fórmula que se ha aplicado en esta localidad para abrir el camino hacia la renovación? Los habitantes del sector, sin duda, reconocen que el primer paso radicó en el trabajo de las autoridades para desarticular las estructuras delincuenciales de la zona. Pero insisten que Los Mártires es mucho más que el Bronx o Cinco Huecos y, en caso de bajar la guardia, este fenómeno puede no solo repetirse, sino agravarse.

En ese sentido, la labor consiste en realizar lo que ellos llaman un “trabajo integral”, es decir, que además de los operativos de seguridad y el acompañamiento de la Fuerza Pública, puedan proteger a la población más vulnerable (21 mil estudiantes de colegios públicos); desmantelar las redes de corrupción que estaban entronizadas en las instituciones; fortalecer el comercio; renovar la infraestructura y desarrollar actividades lúdicas y culturales, así como contribuir al tratamiento y la atención de los habitantes de la calle.

Orlando Cortés Trujillo, presidente de la Junta de Acción Comunal de Los Mártires, recibe con prudencia los resultados alcanzados en materia de seguridad y señala que estas cifras son producto del trabajo con la ciudadanía. “Hemos buscado atacar todos los frentes, porque la respuesta tiene que ser diversa. Con los niños y jóvenes –los más propensos a ser víctimas de la delincuencia– se han desarrollado actividades deportivas y culturales. Y en lo que respecta al Voto Nacional, estamos trabajando para que este espacio sea un punto de encuentro para jugar microfútbol y banquitas”.

El valor histórico de la localidad ha motivado a sus habitantes a que se apropien de su infraestructura. Por eso, buscan integrar a los más jóvenes para que conozcan, en su tiempo libre, las memorias que se reviven a través de los monumentos que los rodean. De hecho, a principios de febrero la localidad se benefició con un proyecto piloto de turismo urbano, organizado por el Distrito, en el que 64 niños visitaron espacios como la Plaza España, la Basílica Menor del Voto Nacional, la Estación de la Sabana y el parque El Renacimiento, y a la vez recibieron charlas preventivas frente al consumo de drogas.

A esas actividades se suman los eventos de recuperación del entorno, como el realizado en septiembre de 2016, cuando cientos de personas se encargaron de resembrar el césped y las flores de la plaza de Los Mártires, el antiguo patíbulo en donde fueron fusilados los próceres de la independencia durante la Reconquista española y que en la última década se había convertido “en el inodoro público más grande del país”, como con vergüenza lo llaman los vecinos.

Limpiaron el obelisco que se erige en medio de la plaza y dejaron sin mácula la inscripción que reza Dulce et decorum est pro patria mori (Dulce y honorable es morir por la patria) e iniciaron las labores de restauración. Mientras tanto, decenas de personas se encargaron de los trabajos de ornamentación y arborización y se comprometieron a ser veedores para proteger su legado. “Se quiso convertir en un jardín para ir borrando la imagen que tiene la ciudad de este sector, ya que era un sitio en el que permanecía el habitante de calle, con toda la inseguridad y el desaseo que eso generaba”, agrega Cortés.

El padre Darío Echeverri, párroco de la Basílica Menor del Voto Nacional, no sólo fue secuestrado y estuvo a punto de morir a manos de los “sayayines” de El Cartucho hace más de una década, sino que vio nacer y sucumbir al Bronx. Ahora, es testigo de lo que promete ser una era de cambio. “Se está recuperando el Voto Nacional como una página de la historia del país que convoca a los colombianos a la paz y a la reconciliación, porque se requieren monumentos a través de los cuales se pueda enseñar nuestro pasado”. El clérigo no se aventura a dar una fórmula para resucitar a Los Mártires, pero en lo que respecta al habitante de calle considera que se dará un gran paso cuando a los ciudadanos “nos afecte el dolor del pobre, nos afecte quien duerme en la calle”.

De esta manera se ha llegado a la conclusión de que los más de 2.830 indigentes provenientes del Bronx, Cinco Huecos y La Estanzuela requieren el respaldo del Estado y de la ciudadanía. Los líderes entienden que buena parte de esta problemática responde a profundas raíces sociales, a crisis familiares e incluso a falta de oportunidades, tanto educativas como laborales.

Niños, los más vulnerables

El Liceo Agustín Nieto Caballero padeció por más de una década los flagelos del emporio criminal del Bronx. A las afueras del colegio, cuando terminaba la jornada estudiantil a las 3:30 p.m., los profesores y padres de familia temían que comenzara una nueva batalla campal, con botellas, palos y armas de todo tipo, que nadie parecía poder controlar. A las riñas se sumaban la venta y el consumo de droga proporcionada por los “ganchos”.

El rector del colegio, Jairo Orlando Rodríguez, asegura que actualmente los entornos son más limpios y las autoridades han demostrado su compromiso por preservar la seguridad en el sector. Prueba de ello fue que crearon las Zonas de Orientación Escolar, es decir, caminos que garanticen que los estudiantes puedan llegar a clases sin que los alrededores se conviertan en una amenaza. A esa iniciativa se suman las campañas para que los jóvenes se apropien de los alrededores, siembren plantas y participen en el proceso de renovación.

Si bien la reducción de delitos ha sido una realidad, todavía se siguen presentando casos que otrora eran cotidianos. En lo que va corrido del año, el rector ya entregó al ICBF al primer estudiante por vender sustancias psicoactivas. “Me di cuenta de quién era el muchacho, lo llamé y le pregunté si les estaba ofreciendo a los demás niños. Al principio lo negó, pero después de revisar sus útiles escolares le encontré bolsitas de marihuana, cocaína y cigarrillos, así como $70.000. Eso evidencia que pese a lo que se ha hecho en el entorno, ese flagelo sigue”.

Memorial de peticiones

No obstante los resultados favorables en materia de seguridad, aún existe incertidumbre en la comunidad respecto a la presencia de bandas delincuenciales y a la venta y consumo de sustancias psicoactivas en los alrededores de colegios, residencias y locales comerciales. La edilesa María Belisa Cárdenas insiste en que ha recibido denuncias relacionadas con el retorno de habitantes de calle a la mayoría de barrios y les pidió a las autoridades el incremento del pie de fuerza en los puntos que ellos consideran neurálgicos, sin que se descuiden los demás cuadrantes.

En La Favorita y Santa Fe está pasando casi lo mismo que en el Bronx: volvieron la indigencia, los atracos y el consumo de estupefacientes. Hay unas ‘ollas’ tremendas. Por las noches la situación es muy difícil. Y ni hablar de barrios como Santa Isabel, Veraguas y El Progreso, en donde hay muchos raponeros que se movilizan en motos y bicicletas y que les quitan las maletas incluso a los niños que van a estudiar. Necesitamos que después de la intervención al Bronx se siga haciendo seguimiento, de lo contrario los resultados que se han obtenido serían insostenibles”.

La lista de inconformidades sigue siendo amplia y toca a todos los sectores de la sociedad. Las peticiones de los líderes se concretan en el seguimiento a las políticas públicas implementadas para recuperar el sector, la presencia permanente de la Fuerza Pública, la atención integral la indigencia, la protección a los menores de edad frente a los fenómenos criminales, la renovación de la infraestructura, y el respaldo a los comerciantes.

Para Juan Carlos Garzón, investigador de la Fundación Ideas para la Paz, que publicó esta semana un estudio sobre los efectos de la intervención del Bronx, hay tres dinámicas concretas que deben atenderse para evitar que este fenómeno vuelva a repetirse. “Primero, en términos de seguridad, seguir dando una respuesta a las organizaciones criminales y hacemos un llamado para que el sistema de justicia dé una respuesta frente a los ‘peces gordos’. Segundo, desde la perspectiva social, el reto es responder a la dinámica del habitante de calle. Nosotros señalamos un flagelo grave que es el bazuco y cómo a partir de esta sustancia se tejen unas relaciones entre habitantes de calle y estructuras criminales. Tercero, los delitos contra los menores deben ser esclarecidos y es necesario que haya sanciones contundentes”.

Así las cosas, el gran desafío es pasar de una respuesta policial a una sostenible, en que la ciudadanía vuelva a apropiarse del espacio público y que la memoria de Los Mártires tenga la posibilidad de resurgir como bastión histórico de Bogotá.