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Bogotá 29 Jun 2013 - 3:14 am

Caso Diego Felipe Becerra

"La solidaridad de cuerpo fue demasiado lejos"

Gustavo Trejos, padrastro del adolescente Diego Felipe Becerra —el grafitero—, muerto por una bala que le entró por la espalda y que fue disparada por un patrullero, se convirtió en el incansable investigador privado del caso más escandaloso de la Policía en los últimos tiempos. Afirma que tantos y tan altos oficiales se involucraron en la manipulación de la escena del “crimen”, que el honor de toda la institución quedó comprometido.

Por: Cecilia Orozco Tascón
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“Creo que el gobierno no ha dimensionado la gravedad del problema”, dice Gustavo Trejos, aquí acompañado por su esposa Liliana. / David Campuzano - El Espectador

Cecilia Orozco Tascón.- Hace poco más de dos años murió su hijo en las confusas circunstancias que conoce el país. ¿Por qué, pese a que avanza, el proceso se complica cada vez más?

Gustavo Trejos.- Es cierto que el proceso ha sido sumamente difícil, primero, porque nuestro hijo fue asesinado por un patrullero de la Policía Nacional, y segundo, porque, a continuación, se inició un gran montaje para encubrir lo que sucedió. Aunque uno pudiera llegar a entender con el tiempo que ocurrió un error, resulta totalmente inadmisible que en lugar de aceptarlo y sancionar al responsable hubieran intentado ocultarlo, con lo que iniciaron una cadena de equivocaciones interminable.

C.O.T.- Según las pruebas recaudadas, ¿cuál fue el primer indicio de manipulación de la escena?

G.T.- Primero dejaron sin custodia la escena del crimen durante cerca de 40 minutos, lo que contradice la más elemental de las normas de investigación. Pero después alteraron el sitio cuando intentaron plantar dos armas para simular un enfrentamiento. Dos policías le entregaron la primera de ellas al abogado de la Policía Metropolitana Héctor Hernando Ruiz (hoy detenido). Él fue quien les dijo a los agentes que dispararan el arma en el humedal de Córdoba para poder afirmar que había sido usada por mi hijo. Después, él tomó un pañuelo, la limpió y la plantó. A partir de ese momento comenzaron las simulaciones que aún estamos desentrañando.

C.O.T.- ¿Por qué hace esas acusaciones con tanta certeza?

G.T.- Porque un testigo presencial me reveló, exactamente, cómo había sucedido todo. Y por el sólido material probatorio que se reunió.

C.O.T.- ¿Quiénes eran los dos coroneles de los que se ha informado que llegaron al sitio donde murió su hijo y que aparentemente tuvieron que ver con el montaje?

G.T.- Los mismos que estuvieron en audiencia entre jueves y viernes de esta semana: los coroneles José Javier Vivas y Nelson de Jesús Arévalo. Según lo que obra en el proceso, ellos se habrían puesto de acuerdo con los otros uniformados en mantener un pacto de silencio sobre lo sucedido, bajo el riesgo de perder la vida.

C.O.T.- Los medios de comunicación se dieron cuenta rápidamente de que algo raro estaba sucediendo, ¿por qué?

G.T.- Gracias al papá de uno de los compañeros de mi hijo, que resultó ser un importante asesor jurídico, la prensa llegó a la funeraria. Allí conté lo que estaba sucediendo. Pero ese mismo día de la Policía salió información de que Diego Felipe formaba parte de una banda que había atracado un bus y que le habían disparado durante el enfrentamiento, después de una denuncia ciudadana. Fue cuando le dieron a una cadena de radio una grabación del 123 que confirmaba la denuncia del atraco. Cuando escuché eso, estaba asombrado porque donde murió Diego Felipe no había inicialmente ni armas de fuego ni indicio de enfrentamiento armado, ni otros capturados. Nada.

C.O.T.- También apareció, en radio, el conductor de la buseta presuntamente atracada. Y su historia parecía real.

G.T.- Al principio le creyeron. De otra cadena radial llamaron a mi señora para decirle que tenían en la línea al conductor de la buseta. Pusieron la versión de los dos en una especie de careo y le preguntaron a mi esposa si Diego Felipe había estado detenido antes en un CAI. Ella dijo que sí y que lo habían llevado allí por pintar grafitis. Ese fue el argumento para que la periodista la tratara mal y muy duro. Recuerdo que ese incidente la afectó tremendamente.

C.O.T.- ¿Cree que la Policía manipuló a los medios? 

G.T.- Así parece. El conductor del bus (hoy detenido) se equivocó muy pronto: en otra entrevista dio una placa diferente a la inicial. Él terminó acusando directamente a nuestro hijo de haberle apuntado con el arma plantada. Y, después, se descubrió que el bus estaba en pico y placa y por eso no había podido salir el día del crimen que el chofer ya no trabajaba con ese bus porque había sido vendido, y que se había presentado un atraco, pero el día anterior a la muerte de Diego Felipe, y a 18 o 20 kilómetros de distancia. Pero, respecto de la prensa, permítame agregar que también gracias a ustedes el caso no ha quedado en el olvido.

C.O.T.-  ¿En cuál momento aparece el general Francisco Patiño, cuyo ascenso se frenó en el Senado por este caso? 

G.T.- Pocas horas después del asesinato de Diego Felipe recibimos una llamada del general Patiño, que quería que nos reuniéramos. Nos dijo que sentía mucho lo ocurrido y habló del enfrentamiento. Le contesté que eso era imposible porque el disparo que mató a Diego Felipe entró por la parte lumbar derecha. Me preguntó por qué tenía esa información. Le respondí que habíamos estado toda la noche con mi hijo. Se quedó en silencio. Después aseguró que si el patrullero resultaba culpable, iba a ser destituido y judicializado. Con toda franqueza, le dije que me interesaban el patrullero y también los coroneles, los asesores jurídicos y todos los que habían estado comprometidos en la adulteración de los hechos. Después nos enteramos que el general Patiño se había reunido con el conductor que mintió.

C.O.T.- ¿En dónde y en qué fecha y hora?

G.T.- En el CAI del barrio 20 de Julio, en horas de la mañana del 22 de agosto, tres días después de la muerte de Diego Felipe.

C.O.T.- ¿Cómo prueba su afirmación?

G.T.- Según las declaraciones del conductor que después reveló lo ocurrido, la teniente Lady Perdomo, mano derecha del general Patiño, organizó una reunión para que el conductor presentara  denuncia por el atraco en el parque del barrio 20 de Julio. Un agente declaró que el conductor, su esposa y la hija llegaron en una patrulla, se reunieron en una cafetería, tomaron la denuncia y cuando fueron al CAI llegó el general Patiño, quien también estuvo con ellos.

C.O.T.- ¿El conductor aceptó la reunión con el general?

G.T.- Sí. Él reiteró lo dicho por el agente y aseguró que el general  sacó dos bonos Sodexo (vales) por valor de $100 mil cada uno y se los regaló a su esposa para que comprara lo que quisiera.

C.O.T.- ¿Ha sido difícil que la investigación avance cuando se refiere al caso de los oficiales de alto rango?

G.T.- La investigación en la Fiscalía 295 ha sido muy completa, pero, por ejemplo, la compulsa de copias para investigar al general Patiño, que llegó en diciembre pasado, no se había movido hasta cuando empezó el escándalo por su ascenso en el Congreso. Nosotros denunciamos que no había fiscal en propiedad para esta parte del proceso y, desde entonces, comenzó a avanzar. 

C.O.T.- ¿Cree, sinceramente, que el general Patiño es tan responsable como los demás? 

G.T.- ¿Quién tiene el poder para ordenar la alteración de la línea 123? ¿Por orden de quién se pueden alterar también las otras comunicaciones y movilizar a varios oficiales de alto, mediano y bajo rango para que intervinieran esa noche y los días siguientes? ¿Quién puede permitir que salgan armas de un CAI y de la propia Estación  Metropolitana de Bogotá? Además, está la reunión con el conductor que mintió y la entrega, de acuerdo con las declaraciones, de bonos Sodexo a la esposa de él.

C.O.T.- ¿Cuántos detenidos hay por este proceso?

G.T.- Diez personas hasta el momento: Wílmer Alarcón, el patrullero que disparó contra mi hijo; después se ordenaron cinco detenciones más: el teniente que comandaba el CAI de Andes, Rósemberg Madrid Orozco; de ese mismo CAI, el subteniente Juan Carlos Leal y el patrullero Nelson Rodríguez; también están detenidos el conductor de la buseta, Jorge Narváez, y el abogado Héctor Hernando Ruiz; Freddy Navarrete, el otro patrullero que estuvo durante la manipulación de la escena; los dos coroneles recientemente capturados, Vivas y Arévalo. Y la esposa del conductor que tiene detención domiciliaria.

C.O.T.- En la audiencia de esta semana aparecieron involucradas otras personas. ¿Quiénes?

G.T.- El subintendente Tovar, quien proveyó el arma y la disparó, junto con un patrullero, en el humedal de Córdoba, antes de plantarla; la asesora jurídica de la Metropolitana, Liliana Cañaveral; el teniente coronel Blanco, de Comunicaciones y oficial de inspección; el mayor Harvey Peña, oficial Coper 1; subteniente Hurtado, juez penal militar; el capitán Chávez, comandante de Contrainteligencia de la Mebog; el patrullero Fabián Rodríguez, un capitán de la Sijín y un mayor de la Academia.

C.O.T.- ¿Hay otros abogados involucrados?

G.T.-  Sí. El que reemplazó a Héctor Hernando Ruiz se llama Jaime Gutiérrez. Él nos propuso que negociáramos la acusación al patrullero que disparó contra nuestro hijo, de dolosa a culposa. Cuando nos negamos a ceder empezó a dilatar el proceso y en dos oportunidades intentó llevárselo para la justicia penal militar. Pero los jueces no le han seguido el juego y tiene pendientes dos compulsas de copias contra él, con petición de investigación.

C.O.T.- ¿Cree que están al final del camino o faltan muchos responsables?

G.T.- Estamos en la mitad del proceso. Son 25 los uniformados investigados y hay detenidos 10. Adicional a éstos, es muy probable que entren otros al proceso. Para  mí es claro que nos falta determinar el verdadero y más alto cerebro de este montaje.

C.O.T.- El fiscal Montealegre dijo que el caso de su hijo se había convertido en un falso positivo urbano. ¿Qué opina de ese calificativo?

G.T.- Esa es una forma de llamarlo. Pero otra manera de verlo es que este caso es la demostración más clara del grado de corrupción de la Policía Nacional. Y no sólo de la Metropolitana. El tema es sumamente delicado por el nivel de las personas que están vinculadas. Creo que el Gobierno no ha dimensionado la gravedad del problema institucional que se está presentando aquí y del daño que se les está haciendo a los buenos hombres que trabajan en la Policía, pues esto descalifica cualquier buen comportamiento de ellos y cualquiera de las acciones de valor que hayan hecho.

C.O.T.- Esa es, precisamente, mi última pregunta: esto que ha sucedido alrededor de la muerte de su hijo, en su opinión, ¿refleja la actitud delictiva de un grupo aislado o de toda la institución?

G.T.- Me consta que existen muchos policías que llevan su uniforme con mística, con honor y con ética. El problema para mí es una línea de mando que no ha dejado ascender a unos oficiales con méritos y que está acostumbrada a hacer lo que desea. Me parece que los buenos oficiales no tienen igualdad de derechos y que en esa línea de mando una parte es corrupta. Esta fue la que actuó y la solidaridad de cuerpo fue demasiado lejos. 

¿Otro general implicado?

Cecilia Orozco (C.O.). Con todo respeto, le haré una pregunta personal: usted es el padrastro de la joven víctima, entonces, ¿por qué asumió usted el esfuerzo de descubrir lo que pasó, reconociendo, por supuesto, su actitud admirable? 

Gustavo Trejos (G.T.). Me casé con Liliana, la madre de Diego Felipe cuando él tenía año y medio de edad. Él me impactó mucho por la calidez de su personalidad. Cuando murió, era un adolescente con quien había establecido una relación muy fuerte. Siempre le decía que podía contar conmigo en cualquier circunstancia. Y esa es la promesa que estoy cumpliendo. No permitiré que, como dijo un senador, asesinen a Diego Felipe dos veces, quitándole la vida y después el buen nombre y la honra. Gracias a Dios hemos contado con el apoyo de la prensa, de los organismos internacionales y de la Fiscalía. 

“Los premiaron, tal vez, para que el proceso se estancara”

G.T.  Según la grabación que quedó del patrullero que pedía ayuda después de que su compañero disparó contra mi hijo, el general Édgar Orlando Vale (actual subdirector de la Policía Nacional) o alguien de su casa, que queda a cuadra y media de distancia del sitio donde mataron a mi hijo, estuvo al tanto de lo que sucedió. Esto está por determinarse.

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