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Bogotá 25 Dic 2012 - 9:00 pm

Se necesita mantener el foco en el crimen organizado

¿Suficiente seguridad?

El director del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos hace un análisis sobre la gestión de la Policía y puntos claves como la reducción de homicidios.

Por: Jorge Restrepo*
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En Nochebuena se presentó una disminución del 43% en el índice de muertes violentas frente a la misma fecha de 2011. /Archivo

El alcalde Gustavo Petro reportó que en la capital hubo una disminución del 43% en los homicidios entre el 1° y el 24 de diciembre, respecto al mismo período del año anterior. Las cifras se suman a las entregadas el 13 de diciembre, según las cuales en lo corrido del año los asesinatos disminuyeron 22% frente a 2011. Sin lugar a dudas, Bogotá se ha encaminado por una senda virtuosa de más seguridad. Gran noticia, pues desde los 90 no vivíamos tales caídas en la violencia.

Hay varias razones que contribuyen a esto. La primera es la excelente gestión del general Luis Eduardo Martínez, comandante de la Policía Metropolitana de Bogotá. La focalización de sus estrategias en la persecución del crimen organizado, sobre todo de aquel que usa la violencia, es la principal razón del éxito. Ha establecido gerencias por delito que tienen más sentido que las inefectivas gerencias por zonas impuestas en el gobierno de Luis Eduardo Garzón, que eran una pantomima de descentralización en seguridad. Su seguimiento al comportamiento policial es cercano y las sanciones son contundentes cuando hay desviaciones. La buena gestión policial sí reduce la violencia.

El desarme ha contribuido. Estadísticamente, las caídas en los crímenes violentos con armas de fuego son mayores que la caída de los mismos delitos cometidos sin armas de fuego (homicidios, lesiones, atracos). La medida les permite a los policías una más rápida detección de armas criminales: la restricción al porte de armas “legales” para la autodefensa o la vigilancia hace más visibles las armas criminales. Quienes necesitan protección —para pagar nóminas en efectivo o llevar esmeraldas— recurren a la Policía por protección armada gratuita, como debe ser.

El plan de vigilancia comunitaria por cuadrantes ha puesto a los policías a hacer más que vigilar: los acerca a la comunidad, los lleva a reconocer información relevante de inteligencia criminal, los vuelve responsables ante los ciudadanos y sus superiores.

Es de resaltar que Martínez no se ha dejado enredar en disputas ideológicas absurdas con Gustavo Petro. Eso ha ayudado a que la gestión no se contamine por ideas novedosas o la búsqueda de réditos políticos como en el caso de la política de basuras. Las pésimas ideas del secretario de Gobierno Asprilla —sus represivos y discriminatorios toques de queda para jóvenes— sólo ocupan a la Policía por una noche.

La reducción del conflicto armado ha llevado a que los organismos de seguridad y justicia deban preocuparse más por su rol fundamental, que es proveer seguridad, y no a la distracción de pelear una guerra o protegerse del terrorismo.

Asimismo, existe estabilidad en las disputas del crimen organizado: Bogotá no ha sido un botín para las organizaciones del crimen. En la ciudad se sabe quién explota el tráfico de drogas, quién la prostitución y quién el juego. Es como si las mafias se hubieran “civilizado”. A esto se le suma la focalización de la acción policial en las organizaciones que usan la violencia o prestan servicios de este tipo —como las oficinas de cobro—, pues así los criminales organizados menos violentos saben que su crimen no será “tan” perseguido.

Esto ha sucedido cuando muchos factores juegan en su contra, como el tráfico de drogas, pues la persistencia de su criminalización siempre generará violencia por disputas entre organizaciones criminales y dentro de ellas por las rentas del crimen.

También el estancamiento económico de la ciudad ha hecho que el desempleo crezca como no había sucedido desde la recesión del 99; la ciudad se desindustrializa y la construcción de obras civiles y vivienda está en franca caída. No hay trabajo y aún así hay menos crimen.

Además, ha influido la ausencia de gasto público clientelar disfrazado de atención social, que por ser el primer año del gobierno Petro, no se ha “estructurado”.

Finalmente, otro punto importante es que esta reducción no se debe a las “recetas” tradicionales de la consultoría de seguridad, pues no ha habido grandes cambios tecnológicos, no hay nuevo sistema de llamadas de emergencia (el 123 ya existía y sigue capturado por políticos) ni nuevos sistemas de monitoreo e inteligencia. Tampoco hay mayor disponibilidad de equipos ni mayor pie de fuerza. Se cuenta con la misma Policía —escasa para el tamaño de la ciudad y el crimen violento— que hace 20 años, en medio de una ciudad desordenada, sucia, contaminada y congestionada.

¿Será suficiente? Para nada. Bogotá dista mucho de ser una ciudad segura. Una gran mayoría aún se siente insegura, según los excelentes reportes de la Cámara de Comercio de Bogotá. En su encuesta de victimización, los parques, los cerros orientales, las calles, siguen siendo territorio desierto y temido, principalmente en las noches.

Sólo en homicidio, para lograr el promedio mundial de 7,6, deberíamos tener en la capital como máximo 608 asesinatos al año, 700 menos que los de ahora.

¿Es sostenible esta mejora en la seguridad? Sí. Manteniendo el foco en el crimen organizado violento; gestionando bien la seguridad; acercándose a la ciudadanía, principalmente a los jóvenes; profesionalizando la labor de la Policía; alejando ideas represivas de la Secretaría de Gobierno; manteniendo la ciudad lejos del conflicto armado y su violencia; poniendo a trabajar a la justicia criminal y enviando al crimen organizado el mensaje de que lo que nos importa es su violencia, no si se hacen ricos con las drogas.

*Director del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos.

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