Testimonios refuerzan versión de los Pascuales

La última vez que la comunidad de los barrios Santa Cecilia y Cerro Norte, en la localidad de Usaquén, vio al patrullero Jairo Díaz recorriendo el barrio en su motocicleta fue el pasado 27 de enero.

Ocho días después, el 4 de febrero, su cadáver fue hallado por investigadores del CTI a 40 metros de donde supuestamente fue visto por última vez. Ahora, con las revelaciones hechas por el abogado de alias Benji, uno de los líderes de la banda los Pascuales (con presencia histórica en esos barrios), capturado por su presunta participación en una balacera que acabó con la vida de cinco miembros de su organización a comienzos de 2013, el caso toma un nuevo rumbo. Se trataría de un asesinato orquestado y ejecutado por efectivos de la Policía que estarían relacionados con estructuras mafiosas.

Federmán Ocampo, abogado defensor de Benji, dijo a la prensa que “mi cliente le dio al fiscal los nombres de los patrulleros que al parecer están implicados en este asunto (...). Dicen que al patrullero lo tuvieron secuestrado tres días en el barrio por los mismos funcionarios de la Policía”. Sin embargo, sostuvo que “causa extrañeza que la Fiscalía no está interesada en firmar ningún preacuerdo ni reconocerles ningún beneficio judicial (a sus defendidos). Al parecer, los agentes de la Sijín estarían amenazando a uno de los testigos presenciales con que los van a asesinar”.

El Espectador consultó a fuentes de la Fiscalía cercanas al expediente, las cuales sostuvieron que no es momento de pronunciarse sobre estas declaraciones por el estado en el que se encuentra la investigación que, según dijeron, está muy avanzada.

La versión de los Pascuales coincide con testimonios y averiguaciones en poder de la Secretaría de Gobierno del Distrito, los cuales dan cuenta de una alianza criminal entre agentes de la Policía y redes de microtráfico. Al parecer, el patrullero Díaz, que en el momento de su desaparición llevaba diez días trabajando en la zona, incautó un cargamento de marihuana que sería propiedad de un combo asociado con los agentes de la zona. Ante el hecho, dicen los testimonios, la presión de los expendedores llevó a sus compañeros a secuestrarlo y asesinarlo, pues Díaz se habría enterado de los pormenores de una compleja red criminal.