Un mes cumplió el campamento por la paz de La Plaza de Bolívar

Los campistas que se asientan en La Plaza, desde la derrota del Sí en el plebiscito por la paz, alternan sus días entre charlas políticas sobre el futuro del país y bailes, mientras esperan que el acuerdo entre las Farc y el Gobierno se implemente.

Las personas que se instalaron en la Plaza de Bolívar dos días después del triunfo del No en el plebiscito por la paz, cumplieron un mes de estar acampando en el lugar. Todo comenzó después de la marcha que se dio tras la derrota del Sí. A puertas de la Catedral Primada llegaron siete personas con carpas para acampar en la plaza como una forma simbólica de decirle al país que no se moverían de ahí hasta que se implementara el acuerdo de paz entre las Farc y el Gobierno.

Hoy, la cifra ha crecido. Ya son 150 los habitantes que duermen en ese campamento citadino que exige paz. Su causa, además de acoger cada día a más personas, ha motivado a diferentes grupos sociales y políticos a apoyar su iniciativa donándoles alimentos.

Jóvenes, abuelos, indígenas, afros y víctimas del conflicto armado son las personas que desde hace 30 días conviven en la Plaza en medio de incomodidades y del frío de la capital. La razón de su permanencia en ese epicentro histórico de protestas es una: evitar que el acuerdo de la Habana se caiga por el golpe que sufrió la paz en las urnas.

Manuel Echavarría, quien fue una de las primeras personas en asentarse en el campamento de la paz dice: “No nos paramos hasta que haya un acuerdo”. El resto de la gente que duerme en la Plaza opina lo mismo. Mientras se toma una decisión respecto a la suerte de los acuerdos firmados en Cuba, los campistas pasan los días discutiendo sobre la realidad del país, cantando y bailando.

Este acto, que no quiere ser otra cosa que un símbolo (de resistencia, de solidaridad, de valor civil), convierte a la Plaza de Bolívar, una vez más, en el espacio por antonomasia para el desahogo.