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Bogotá 4 Ago 2012 - 9:00 pm

Análisis

Una demora más

La entrada en operación de los buses del Sistema Integrado de Transporte, programada para mañana, se postergó cuatro semanas.

Por: Laura Ardila Arrieta Juan Camilo Maldonado
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Estos son los buses zonales que debían empezar a correr por algunas calles de Bogotá. / David Campuzano

A finales de junio, Transmilenio S.A. les envió una carta a los operadores zonales del Sistema Integrado de Transporte Público, (SITP), dándoles precisas “instrucciones” para el “inicio de la operación zonal del sistema”.

Luego de un año y diez meses de tortuoso retraso —cortesía del cartel de la contratación que se robó la plata de la troncal de la calle 26—, la comunicación anunciaba, fecha a fecha, cómo se pondría en marcha gradualmente el sistema que promete revolucionar el transporte público de la ciudad.

Según el cronograma, el “inicio de operación” aparecía planillado para el 6 de agosto, y así se lo hizo saber Transmilenio a la ciudad, a través de un comunicado en el que anunciaba que “la primera semana de agosto” comenzaría la operación zonal del SITP, con 249 buses que recorrerían 13 rutas (entre zonales y complementarias) en 11 de las 13 zonas del sistema.

Era un paso modesto, si se le compara con la complejidad y tamaño del sistema (514 rutas y 12.333 vehículos). Y así debía ser, gradual, para evitar, como se ha dicho numerosas veces, que el cambio traumatice a los ciudadanos y se repita lo sucedido en Santiago de Chile, donde la implementación simultánea de todo el sistema integrado de transporte colapsó la ciudad y casi se lleva a más de un ministro.

Transmilenio se la había jugado con ese cronograma en medio de la lluvia de advertencias —provenientes del Concejo de Bogotá, la Veeduría, la Personería y la Contraloría— de que numerosos elementos del sistema no estaban listos.

Pero la entrada en operación para mañana era un compromiso adquirido con la ciudadanía. Un compromiso cuyo incumplimiento tuvo que ser informado a los ciudadanos, no por Transmilenio, sino por los mismos operadores, que el pasado viernes emitieron un comunicado público.

“Los concesionarios operadores del SITP recibieron la decisión de la administración sobre el aplazamiento de la fecha de inicio de operación del Sistema Integrado de Transporte Público y están a la espera del nuevo cronograma para la implementación”, rezaba la sorpresiva comunicación, y añadía que ya 200 buses y 500 conductores estaban listos para comenzar a operar.

¿Por qué Transmilenio S.A. no le había avisado previamente a la ciudad que el inicio de la operación zonal del SITP se retrasaría cuatro semanas? ¿Por qué dicha entidad ni siquiera acepta que se trate de un retraso y, también en comunicado, escrito horas después del de los operadores, asegura que vienen “dándoles continuidad a los cronogramas”?

Sin duda, se trata de un hecho que evidencia las contradicciones en medio de las cuales se ha desarrollado este proyecto vital para la ciudad. Ejemplo de ello es que mientras Transmilenio asegura que el retraso se debe a que primero debe adelantarse la pedagogía al ciudadano, fuentes extraoficiales entre los operadores y el mismo TM reconocen que los diversos cronogramas de implementación están desfasados, entre esos el de la adecuación del sistema de recaudo en los buses.

La lista de carencias del SITP no es una novedad y pasa por los atrasos en el alistamiento de la flota, pruebas de recaudo en vehículos y control de la operación. De esa manera lo detalla el comunicado de TM.

Ante este panorama, el nuevo aplazamiento puede resultar beneficioso para la ciudadanía y para que la administración termine, por fin, de ultimar los detalles que permitan la entrada en funcionamiento del sistema, según opina Javier Hernández, uno de los estructuradores del SITP.

Sin embargo, la extraña manera en la que supo la ciudad de este nuevo aplazamiento pone sobre la mesa la necesidad de se actúe en este vital proceso sin improvisaciones ni enredos para los usuarios. Y, acaso lo más importante: de cara a la ciudad.

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