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Bogotá 8 Ene 2013 - 8:50 pm

La muerte de los líderes de ‘Los Pascuales’ podría desencadenar una ola de violencia

Una guerra en el silencio

Luego de la balacera del pasado domingo, la zozobra se apoderó de los barrios Cerro Norte y Santa Cecilia, en Usaquén, y reveló que tras los bajos índices de homicidios en la zona se encontraba el imperio de una banda delincuencial de más de 15 años.

Por: Camilo Segura Álvarez
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La balacera que se produjo el pasado domingo en el piqueteadero Mis Paisanos, en la carrera 6 con 162, y la captura en el día de ayer de Carlos Andrés Piñeros Avendaño, uno de los presuntos participantes en el suceso, puso en el centro del debate público el problema de las bandas delincuenciales en los barrios populares del nororiente de la ciudad. Estructuras que han librado guerras y atentado contra la ciudadanía durante los últimos 15 años.

Una reunión para redefinir la estructura del negocio del microtráfico o un reclamo por la utilización del nombre de la banda ‘Los Pascuales’ para ejecutar extorsiones acabó en un cruce de disparos que segaron la vida de Luis Guerrero Rincón, histórico líder de la organización; Mauricio Guerrero, quien había salido hace seis meses de la cárcel; Pascual Guerrero, quien salió hace una semana, y Javier y Mauricio Piñeros, todos, presuntamente, pertenecientes al grupo y a una estructura familiar.

En los barrios La Perla, Cerro Norte, Villa Nidia, Codito y Santa Cecilia, en Usaquén, que tienen más de 40 años de historia, desde hace 15 años, aproximadamente, opera la banda de la familia Guerrero. Vecindarios que inicialmente fueron urbanizaciones ilegales y que crecieron al ritmo de la explotación arenera y la llegada de miles de desplazados, al punto de convertirse en los asentamientos más populosos del norte de la ciudad, son las zonas de acción de este grupo delincuencial.

“Eran obreros conocidos en el barrio, pero poco a poco se fueron volviendo delincuentes. Comenzaron con el robo de bicicletas, luego vehículos, incursionaron en el fleteo por poco tiempo y, hoy, su fuente de financiación es el microtráfico”, cuenta un líder comunal del sector que pidió la reserva de su nombre por razones de seguridad.

Mauricio y Pascual Guerrero, hijos de Luis Alberto Guerrero —uno de los creadores de la banda—, eran los principales jefes de la organización hasta el momento de sus respectivas capturas. Sin embargo, su liderazgo fue puesto en entredicho por sus propios familiares y otras “células” del grupo, que vieron en su ausencia una oportunidad de ejercer poder o de hacer acciones individuales tomando el temido nombre de la banda.

De acuerdo con sus habitantes, no es que los barrios en los que operan ‘Los Pascuales’ estén controlados por la legalidad y la seguridad, como haría creer la cifra revelada por la Policía, según la cual “sólo hubo cuatro muertes violentas durante 2012” en la zona. Ese bajo índice de violencia obedecería a un proceso de “pacificación” liderado por ‘Los Pascuales’, que consistió en pequeñas guerras contra y entre las pandillas emergentes.

‘Los Huesicas’, ‘Los Tarazonas’, ‘Los Melcos’ y ‘Los Piñas’ trataron desde hace siete años de apoderarse del negocio del menudeo de estupefacientes. Esfuerzos infructuosos, pues todas ellas fueron arrasadas o sometidas a control por la banda imperante a comienzos del año 2011.

Y es que el poder de esa banda no estuvo condicionado únicamente por su presencia histórica, también porque, a diferencia de los otros grupos, que contaban como máximo con 30 miembros, ‘Los Pascuales’ suman en la actualidad 180.

Tal es el poder de la banda, que ya ha extendido sus tentáculos al barrio Verbenal, en inmediaciones de la calle 170 entre la carrera 7ª y la Autopista Norte. Allí, según cuentan miembros de la Junta de Acción Comunal, operan a través de una organización satélite llamada ‘Los Jiménez’, también dedicada al microtráfico.

De acuerdo con una de las versiones preliminares de la Policía sobre las causas de lo ocurrido el pasado domingo, una banda satélite llamada “Los Luisitos” estaría ejecutando extorsiones a nombre de ‘Los Pascuales’ desde hace dos años (cuando terminó “la pacificación”) y con mayor fuerza desde la entrada a prisión de los hermanos Guerrero. Situación que no habría caído muy bien en la cúpula “histórica” de la banda.

Ahora hay mayor temor en la población, pues podría venir una guerra entre ‘Luisito’, jefe de la banda que lleva su mismo nombre, y la viuda de Luis Guerrero, quien se presume heredaría todos los contactos y las redes que logró mantener su esposo. Más aún cuando la Policía se siente maniatada, pues, a pesar de saber que los miembros de la familia Guerrero Avendaño siguen con el control del grupo criminal, no existe una orden de captura en su contra.

Incluso, el temor se extiende a los policías que patrullan la zona, el cuadrante 42. Doce patrulleros que en tres turnos van a tener que sobrellevar los próximos enfrentamientos o, como ellos mismos dicen, hacer lo que tocaba hace dos años, subir “noche de por medio a recoger cadáveres”.

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