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Bogotá 17 Nov 2012 - 3:22 pm

La verdad sobre 'La Rebeca'

Por: Juanita Monsalve
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    http://www.elespectador.com/noticias/bogota/verdad-sobre-rebeca-articulo-387621
    http://tinyurl.com/bgwzwfh
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La tarde del 2 de marzo de 1964, justo después de cumplir con su sagrada rutina de tomarse un tinto, el artista plástico quindiano Roberto Henao Buriticá falleció sorpresivamente en su casa en Bogotá. Tenía en ese entonces 67 años y debido a una situación económica compleja y algunos problemas de salud, vivía con su primo Raúl Buriticá y su familia en la capital.

Pocos medios de comunicación registraron la muerte del artista plástico más conocido que ha dado Armenia. Sin embargo, tres días después de su deceso, el 5 de marzo de 1964, El Espectador dedicó una página entera a recordarlo. Irónicamente, en ese texto que buscaba hacerle un homenaje se lo condenó a ser recordado por algo que no hizo.

Hace 48 años, desde El Espectador, se fundó un error histórico: un periodista, seguramente sin malas intenciones, dijo que Roberto Henao Buriticá era recordado por ser el creador de La Rebeca, una famosísima escultura de Bogotá. Al año siguiente la historiadora Carmen Ortega Ricaurte citó dicho artículo en su Diccionario de artistas en Colombia y después todo el mundo siguió repitiéndolo hasta convertirlo en verdad.

El 19 de julio de 1926 fue emplazada en la fuente central del Parque del Centenario, durante un evento nocturno al que asistieron el presidente Pedro Nel Ospina y el ministro de Obras Públicas, Laureano Gómez.

Durante años, La Rebeca sirvió de punto de encuentro y de ícono para la ciudad. En su pileta nadaban gansos y patos y al fondo le hacían compañía Monserrate y el templete del Libertador, hoy ubicado en el Parque de los Periodistas. Igualmente, en el lugar se podían ver bustos de Juan José Rondón, Atanasio Girardot y José María Córdoba, elaborados por Francisco Antonio Cano en 1926, y dos esculturas de un “niño con un delfín o un cisne” y 16 sapos que botaban agua por la boca.

La náyade de San Diego es, desde su primer día, una pieza que ha dado de qué hablar. La revista Fantoches reprodujo, una semana después de la inauguración de las mejoras al parque, una conversación de varias mujeres indignadas por la desnudez de la escultura en plena vía pública y a la vista de los niños. Incluso, ya en los años 70, El Espectador celebró los 50 años de la pieza con una fotografía de gamines bañándose junto a la dama de mármol vestida con corsé y sombrilla. La Rebeca le ha dado nombre a una revista, una galería de arte, un parqueadero, una panadería; ha sido imagen de discos, libros y hasta una estampilla; ha inspirado a una estatua humana y a réplicas malogradas como una en Pereira y otra en Durania, Norte de Santander, donde la creatividad fue tal que sirvió de musa para un “Rebeco”. Incluso alcanzó nivel protagónico, como si fuera una actriz más, en Agarrando pueblo, una película de Luis Ospina y Carlos Mayolo.

En 1958, La Rebeca fue trasladada 20 metros, a un espacio sobrante que el alcalde Mazuera delegó para ella. Una decisión que indudablemente le trajo como consecuencia la indiferencia.

En la Familia Buriticá se recuerda con orgullo al maestro Roberto Henao Buriticá. Incluso, en la mayoría de las casas se exhiben algunas pinturas que el artista pintó en su taller ubicado en la avenida Bolívar de Armenia. Sin embargo, además de la escultura del Libertador que adorna la plaza mayor de la misma ciudad, poco o nada se hablaba en la familia acerca de otras piezas escultóricas elaboradas por el artista.

Mientras, otra familia de apellido Ricci lleva años tratando de hacerle saber a todo el mundo lo que su tradición oral había conservado durante tres generaciones: que La Rebeca tenía que ver más con ellos que con el artista quindiano. Sin embargo, no tenían documentación que certificara lo que bien sabían. La abuela, Margarita Ema Venturoli, al quedar viuda de Tito Ricci y contraer segundas nupcias, quemó todo, incluidos los registros del negocio del “Nono”: la Marmolería Italiana.

El Parque del Centenario desapareció en 1958, cuando se ejecutó la ampliación de la calle 26. Antes ocupaba un pequeño espacio rectangular donde hoy se erigen los puentes de esta misma calle, entre las carreras Séptima y la 13. Este lugar fue creado en 1883 para conmemorar los cien años del nacimiento de Simón Bolívar, y sus mejoras, en 1926, fueron lideradas por Laureano Gómez. El futuro presidente de la República también ocupó un papel determinante dentro de las muchas ficciones que se han contado alrededor del monumento.

Según la tradición, Gómez eligió la pieza en el mismísimo taller de Henao Buriticá, en París. Sin embargo, ningún biógrafo de Gómez registra un viaje a Europa por esa época. De hecho, la única vez que el ministro había salido del país fue rumbo a Chile y Argentina, entre 1923 y 1925. A Europa sólo logró ir hasta 1930, y durante su leve período como Ministro nunca dejó el país.

Por el contrario, es bien sabido que fue Gómez quien lideró las mejoras al Parque del Centenario, de la mano de los ingenieros Arturo Jaramillo Concha y Roberto Martínez Romero. Además, la selección de las piezas escultóricas emplazadas ese año hace pensar que definitivamente tuvo mucha participación en el asunto. Laureano Gómez, abiertamente enemigo del arte moderno, eligió piezas neoclásicas en una época en la que el arte estaba evolucionando, cuando ya Rómulo Rozo había esculpido la Bachué y Andrés de Santa María había encontrado su estilo moderno. Así, en Colombia el Estado envió un mensaje a los artistas e intelectuales al insistir en el arte neoclásico como el estilo aprobado y apoyado por él.

En 1934 las revistas Cromos y El Gráfico registraron el regreso de Roberto Henao Buriticá al país, luego de haber vivido en Europa por más de 15 años. En ambos artículos, escritos por J. M. Álvarez Dorsonville y Adel López Gómez, respectivamente, se enumeraban los grandes triunfos de Henao Buriticá en el Viejo Continente, sus premios y reconocimientos y las piezas más importantes que ejecutó en el exterior. Sin embargo, ambos textos tienen algo más importante en común: ninguno nombra a La Rebeca.

Igual sucedió con ella. En 1926 cuando Cromos y Fantoches presentaron las mejoras del Parque del Centenario, hablaron de La Rebeca pero no nombraron ningún autor. ¿Por qué una pieza que dio tanto de qué hablar no fue nombrada entre los triunfos de Henao Buriticá? ¿Por qué un artista educado en París no fue explotado como objeto de orgullo por el Ministerio de Obras Públicas?

Hasta el sol de hoy, todo han sido elucubraciones. Pero un documento de reciente aparición le ha dado una vuelta de tuerca a la historia oficial.

En el Archivo General de la Nación reposa un contrato del Ministerio de Obras Públicas de 1926 firmado por el ministro y el presidente. El documento dice que “el contratista se compromete a ejecutar y colocar por su cuenta y riesgo, en el lugar que le sea indicado, una estatua artística denominada ‘Rebeca’, de mármol blanco de Carrara (Italia) cuya altura, desde la base hasta la extremidad superior es un metro con sesenta centímetros. La estatua arrodillada tiene en la mano derecha un ánfora y en la izquierda una concha marina en posición de recoger agua del estanque. La base está adornada con flores de loto”.

El documento, firmado el 6 de mayo de 1926, contrata a Luis Luchinelli, apoderado de la Marmolería Italiana de Tito Ricci, para ejecutar la obra en un lapso de dos meses y un costo de 500 pesos. Además incluye una cláusula que determina exención de impuestos de aduana, aunque no especifica si por el puerto entrará La Rebeca como roca de mármol o como escultura.

Igualmente, a la Marmolería Italiana se la contrató para la ejecución de los dos “niños con un delfín o con un cisne”, 16 sapos, gradas y brocales, por supuesto, todo en mármol de Carrara.

Rebeca logró convertirse en un ícono de Bogotá antes de contar con un autor. Igualmente, Roberto Henao Buriticá alcanzó su espacio en la historia del arte colombiano sin habérsele adjudicado La Rebeca. Ella no perderá su importancia a pesar de ser ahora una pieza elaborada en un taller de marmoleros donde se desconoce quién fue exactamente la persona que la esculpió. Igualmente, él no dejará de ocupar el lugar privilegiado que tiene en el Quindío, lugar donde un museo lleva su nombre. Y todo ello con el alivio adicional que constituye el haber enderezado un error histórico.

* Este hallazgo es el resultado del trabajo de grado de Juanita Monsalve, una joven periodista y maestra en artes visuales de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. El tema se le volvió una obsesión porque Henao Buriticá era primo de su abuelo, aunque apenas hace unos años se enteró de que La Rebeca era supuestamente obra de él.

El deterioro de ‘La Rebeca’

‘La Rebeca’ está en un avanzado estado de deterioro. A pesar de que hace diez años se le realizó una costosa restauración, le faltan mantenimientos frecuentes. Es bien sabido por el Instituto Distrital de Patrimonio, entidad encargada del patrimonio cultural material inmueble de Bogotá, que la escultura tiene una fisura interna. Además, la inclemencia del ambiente le ha producido un hongo conocido como “Cáncer del mármol” y el humo del diésel de los buses alteran su color. En Patrimonio, pese a las buenas intenciones, rechazan la opción de ingresarla a un museo y dejar en la calle una réplica en resina, como sucede en Europa.

 

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