Día Internacional de la Danza

La ciencia detrás del baile

Científicos aseguran que el baile no es sólo un ritual para cortejar y llamar la atención de otras personas, sino también para sentirse parte de un grupo determinado y experimentar grandes dosis de felicidad.

El baile está presente en todas las culturas y el ser humano es el único animal que lo festeja.Wikipedia

Uno de los mensajes de la película Dirty Dancing es que los pasos de una coreografía se pueden aprender. Pero “cada uno tiene su manera natural y espontánea de bailar, imposible de fingir”, asegura a Sinc  Nick Neave, investigador de la Universidad de Northumbria (Reino Unido). “A través de estos movimientos, emitimos señales muy honestas sobre nuestro estado físico y emocional al sexo opuesto y a los posibles competidores”, añade. 

El trabajo de Neave y su equipo parte de que, en el reino animal, la danza del macho es un claro indicador de su fuerza, tiempo de reacción y calidad del sistema esquelético y nervioso. Los hombres demuestran su fuerza física y las mujeres su potencial reproductivo.

Para investigar qué movimientos resultan más atractivos en ambos géneros, Neave reclutó a hombres y mujeres y los puso a bailar al ritmo de música pop. Digitalizó sus movimientos, los transformó en avatares en 3D sin rasgos físicos reconocibles y buscó voluntarios del sexo opuesto que valoraran la actuación. “De esta manera, las personas que evalúan a los bailarines no se distraen con su aspecto, ropa, etnia… solo se fijan en el movimiento”, aclara el experto. De sus publicaciones se deriva la receta de cómo ser el rey y la reina de la pista. 

Cómo mover el cuerpo para llamar la atención de alguien

Si usted es un hombre y desea ser apreciado como un buen bailarín debe saber que las mujeres se fijan sobre todo en la parte superior de su torso, es decir, en la velocidad, la variabilidad y el alcance de los movimientos de su cabeza, cuello y hombros. “En general, los hombres fuertes bailan mejor”, expone Neave en la revista Biology Letters. 

Pero no se trata solo de fuerza bruta, la danza masculina también refleja cualidades personales, como ser más o menos extrovertido, agradable o estar interesado en la búsqueda de nuevas emociones. Según matiza el investigador británico, “el objetivo no es solo atraer a las mujeres, sino demostrar al resto de varones la confianza en uno mismo y la dominancia sobre los demás”. 

Respecto a las mujeres, su éxito en la pista de baile se mide por sus caderas. En la investigación los movimientos femeninos que fueron mejor evaluados por los hombres fueron el balanceo de caderas, un movimiento asimétrico de muslos y uno intermedio de brazos. “Esta asimetría entre brazos y piernas podría tener significado biológico”, apuntan los investigadores en el trabajo publicado en Scientific Reports. 

Somos más sociables gracias al baile 

La música y la danza están presentes en los rituales de todas las culturas humanas conocidas. “El baile es un lenguaje, una expresión que emerge de una comunidad. […]. Si te sabes los pasos significa que perteneces al grupo”, expone la coreógrafa afroamericana Camille A. Brown en una charla TED.

De las coreografías de los esclavos africanos que fueron enviados a Norteamérica al hip-hop de los años 90, pasando por el Charleston y el Lindy hop, ¿por qué bailamos? “Para movernos, soltarnos, expresarnos. ¿Por qué bailamos juntos? Para curarnos, para recordar, para decir 'nosotros hablamos la misma lengua. Existimos y somos libres”, relata Brown. 

“La búsqueda de pareja casi siempre parasita otros mecanismos que ya existen", afirma a Sinc el experto en psicología evolutiva  Robin Dunbar. "Respecto al baile, parece que su función primera fue la de cohesión social y luego el cortejo”. El equipo de Dunbar investiga en la Universidad de Oxford (Reino Unido) la función social de la danza, es decir por qué el baile nos hace sentir bien y más cercanos a quienes se mueven con nosotros. 

“Bailar dispara el sistema de endorfinas del cerebro y genera una sensación de calidez y calma que te hace sentir más cercano a la gente que danza contigo”, sintetiza Dunbar. Esta percepción de afinidad ya aparece cuando coincidimos con alguien haciendo algo tan simple e inevitable como seguir con el pie, la cabeza o el dedo un ritmo que oímos. 

Según un estudio publicado en Ethology, el baile, una forma de sincronización y ejercicio físico que dispara las endorfinas, habría sido la solución evolutiva a esta necesidad de "acicalar a distancia" y a varios individuos a la vez, para cohesionar una red social cada vez mayor. 

Desde ese momento en el que el grupo de primates se amplió hasta ahora, los seres humanos habrían bailado juntos, en grupo, cada vez que surgía la ocasión. “Las danzas para provocar el trance en las sociedades cazadoras-recolectoras y los corros de estilo Zulú son las formas más clásicas que conocemos”, asevera Dunbar. 

En nuestra sociedad moderna, los tipos de baile han cambiado, pero siguen estando presentes. Johnny Castle enseñaría ahora swing, Zumba u organizaría flashmobs en vez de dar clases de bailes de salón en un hotel de verano. “Anímese y disfrute bailando, ¡Todo el mundo puede hacerlo! –aconseja el investigador–. Le hará sentir mejor y le ayudará a hacer amigos, hecho que tiene más efectos beneficiosos sobre su salud, felicidad y longevidad que cualquier otra cosa”.