Los espermatozoides tienen células “guardaespaldas”

Una nueva investigación demostró que en el sistema inmune del cuerpo hay células exclusivamente dedicadas al cuidado de los mismos.

La pregunta que guió a los investigadores tiene que ver con las complejas relaciones entre el sistema inmune y la producción de nuevos espermatozoides en el cuerpo del varón.iStock

Nadie puede negar la importancia de los espermatozoides. Por eso se almacenan a una temperatura distinta a la del resto del cuerpo en los testículos o cuentan con un “casco” resistente llamado acrosoma que les permite perforar las paredes de los óvulos. Ahora resulta que, además, existen células del sistema inmune que se encargan de protegerlos, cual guardaespaldas con un importante dignatario. 

La investigación, publicada en el Journal of Experimental Medicine nació de una pregunta lógica cuya repuesta es esquiva. Si los espermatozoides son cuerpos que comienzan a aparecer muchos años después del nacimiento de un hombre, ¿por qué no son atacados y destruidos por el sistema inmunológico? Los investigadores del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia (CNRS) encontraron que la respuesta se encuentra en un tipo de células macrofagas de los testículos.

Este tipo de células se producen en la médula ósea, al igual que el resto de células que conforman el sistema inmunológico del cuerpo. Guiados por Michael Sieweke, del Centro de Inmunología de Marsella-Luminy, el equipo investigador diseñó unas moleculas especiales que se adhirieron a estas células macrofagas, y de esta manera, las siguieron en su recorrido desde la médula hasta los túbulos seminíferos en los testículos, donde se fabrican las células reproductoras masculinas.

Lo que encontraron fue que allí, “estas células protegen a los espermatozoides produciendo moléculas que impiden que otras células del sistema inmune entren en los testículos y las aniquilen”, según reportó el diario El País de España. de acuerdo con la investigación, este tipo de macrófagos se empiezan a producir, al igual que los espermatozoides, en la pubertad y una vez entran en los testículos, siguen a los espermatozoides a todos lados para evitar su destrucción.

Pero estas células no son los únicos “guardaespaldas” de los espermatozoides. De hecho, en 1865 el médico italiano Enrico Sertoli descubrió las células que llevan su nombre, células de Sertoli, ubicadas en los túbulos seminíferos, el lugar de los testículos donde se producen los espermatozoides. 

Sertoli descubrió que estas células actúan como una muralla entre los túbulos seminíferos y el torrente sanguíneo y de esta manera evita que sustancias no deseadas puedan llegar hasta las espermatogonias (precursoras de los espermatozoides); pero además bloquean el acceso del sistema inmune, para evitar que reconozca a los nuevos espermatozoides como a un posible antígeno y que quiera destruirlos.