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Cultura 24 Ago 2013 - 9:00 pm

Con motivo de los 90 años de Álvaro Mutis

Álvaro Mutis: literatura en perpetuo movimiento

Entre la poesía y novelas como ‘Amírbar’ e ‘Ilona llega con la lluvia’, el autor colombiano ha construido algunos de los momentos más destacados de la literatura nacional.

Por: Mario Barrero Fajardo * ESPECIAL PARA EL ESPECTADOR
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La celebración de los noventa años del nacimiento de Álvaro Mutis brinda una nueva oportunidad de valorar el conjunto de su producción literaria. Una obra que, concebida desde mediados del siglo XX hasta el presente, constituye un referente obligado en el marco de la literatura hispanoamericana contemporánea.

Aunque miembro tangencial, como él mismo lo ha señalado en numerosas oportunidades, del grupo poético conformado en torno a la revista Mito, su producción poética puede asumirse como afín al postulado que sus contemporáneos vislumbraron a mediados del siglo pasado como el principal derrotero para renovar la tradición literaria colombiana: “La restauración de la palabra”. Una restauración, tanto en términos estéticos como éticos, que Mutis asumió en un primer momento como una indagación respecto a los posibles de la palabra poética en su intento por transmitir al lector aquellas obsesiones y fantasmas que suelen habitar la imaginación del poeta.

Este ejercicio exploratorio lo condujo en sus primeros poemarios al aparente callejón sin salida de concebir el quehacer poético como “un trabajo perdido”, en la medida que no lograba asir lo trascendente que el creador intuía como fundamento de la poesía.

Pero de forma paralela a esa exploración concibió una voz poética que le permitió entrever desde otra perspectiva los avatares de la creación. Dicha voz respondió al nombre de Maqroll, y desde muy pronto fue asociada a un oficio específico: el de gaviero.

Hijo de las lecturas del joven Mutis de autores como Conrad y Melville, y de los viajes que en su infancia realizó en barco entre los puertos de Amberes y Buenaventura, Maqroll el Gaviero le sirvió a Mutis para concebir un tipo de poeta particular: aquel que, como el marino asignado a la gavia en los barcos de vela, puede otear el horizonte y entrever los vientos y tormentas a los que se enfrentará la nave a lo largo de su recorrido. Pero un poeta, un “ojo avizor”, que no olvida que es “uno más de la manada”, por lo que de tarde en tarde desciende de su posición privilegiada y le transmite al resto de la tripulación sus visiones.

Esta voz poética ayudará a Mutis a salir del callejón de los “trabajos perdidos” y se convertirá en referente obligado de su obra poética, al punto que desde hace cuatro décadas el conjunto de ésta recibe el nombre de ‘Summa de Maqroll el Gaviero’. Y mediante esta alternativa escritural el autor colombiano inscribirá su obra en una tradición como la de la heteronimia poética, aquella opción creativa de concebir diferentes voces poéticas por parte de un mismo autor, emparentando a Maqroll con las criaturas poéticas de poetas que lo antecedieron como Valéry Larbaud, Fernando Pessoa, Antonio Machado y León de Greiff, o contemporáneos suyos como Eugenio Montejo y Juan Gelman, entre otros.

El aludido universo poético tendrá su prolongación, pero ahora en el ámbito de la narrativa, con las novelas y relatos publicados por Mutis desde 1986 y agrupados a la fecha bajo el título de Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero.

En este ciclo de narraciones no desaparecen las indagaciones sobre los límites del quehacer escritural, pero desde la perspectiva de “un marinero en tierra”, visitante asiduo de decadentes puertos y de la siempre añorada “tierra caliente” americana, que ofrecerá una visión del mundo contemporáneo signada por el paradigma de la desesperanza. De aquella lucidez que le permite entrever todas las vicisitudes del sujeto moderno que se debate entre ajustarse a un “deber ser”, que tarde o temprano se le convierte en un plural de cárceles culposas de su existencia, o asumir una opción vital que se agota en la exaltación de los sentidos en un “aquí y ahora” y que de tarde en tarde le ofrece la opción de descubrir unos contados pares a los que puede asumir como sus semejantes.

Este deambular maqrolliano por los feudos de la narrativa también está emparentado con el primer ciclo narrativo concebido por Mutis entre los años 60 y 80.

Allí aparecen desde propuestas autobiográficas como el Diario de Lecumberri hasta experimentaciones formales como el atípico guión de La mansión de Araucaima: Relato gótico de tierra caliente. Y, sobre todo, alternativas escriturales como La muerte del estratega o El último rostro mediante las cuales Mutis ha emprendido la fuga hacia tiempos pretéritos como los últimos años de la gestas de independencia americanas o las intrigas político-religiosas de Bizancio. No con la intención de recrear de manera fiel dichos períodos históricos, sino como evocaciones a través de las cuales ha cuestionado el mundo contemporáneo, respecto al que siempre ha sentido un profundo fastidio, pero en el que le correspondió vivir y escribir sus poemas, relatos y novelas. Un universo literario siempre en movimiento, de manera afín a la siguiente “sentencia de almanaque” que Maqroll escribió en las paredes de La Nieve del Almirante, tienda ubicada en lo alto de la cordillera en la que pasó una entrañable temporada en compañía de Flor Estévez: “Sigue los navíos. Sigue las rutas que surcan las gastadas y tristes embarcaciones. No te detengas. Evita hasta el más humilde fondeadero. Remonta los ríos. Desciende por los ríos. Confúndete en las lluvias que inundan las sabanas. Niega toda orilla”.

* Profesor asociado del Departamento de Artes

 y Humanidades de la

 Universidad de los Andes.

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jucemahi

Dom, 08/25/2013 - 10:50
En qué quedó escandalo económico en que se ve envuelto......en el olvido¿¿¿
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El Rejugao de Dosbocas

Dom, 08/25/2013 - 09:32
Los intereses económicos tienen en crisis a la literatura. Y es que, con propósitos económicos, es imposible escribir un buena obra literaria, cosa que también ocurre con las canciones. En la práctica, una novela y una canción son dos historias interesantes contadas al modo de sus autores, cosas que pierden el sabor si hay dinero de por medio, y por eso las mejores obras están basadas en cosas reales, vistas o sabidas por los creadores. Si desean leer una historia vieja y pobre, pero original y basada en hechos reales, lean la Entrada titulada EL COMIENZO DE UNA HISTORIA DE ESPANTO Y MISTERIO del blog. http://eduardodavidlopezespinosa.blogspot.com/
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pebeco

Dom, 08/25/2013 - 07:45
Porque muchos de nuestros grandes intelectuales y artistas viven en el extranjero? ¿Sera el síndrome de Porfirio Barba Jacob? ¿O que Colombia es un pais de "roscas" en el que surgir es dificil o imposible? La pintura la manejan cuatro señoras de la "hig class". Es meritorio lo que tratan de hacer ..... pero poco saben de su oficio. Botero? García Marquez? Mutis? Vallejo? ...... de ello se deprende que este es un país clasista a donde se accede a la fama solo por mentores de la alta rosca ....... solo como el caso de Jacanamijoy por Pastrana........Que sabe Cesar Gaviria o su digna esposa de pintura? Frecuentó ella los circulos de Juan Gris, Picasso, Matisse, Rouault en el París del pasado siglo?
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pebeco

Dom, 08/25/2013 - 08:07
Saben tanto de arte como de los artistas que, como ejemplo, una importante periodista y crítica de arte nunca leyó los estudios de Johnatan Petropulus y muchos más sobre Karl Buchholz... sí el de la librería en la Jimenez con octava....quien con Curt Valentin abrieron en NY galerías de Arte y fueron encargados con otros caballeros alemanes de postín, de vender en USA la pintura moderna que fué robada a los judios que fueron detenidos o vendida apresuradamente a precio de gallina flaca por los mismos judios y declarada por los Nazis como decadente. Por ello. estos señores, ganaron jugosas comisiones En esta operación fueron trasladados a USA millares de cuadros de la mejor pintura moderna y vendida a los mejores museos de Arte Moderno en USA ...... esos son nuetros expertos
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