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Cultura 17 Nov 2012 - 3:22 pm

Ha dirigido las principales orquestas inglesas y viene a Colombia

Del orfanato a director de orquesta

El próximo 25 de noviembre se presentará en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo. Lo entrevistamos en Londres.

Por: Sandra Martínez / Especial para El Espectador
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Vartan Melkonian dirigiendo este año la Royal-Philharmonic-Orchestra. / http://vartan-melkonian.com

A cuarenta minutos del norte de Londres está Hertfordshire, un condado inglés, famoso por sus pintorescas villas y su tranquilidad. La cita es en el bar de Bedford Arms, una casa tradicional inglesa convertida en un hotel boutique. Por estos días Vartan Melkonian está grabando música antigua, justo al lado de este lugar.

Vartan ordena un té y se sienta al frente de la ventana que da a la carretera. Irradia una profunda tranquilidad. Su esposa, una joven eslovaca, tiene que irse. No hay nadie más en el bar. Lleva cuarenta años en Inglaterra y aún tiene el acento fresco de un extranjero que acaba de llegar.

Su vida parece tomada, literalmente, de un libro de ficción. Cuenta que sus padres, armenios de nacimiento, fueron llevados a un campo de refugiados en el Líbano por los franceses. Huían del exterminio que sufrió su comunidad por el imperio otomano entre 1915 y 1923. Pero su madre murió cuando él tenía tres años y su padre lo abandonó. “No recuerdo absolutamente nada de este campo, lo único que conservo de esos días es la partida de bautizo, porque los armenios fueron los primeros en declarar al cristianismo como la religión oficial del Estado, y esta partida era más importante que el mismo certificado de nacimiento, que por cierto, jamás tuve”, explica. De su madre dice que sólo tiene el recuerdo de estar abrazándola muy fuerte. “Estaba muy asustado por algo y yo estaba aferrado a sus piernas, no la soltaba, pero no recuerdo nada más”, dice.

Los huérfanos armenios eran llevados a un orfanato en Biblos, en el norte de Líbano, llamado Bird’s Nest (Nido de Pájaros). El orfanato estaba dirigido por María Jacobsen, una mujer danesa que recibió un mensaje divino que le decía que abandonara la vida que llevaba en ese país europeo para ir a ayudar a los niños desamparados en Oriente Medio. “Aquí vivíamos bien, teníamos el privilegio de usar sandalias los domingos, cantábamos en la misa. Ella nos brindó todo su amor y cariño, y yo la llamaba mamá”, relata.

Sin embargo, a los ocho años los niños tenían que dejar el orfanato, obligatoriamente, y empezar a trabajar en el ejército haciendo todo tipo de oficios. “Pero mi espíritu nómada no me permitió irme a trabajar a una institución. Así que tomé el tren y a la mañana siguiente estaba en medio de Beirut”.

Fue así como comenzó su vida, solo en las calles, con problema del lenguaje, comiendo de los residuos de la plaza de mercado, cantando villancicos en las esquinas, mirando durante horas los barcos que llegaban al puerto. “Para la gente del común ver que se oculta el sol es un placer, pero para mí el atardecer era el peor momento del día, el cielo se volvía púrpura, las calles oscuras, el mar también, y yo no sabía a dónde ir, no tenía una casa para ir a dormir”, recuerda.

A los 18 años el joven Vartan trabajaba en un taller de mecánica en Basta, en el occidente de Beirut. Un día un hombre vino para que le arreglara una de las llantas. “Yo comencé a hacer mi trabajo mientras cantaba. El hombre me estaba mirando con un profundo interés y observaba todo, el colchón donde dormía, el lugar lleno de grasa, todo. Por un momento pensé que era un policía. Y luego me ofreció algo que me cambió la vida completamente”, dice.

Aquel hombre era Khalid Sugary, un músico que tenía una banda que tocaba en un club árabe llamado Fontana y le propuso irse a trabajar con él. “Y allá terminé usando la chaqueta de este hombre, que me quedaba gigante, y una guitarra eléctrica que me daban como parte del show, porque no tenía la menor idea de tocar”, dice entre risas. Fue su primer contacto con la música occidental, y aquí aprendió a cantar canciones de Elvis Presley, sin entender ni una sola palabra.

Pero la Guerra Civil comenzó en Líbano y Vartan tenía claro que se iría a Europa.

En 1972 empacó su maleta y se fue. “Pensé en irme a Francia porque Líbano era una colonia francesa, pero vine a Inglaterra por un mes y terminé quedándome”, explica. Aquí se ganó una audición para trabajar en Northern Clubs. De allí, gracias a un agente local, pasó a trabajar en los clubs más prestigiosos del West End de Londres y se convirtió en cantante y productor. “Para muchos suena como un milagro, pero cuando lo tomas en contexto, han sido años de años de esfuerzo, de madrugar a trabajar limpiando casas, para luego tocar en las noches en los bares y, después, seguir practicando y estudiando en casa”, dice, y continúa: “Estoy convencido de que si tienes la determinación de ser una mejor persona en la vida, el mundo te ofrece miles de oportunidades y tienes que estar atento para tomarlas”.

A los catorce años, cuando trabajaba limpiando un lugar donde la gente fumaba opio, prendió un radio. Por casualidad sonó una melodía que lo dejó literalmente sin aliento, que lo hizo llorar y que jamás olvidó. Veinticinco años después la volvió a escuchar en un programa de televisión de la BBC, llamó de inmediato a un amigo y le preguntó el nombre de la melodía. El amigo le dijo: Vartan, eso es la Novena sinfonía de Beethoven. “Así que la música clásica siempre estuvo dentro de mí y tenía que salir a flote, en algún momento”, dice.

En 1985 dirigió por primera vez una orquesta de música clásica. “Cuando dirigí la Royal Philharmonic Orquestra en un estudio pensé que me iba a morir, sudé, las manos me temblaron, el corazón no dejaba de palpitarme, tenía mucho miedo de fracasar”, dice. Luego, lentamente, empezó a moverse en ese círculo y comenzó a componer sinfonías: tiene una llamada Impresiones de Omán, que dura cincuenta y cinco minutos, y a dirigir a las principales orquestas de Inglaterra y del mundo. “Realmente me siento muy mal, apenado, cuando estoy con ellos, porque son unos músicos grandiosos, muy disciplinados, han estudiado años en una academia y yo jamás he estado en una. Estar al frente de ellos y dirigirlos es aterrador y ellos piensan que soy un gran maestro porque he roto las reglas, ¡pero es que yo ni siquiera sabía cuáles eran las reglas!”, dice.

Al comienzo, Vartan jamás hablaba de su pasado. Muchos periodistas especulaban que debía haber crecido en un medio muy privilegiado y estudiado en los mejores conservatorios y a él no le interesaba salir a desmentirlos. Hasta que el 15 de abril de 2005 abrió una fundación para ayudar a los niños de la calle y decidió que era tiempo de contar su historia. “Fue muy difícil porque venir de las calles de Beirut y terminar dirigiendo una orquesta en Londres sonaba como algo fantástico, pero luego sentí un gran alivio”, confiesa.

Vartan, que desde 2010 es patrón del Consorcio para niños de la calle y embajador de la misma causa en Naciones Unidas, estaba en marzo de este año en la Cámara de los Comunes hablando sobre la nueva resolución creada para proteger a los niños que viven en condiciones difíciles. Allí estaba el embajador de Colombia en el Reino Unido, Mauricio Rodríguez. Comenzaron a hablar y Vartan se interesó profundamente en el país, empezó a leer y a enterarse sobre lo que pasaba a este lado del océano.

“Hay un nuevo espíritu en Colombia. Las historias que siempre habíamos escuchado sobre este país están cambiando. Estuve siguiendo de cerca las conversaciones que el Gobierno inició con las Farc en Noruega y creo que es algo histórico. Ningún país en el mundo está en ese lugar en este momento. Después de cincuenta años de conflicto, ambas partes se sentaron a hablar, tienen cosas que decirse y tienen que escucharse. Y es tan extraordinario lo que está pasando que quiero ver cómo puedo contribuir”, dice. Melkonian se reunirá con el presidente Juan Manuel Santos y tiene una agenda programada, que por ahora prefiere mantener en reserva. También, dice, que irá a visitar Cartagena.

El músico llegará hoy al país y el concierto que ofrecerá se llevará a cabo el próximo 25 de noviembre en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo de Bogotá. El programa incluirá la Sexta sinfonía de Beethoven, la Sinfonía cuarenta de Mozart, y dos piezas de su creación: una muy corta llamada La luna y yo somos vecinos, inspirada en el folclor libanés, y Amjad-La sinfonía del agua, que escribió para llamar la atención sobre la escasez de agua potable en los países en vía de desarrollo y que tocará por primera vez en un concierto abierto al público.

Cae el sol en Hertfordshire, el cielo está púrpura, el viento sopla fuerte. Vartan se siente tranquilo, tiene que ir a trabajar unas horas más, pero ahora tiene un lugar para llegar, una familia a la cual amar y su pasión por la música lo ha llevado hasta lo más alto que se puede alcanzar.

El concierto del 25 de noviembre en el Teatro Mayor

 

Vartan Melkonian llega este domingo a Bogotá y el domingo 25 de noviembre, a las 11:00 a.m.  en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, dirigirá la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia, en un concierto en el que interpretarán la ‘Sexta Sinfonía’ de Beethoven, la ‘Sinfonía 40’ de Mozart y ‘The Moon and I are Neighbours’ y ‘Water Symphony’, autoría del mismo Melkonian. La boletería está disponible a 10 mil, 20 mil, 30 mil y 40 mil pesos. Melkonian dirigió comerciales de televisión para prestigiosas marcas y videoclips como “No easy walk to freedom”, en favor de la liberación de Nelson Mandela.

Desde mediados de los años 80 ha dirigido importantes orquestas europeas, como la Royal Philharmonic Orchestra, la London Symphony Orchestra y la London Philharmonic Orchestra, entre otras.

Más información: http://www.teatromayor.com/

Tel. 3779840

 

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