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Cultura 27 Dic 2012 - 6:42 pm

‘Instant: the story of Polaroid’

La revolución instantánea

En este libro, Christopher Bonanos narra la historia de una compañía y su fundador, que cambiaron para siempre el panorama de la fotografía.

Por: Santiago La Rotta
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El mito fundacional de una compañía que llegó a vender dos mil millones de dólares al año fue la pregunta de una niña. La historia acerca de cómo Polaroid llegó a ser Polaroid nació en unas vacaciones familiares, en un paseo por la playa: “¿Por qué no puedo ver la foto ya, papá?”.

En justicia, el relato de cómo Edwin Land tuvo la idea de crear una cámara fotográfica que revelara la imagen en un instante puede ser ligeramente apócrifo. Hasta hoy, la veracidad de esta historia continúa en entredicho: la pregunta de pronto se la hizo Land a sí mismo, tal vez ni siquiera estaban en la playa. Lo que siguió, sin embargo, es una proeza científica sin mayores paralelos, que transformó por completo una forma cultural. La fotografía antes y después de Polaroid, quizá.

Es posible que suene contradictorio, casi un imposible, pero de cierta forma Land podría ser el precursor de la fotografía digital. En últimas, una imagen digital es una imagen instantánea, como anota Christopher Bonanos en Instant: the story of Polaroid, un libro que narra el ascenso y la caída de una de las grandes industrias de todos los tiempos. La contradicción resurge al observar cómo el auge de la era digital terminó por acabar con una empresa que, más que accesorios para hipsters, colaboró en la creación de aviones espía y equipos militares, además de inventar el primer filtro polarizador de la historia, entre otras cosas.

Como otros grandes genios, Land logró sintetizar su idea, dibujar el primer borrador de su invención, en unos pocos minutos después de aquel paseo por la playa. Los únicos problemas de su diseño fueron aquéllos que se presentaron entre 1943 y 1972.

Problemas: reducir una sala de revelado a una unidad que, con los años, cupo en el bolsillo de una chaqueta. Problemas: deducir qué químicos, y en qué cantidades, debían ser utilizados para lograr fijar la imagen en el papel. Problemas: ¿cómo asegurar que la fotografía permanecería en el tiempo cuando no se cuenta con un negativo? ¿cómo vencer lo etéreo?

En 1947, docenas de científicos y periodistas que asistían a una reunión de la Sociedad Óptica de América callaron y en la sala del Hotel Pennsylvania, en Nueva York, se hizo un silencio espeso y difícil. El chasquido del obturador sonó claro y duro y el cronómetro empezó a marchar. Poco menos de un minuto después, 50 segundos para ser exactos, la fotografía estuvo lista: era un retrato de Edwin Land, tomado apenas un breve momento antes. Hubo un suspiro colectivo. “No hay nada como esto en la historia de la fotografía”, dijo un editorial del diario The New York Times, después de la demostración de Land.

¿Cuánto dura un instante?: 50 segundos, según Polaroid.

Fe en la causa. Mucho más que un dudoso eslogan publicitario, esta frase podría definir a un hombre cuya visión lo llevó a imaginar un mundo en el que las cámaras serían tan ubicuas como los lápices, tan sencillas de usar que cualquiera podría manipularlas con una mano: sostener, mirar, disparar, obtener. Todo esto décadas antes del primer teléfono celular con cámara o con varios años de antelación antes de la primera fotografía enteramente digital, una instantánea que no existe en el papel, en otras palabras.

Antes de que llegara la gente de mercadeo y los publicistas, mucho antes de que la ciencia le fuera entregada a los gerentes, el proceso que terminó por revolucionar la historia de la fotografía empezó con una idea y se tomó su tiempo para desarrollarla.

En 1940, Howard Rogers, uno de los genios que acompañó a Land en su empresa, recibió la instrucción de idear una forma de lograr fotografías instantáneas en color. Rogers empezó a pensar el problema. Dos años después aseguró que estaba listo para comenzar a construir el mecanismo. El último día de 1965, la primera Polaroid en color fue producida.

La idea detrás de la investigación y desarrollo de Polaroid era que el ambiente de trabajo no debía permitir que un hombre pensara un problema durante dos años, sino que se esperaba que siempre se hiciera así. El tiempo de Land era relativo: el camino hacia el instante podría tomar años.

El mercado es un lugar hostil, una tierra vacía e inhóspita que, en últimas, terminó por devorar a uno de los mejores vendedores de todos los tiempos. Tras una racha de malos resultados financieros, Land abandonó su compañía en 1980. En apenas dos décadas más, Polaroid pasó de ser una de las glorias de la historia industrial a una empresa que tuvo que acogerse dos veces a la ley de quiebras, además de soportar tres ventas; uno de sus compradores fue encarcelado por fraude.

Como dice la canción, los tiempos cambian y la era digital llegó con una revolución instantánea que, lejos de la química y el papel, trajo una especie de abstracción de la existencia: bytes en apariencia suficientes para contener una vida, cualquiera, incluso la de Polaroid y Edwin Land.

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