Palabras simples

‘El pintor debajo del lavaplatos’ (Tragaluz) y ‘Jesucristo bebía cerveza’ (Santillana) son los dos libros traducidos del autor que hace parte de la delegación portuguesa invitada a la Feria del Libro.

El autor ganó el Premio de Literatura de la Unión Europea.  / Cortesía
El autor ganó el Premio de Literatura de la Unión Europea. / Cortesía

“Me encanta entender cómo se hacen las cosas que me gustan. Tengo que saberlo. Por eso comencé a hacer cerveza. Eso y que una vez leí un libro, escrito por un monje en el siglo XI o XII, en el que estaba escrito que hacer cerveza es una escuela para entender el universo”.

Afonso Cruz anima películas, es publicista, al menos lo fue durante un tiempo, justo antes de regresar a la ilustración. Ha escrito 10 libros, fabrica su propia cerveza; el próximo año espera venderla al público. Tiene una banda que se llama The Soaked Lamb, algo así como El Cordero Empapado. Ya hay un disco. Toca el banjo, el ukelele, la guitarra, la harmónica. Canta. Tiene 42 años.

Un hombre de palabras suaves y simples, de sonrisa fácil. Todo él transmite una calma casi religiosa. Incluso con su más de metro ochenta de estatura, la barba, el arete, el fácil cliché que dice “miembro de un club de motociclismo”, cuando menos. Un escritor de historias plenas de imaginación y un elemento que se ubica en un lote cercano a la fantasía, sin llegar a ser fantasioso. Los libros de Cruz parecen estar habitados por lo imposible. No realismo mágico. No magia. Apenas una representación de la vida que, por momentos, pareciera extrema y mágica. ¿Se entiende?

Hay un diario, un diario hecho por una niña a lo largo de un año. Se llama El libro de un año. “26 de marzo: inventé una máquina de chillar: tiene pico, alas y piernas. Es muy parecida a un pájaro”. “14 de julio: a veces traigo un desierto para mi casa. Es para cuando me siento sola”. “1 de febrero: los días que faltan. Tengo que inventar los días que faltan”.

“No era un sueño que tuviera cuando era pequeño, ser escritor. Leía novelas gráficas. Me gusta leer. Siempre trabajé con la imagen. En algún momento sentí que la ilustración y la animación se habían convertido en una especie de prisiones para mí. En 2007 me invitaron a ilustrar un libro para niños, casi borro el correo electrónico, pensé que era spam. Desde ahí me reconcilié con la ilustración”.

Ese mismo año, Cruz comenzó a escribir. Pequeñas historias que dejaba en un blog privado, para unos amigos apenas. Un día las historias fueron suficientes. El número preciso, si se quiere. “Las envié a una editorial y, bueno, tuve suerte”.

La carne de Dios salió en 2008. Lo siguiente, en 2009, fue el primer tomo de una enciclopedia de historia universal de ficción; no un tratado acerca de ficción universal, sino una enciclopedia con hechos ficticios: una recopilación seria y adulta de cosas que no existen. Hasta el momento van tres tomos. Alguien dice: “El libro que le hubiera gustado leer a Borges”.

“Nada es tan fuerte como las cosas que no se ven, como las raíces del diente de Behemot. Como un pintor debajo de un lavaplatos”.

El pintor debajo del lavaplatos (título de uno de los libros de Cruz traducidos para la Feria del Libro de Bogotá) tenía por apellido Sors. Se llamaba Iván. Murió en 1950. Logró sobrevivir a la Segunda Guerra Mundial y al Holocausto escondido debajo de un lavaplatos en Lisboa; el lavaplatos estaba en la casa del abuelo de Afonso Cruz.

En el libro Sors se llama Jozef. Sors sólo pinta ojos, cerrados y abiertos. Tiene un cuaderno con dibujos inacabados porque lo que no está terminado es infinito, dice él. Sors está enamorado de una niña, a la que nunca toca, excepto cuando la impulsa en el columpio. Sors es un artista, claro, un artista ciertamente atormentado, hijo de un padre que no entiende las metáforas y muere por esto, y de una madre que, después de muerto su esposo, continúa poniendo el plato de él en la mesa y la ropa de dormir a su lado en la cama.

Sors es un personaje perturbadoramente entrañable. Alguien que logra presentar un mundo cruel y hecho a medias que termina por ser bello en medio de su extrañeza, como ver agua flotando en el espacio. “Lo primero que Jozef Sors dibujó fue una circunferencia, pues lo primero que se dibuja es una circunferencia. Es la forma más natural, aquella que puede contenerlo todo. Es el útero de todas las formas. Dicen que si a un hombre vendado le pidieran caminar en línea recta, andaría en círculos. ¿Por qué el hombre camina en círculos cuando cierra los ojos? Es un misterio, dicen, pero el hombre de ojos cerrados camina hacia adentro”.

Palabras simples para entender un mundo extraño. Al menos para describirlo, para narrar la incertidumbre. Sí, eso. “28 de abril: no es preciso ser un científico para entender los árboles, basta con ser un pájaro. O abril”.