Publicidad
Cultura 20 Abr 2013 - 9:35 pm

Una amistad reconstruida a través del arte

Llegué a Valencia con la idea de visitar la casa convertida en museo de Vicente Blasco Ibañez, un escritor español oriundo de esta ciudad. Averigué y me dirigí hacia la zona de la playa de la Malvarrosa.

Por: María Paula Méndez
  • 0Compartido
    http://www.elespectador.com/noticias/cultura/articulo-417368-una-amistad-reconstruida-traves-del-arte
    http://tinyurl.com/cnssroy
  • 0

Este autor amaba ese lugar. Por eso había comprado una villa allí y la había adecuado para que fuera su hogar. Como era día festivo no tuve que pagar para entrar. Normalmente se deben pagar dos euros para hacer la visita.

La casa está dividida en dos plantas. En la primera, hay un afiche con los principales datos biográficos del autor. Allí se puede leer que este hombre desde muy joven se involucró en la vida política de su ciudad. Fue diputado y creó el diario "El pueblo". En él publicaba algunos de sus primeros escritos y las ideas republicanas que estaban surgiendo en ese momento. Tuvo la oportunidad de viajar por distintos lugares alrededor del mundo y estas experiencias lo llevaron a publicar un libro titulado La vuelta al mundo de un novelista. Aunque sus primeras obras no lo hicieron famoso, Los cuatro jinetes del apocalipsis fue la novela que le dio reconocimiento mundial y lo consolidó como uno de los grandes escritores españoles de aquella época. En ella retrataba las vicisitudes de la I guerra mundial. Escribió dos libros más sobre la que llamó "gran guerra": Mare nostrum y Los enemigos de la mujer. En los últimos años de su vida se dedicó enteramente a la literatura.

Sobre una de las paredes de esta planta están escritos los nombres de Vicente Blasco Ibañez y Joaquín Sorolla. Imagino que entre los dos debió existir una gran amistad. No me he equivocado. Veo el manuscrito del prólogo de la novela Flor de mayo y leo que Sorolla y Blasco Ibañez se conocieron de niños, luego se perdieron de vista y se reencontraron una vez el pintor regresó de Italia. Así lo constata la siguiente frase del escritor "Venía de Italia y acababa de obtener sus primeros triunfos... Trabajamos juntos, él en sus lienzos, yo en mi novela, teniendo enfrente el mismo modelo. Así se reanudó nuestra amistad, y fuimos hermanos, hasta que hace poco nos separó la muerte". Más adelante están expuestas algunas de las cartas que Sorolla le enviaba a su amigo. Aunque estaban lejos y no podían verse, siempre mantuvieron contacto a través de la escritura. El amor por el mar y la playa valenciana también los unió siempre. Además, hay unas fotografías del liceo al que acudieron juntos y de las reuniones a las que asistieron cuando se volvieron a encontrar.

Blasco Ibañez murió lejos de su patria, en Francia. Durante la dictadura de Rivera tuvo que exiliarse allí por cuenta de sus ideas y su postura. Sin embargo, su última voluntad era descansar para siempre en su ciudad. En 1921 dijo: "quiero descansar en el más modesto cementerio valenciano, junto al mare nostrum que llenó de idea mi espíritu". Así que sus restos fueron traídos desde Menton hasta Valencia. Una reproducción de un periódico de la ciudad expuesto en el museo da cuenta de este suceso. El gobierno pedía a todos los valencianos salir a la calle para despedir a este ciudadano ejemplar. El dolor era grande y la pérdida irreparable. Él había luchado por cambiar el destino político de su país creando una fuerza republicana y haciendo de las letras sus mejores aliadas. Sus coterráneos quisieron inmortalizarlo. Por esta razón, una de las avenidas más importantes de la ciudad lleva su nombre.

En la segunda planta de la casa veo algunos retratos de su primera esposa, María Blasco. De su segunda esposa, la chilena Elena Ortúzar, no hay nada; ni siquiera se menciona. Este matrimonio fue corto pues se celebró en 1925 cuando falleció María y, en 1928 murió el escritor. Avanzo y descubro un retrato de Libertad, la única hija mujer que tuvo con María. Hay también algunos elementos del ajuar que solían llevar ellas cuando salían a fiestas. Al final de la sala se ve el escritorio que tenía Blasco Ibañez en su oficina en el periódico "El pueblo".

Mi recorrido por la casa de este escritor valenciano ha terminado. Me siento un poco decepcionada porque esperaba encontrar más información sobre su vida y sus obras. No obstante, he descubierto la estrecha relación que sostuvo con Joaquín Sorolla y quiero saber más. Por eso decido ir al museo de Bellas Artes de Valencia, donde están algunas obras de este pintor. Quizás allí encuentre algo que me ayude a entender mejor esta amistad.

Al llegar al museo de Bellas Artes me dirijo a la sala Sorolla. Allí veo retratos al carboncillo hechos por el pintor de su amigo Blasco Ibáñez. Además, hay retratos de su esposa María y su hija Libertad. No cabe duda de que entre los dos había un lazo de amistad muy fuerte. Ciertos retratos fueron hechos por encargo del escritor; otros fueron un regalo del pintor a esta familia que admiraba y quería. Avanzo y veo pinturas en las que los protagonistas son el mar y los pescadores que viven cerca. Entiendo mejor la relación. Estos dos valencianos compartían el amor por el mar y sus alrededores. No es gratuito que después de haber recorrido el mundo hubieran decidido regresar a su lugar de origen.

En la parte final de la exposición sobre Sorolla hay un cuadro con el nombre del periódico fundado por Blasco Ibañez. Una fallera tiene algunos ejemplares de "El pueblo" y en el fondo se pueden apreciar árboles de naranja. En la parte inferior hay una inscripción: "A mi gran amigo Vicente Blasco Ibañez". Es un homenaje a un hombre que soñó con ser la voz de la clase popular. En otra de las salas del museo se puede apreciar el sarcófago que diseñó Mariano Benlliure para poner los restos del escritor. En 1935 el ayuntamiento de Valencia fue el encargado de pedirle al escultor que hiciera esta obra. Aunque su destino era otro, tuvo que quedarse en Bellas Artes. Un nuevo personaje aparece en el panorama. La familia Benlliure se caracterizó por sus dotes artísticos y su casa aún conserva algunas de las obras que los hicieron célebres. Me dirijo a esa casa para descubrir la posible relación que pudo haber entre el escultor y el escritor.

La casa de los Benlliure tiene tres plantas. Las dos plantas superiores están dedicadas a exponer sus pinturas y esculturas. Al igual que Sorolla, Mariano Benlliure viajó a Roma a estudiar bellas artes y luego regresó a Valencia para poner sus conocimientos al servicio de sus compatriotas. Su mayor aporte fue demostrar que el escultor antes de trabajar con el palillo y el barro debía usar el lápiz y el papel; primero dibujar y luego esculpir. Al iniciar el recorrido por la casa me entero de que Mariano no solo hizo el sarcófago de Blasco Ibañez sino que además, esculpió una estatua con la efigie del escritor. Una réplica de la escultura está en la tercera planta de esta casa.

Después de mirar toda la casa, me dirijo al estudio de los Benlliure, donde solían pasar horas pintando y dibujando los bocetos de sus obras. Está justo después del jardín, aislado de todo para evitar perder la concentración. En una ocasión, el escritor comentó: “su estudio es el templo de la camaradería artística”. Una prueba de las experiencias que allí vivieron juntos y de las ideas que intercambiaron sobre sus quehaceres artísticos. Mi visita a los museos ha finalizado. Empecé interesada en saber más sobre la vida del escritor y terminé aprendiendo sobre el pintor y el escultor. Tres grandes artistas que desde sus disciplinas aportaron conocimientos que marcaron una época y trascendieron en el tiempo. Una relación que se inició por casualidad y acabó convirtiéndose en una amistad basada en el amor por las artes.

  • 0
  • Enviar
  • Imprimir
Publicidad

Suscripciones impreso

362

ejemplares

$312.000 POR UN AÑO
Publicidad
Ver versión Móvil
Ver versión de escritorio