Cultura 22 Abr 2013 - 9:32 pm

‘José e Pilar’ se está presentando en Eurocine

Un viaje de dos

El documental narra los últimos cuatro años de la vida de José Saramago y de su esposa Pilar del Río, su vida pública y privada.

Por: Adriana Marín Urrego
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Saramago y Pilar del Río no descansaban. Ni siquiera cuando el Nobel se enfermó, dejaron de asistir a ruedas de prensa. /Cortesía

—Pilar, que he dicho algo lindo y tú no me escuchaste. Que yo tengo ideas para novelas y tú tienes ideas para la vida.

—¡Ay!, qué lindo.

—Y no sé qué es más importante.

—Pues la vida, cariño.

Y así es. Ella se encarga de la vida. Le organiza la agenda, los papeles, los viajes, hace de relacionista pública y él se sienta a pensar sobre qué escribir y escribe, en portugués, para que ella traduzca luego, al español. Esa es la vida compartida que muestra el documental José e Pilar, dirigido por el portugués Miguel Gonçalves Mendes y que Eurocine trae a Colombia. Hace honor a su título: no muestra la vida del uno o del otro, sino que muestra la vida y las personalidades de los dos, cada uno a su manera. José Saramago y Pilar del Río, un escritor y una periodista, que vivieron juntos en Lanzarote hasta los últimos días del primero, en una casa blanca, la casa, ‘A Casa’, como leía su rótulo.

Todo parte del sentido del humor. Y del amor. Pilar del Río, enérgica y laboriosa, Saramago, sosegado. Dos personalidades que contrastan y que empatizan al mismo tiempo, que se abrazan y que se entienden. “Cuando la vi entrar”, cuenta en un momento el escritor, “no sabía que era ella, pero venía caminando hacia mí y supe que era otra cosa”, “Pero tardó tanto en llegar”. Él con su humor, irónico y mordaz. Ella le responde, con más humor, el de ella, y luego juegan con las miradas y con las manos. Un beso frente a una cámara invisible que los mira y que los retrata, enamorados.

Esa cámara es de Miguel Gonçalves, que retrata, en silencio. Quiso hacer un documental sobre la relación que Saramago tenía con Pilar y el novelista, en un principio, respondió que no, que no quería que hicieran un trabajo sobre su intimidad. “Fue entonces cuando le expliqué que la idea no era hacer nada voyeurista ni un “Gran Hermano” de sus vidas. Yo lo que quería mostrar es lo que suponía ser un premio Nobel en nuestros días, y lo que era asumir casi una función de pop star con todo el circo mediático que eso conlleva”, afirmó en una entrevista para la revista española Culturamas. Y en cierto sentido los engañó, según cuenta el director portugués, porque ellos pensaban que iba a ser un asunto de dos semanas, como otros, y él necesitaba más tiempo para llegar a un punto de verdad.

“Al principio fue difícil, pero cada vez más aceptaban la presencia de la cámara. Se permitieron el lujo de verse, en su intimidad, observados por otros. Finalmente eran conscientes de ser figuras públicas”, afirma Gonçalves. En la película, a medida que pasa el tiempo, esto se va haciendo más evidente, se van abriendo espacios más íntimos. El cuarto de hotel, Pilar peina a José, le arregla el cuello de la camisa. El sofá de la casa, las pijamas, las pantuflas, el televisor, “cómo estabas de demacrado José y yo tan fea”, se burla Pilar. La vida como vida, desde adentro, desde lo privado. Ya no desde el agotamiento de lo público.

Pero eso también está, por supuesto. No es gratuito el ritmo rápido de las imágenes de las ruedas de prensa, de las entrevistas, de las filas interminables de autógrafos que nunca dejaba de firmar, sin dedicatoria porque no tenía tiempo. Siempre las mismas preguntas, los flashes de las cámaras en el rostro, la gente preguntando “¿Me puedo sacar una foto con usted?” y él no decía que no, aunque quisiera, aunque pudiera. No decía que no.

Lo que quería Gonçalves, con su documental, no era mostrar al ateo y al comunista, ni enfocarse —solamente— en sus agudos comentarios sobre el tema. Quería mostrar al que, junto con García Márquez, se quedó dormido en una conferencia y el que, sólo por una vez, le tuvo miedo a la muerte, no por ser muerte sino porque no le iba a dar tiempo para terminar un libro, casi el último que escribió, El viaje del elefante. Muestra también la fortaleza de una mujer como Pilar, feminista por principio, que estuvo a su lado sin abandonarse a sí misma y muestra su vida itinerante, de ciudad en ciudad, de país en país. La vida llena de compromisos de los dos, enamorados, llevada por el deseo de volver siempre a casa, a la casa, ‘A Casa’, como leía su rótulo.

amarin@elespectador.com

@adrianamarinu

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