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Cultura 18 Oct 2016 - 10:00 pm

El Cisne: libros y espacios

Barcelona y Medellín, unidas por la literatura

Leer, una actividad introspectiva y solitaria, se convierte, gracias al Club de Lectura Internacional Medellín-Barcelona, en un intercambio de opiniones y de viajes colectivos.

Por: Isabel-Cristina Arenas
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Enrique Vila-Matas, en el Club, comenta “Doctor Pasavento”. / Jordi Casañas

Una de las actividades culturales de Barcelona cruza el mar y llega hasta Colombia, a Medellín directamente. Cada mes, con seis o siete horas de diferencia, dependiendo de la época del año, se reúnen aproximadamente 25 personas a compartir sus impresiones sobre un libro. Uno que ha sido elegido con anticipación a la fecha del encuentro y que puede leerse gratis porque las bibliotecas de un lado y otro cuentan con los ejemplares necesarios para su préstamo. Dos ciudades unidas por el Club de Lectura Internacional Medellín-Barcelona. Todo esto gracias a las personas que coordinan el encuentro, los ingenieros que están pendientes de la transmisión, los moderadores de las charlas, los asistentes con sus preguntas y comentarios y al propio autor del libro, cuando puede participar.

En entrevista, Juan José Arranz, director de Programas del Consorcio de Bibliotecas de Barcelona, recordó que, cuando comenzaron los intentos democráticos después de la dictadura, las bibliotecas eran precarias, con poca luz y un catálogo desactualizado, pero entonces tuvieron la suerte de que todos los partidos políticos aprobaran por unanimidad el Plan de Bibliotecas y así comenzaron a crecer. Entre 1998 y 2010, época de expansión económica en España, las bibliotecas se convirtieron en parte integral de la vida de la gente y es la razón principal de que lleven nueve años consecutivos valoradas por los habitantes como el mejor servicio municipal. Ya son 40 distribuidas por toda la ciudad. Proximidad es la palabra clave: “Que cada persona tenga una a menos de veinte minutos de su casa o trabajo”, dice Arranz.

Respecto al Club internacional, aclara que la idea no era que quienes trabajaban en el proyecto en Barcelona enseñaran a los de Medellín. Todo lo contrario; lo importante era el intercambio de conocimientos: “Nosotros podíamos ofrecer la experiencia en planificación y evaluación de indicadores y ellos, su capacidad para implicar a los jóvenes y en general a la comunidad; además, ellos son fuertes en la recuperación de la memoria histórica”. En Medellín, en un taxi, en medio de una tormenta repentina, el catalán Juan José Arranz y una compañera de trabajo colombiana encontraron la forma de compartir conocimiento o, mejor, multiplicarlo. Quisieron hacer un viaje de ida y vuelta por medio de la literatura. El Club de Lectura Internacional es un convenio firmado en 2010 entre la Red de Bibliotecas de Barcelona y las de Medellín, con el apoyo de la Corporación Estanislao Zuleta que gestiona el club.

Los libros se escogen en forma conjunta entre las dos ciudades, cada una prepara propuestas de lectura y al final de año se eligen. A veces es complicado conseguirlos, pues no todo se edita en las dos ciudades en forma simultánea. Es ahí cuando aparecen los viajeros que hacen un espacio en la maleta para llevar y traer libros. Y, si no es posible, se envían por correo. En el Club se han comentado obras de Fernando Vallejo, Enrique Vila-Matas, Tomás González o Mercé Rodoreda, entre otros. Al principio, los autores eran catalanes o paisas, pero se fue ampliando la selección y también han leído a Roberto Bolaño, Antonio Ungar o Gabriel García Márquez; al fin y al cabo, la literatura es universal.

Hace unas semanas, el turno fue para Pablo Montoya (Barrancabermeja, 1963) con Tríptico de la infamia, por el que obtuvo el Premio Rómulo Gallegos en 2015. Allí cuenta la historia de tres pintores de Europa en el siglo XVI y su relación con el continente recién descubierto; testigos del exterminio de la tierra colonizada. Los asistentes al Club, los de Medellín en el Museo de Antioquia y los de Barcelona en la Biblioteca Ignasi Iglesias, estuvieron unidos por video en tiempo real. Participó el autor del libro: “Lo que busco como escritor es sensibilizarlos, conmoverlos, cuestionarlos”, dijo Montoya y, sin duda, lo había hecho: los lectores estaban emocionados con tenerlo de invitado. Él no es un escritor comercial; se sale de los tópicos por los que se conoce el país en todo el mundo: “Yo escribo sobre temas colombianos, pero a través de pintores, de músicos, de poetas, no de sicarios”, dijo Montoya.

Ahora que en Colombia podrían acabar con los beneficios de la Ley del Libro, lo que aumentaría el precio al consumidor final, más vale tener a mano una biblioteca. Afortunadamente las hay. De acuerdo con la Red Nacional de Bibliotecas Públicas de Colombia (RNBP), en nuestro país existen 1407, entre mixtas, privadas y públicas, distribuidas en todo el país; 23 de ellas, en Medellín. Lo malo es que, aunque afortunadamente existen personas que trabajan en la promoción de la lectura –para que algún día superemos ese 1,9 libro leído por año– se siguen presentando movidas políticas vergonzosas, como que Lizeth Paola Amézquita, la mejor bibliotecaria en 2015, haya sido destituida de su cargo por el alcalde de San Vicente del Caguán por no pensar igual que él. Ella, así como el 62 % de los habitantes del municipio votaron Sí en el plebiscito del pasado 2 de octubre. Sin duda, encontrará pronto otro lugar en el que se valore su trabajo.

Mientras tanto, en Barcelona y en Medellín, los participantes del Club leen Amar es dónde, del poeta Joan Margarit, del que hablarán en la siguiente reunión. A la fecha ya han comentado más de 40 libros y esperan seguir haciéndolo. Leer, una actividad introspectiva y solitaria, se convierte, gracias a esta iniciativa, en un intercambio de opiniones y de viajes colectivos.

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