“La dictadura no te castra”: Joan Manuel Serrat

Joan Manuel Serrat celebra medio siglo de actividad musical con el trabajo discográfico “Antología desordenada”.

 

¿Qué lo llevó a crear una “Antología” a partir de la palabra “desordenada”?

Mi deseo era celebrar estos 50 cincuenta años de actividad artística plasmados en un trabajo. Se trata de una Antología que recoge 50 canciones que escogí. Tal vez deberíamos empezar llamándola “personal” y luego “desordenada”, porque no hay ninguna voluntad de orden aquí. Ni de tiempo, ni de temática, ni nada. No es un recopilatorio, no fue tan sencillo como reunir 50 temas y juntarlos, porque casi todas se volvieron a grabar por necesidad del autor y del intérprete. Lo único que me motivó fue plantear el hoy de todas estas canciones.

No es usted muy amigo de los “grandes éxitos”, ¿se debe a tener más de 600 canciones compuestas?

Yo creo que son bastantes menos y aun así podríamos prescindir de algunas sin ningún problema.

¿El proceso de selección de esta antología personal y desordenada fue doloroso?

No me atrevería a llamarlo doloroso, probablemente es injusto, pero cuando comencé con el proyecto ya sabía que esto estaba incorporado al desarrollo de la idea. Si yo tuviera que hacer hoy el orden, tal vez elegiría alguna que quedó por fuera. Incluso, en los conciertos que realizaré hay algunas canciones que no están en el álbum.

El libro que acompaña a esta “Antología” musical trae muchas imágenes y hay una foto de un concierto suyo en la Plaza de Bolívar, en Bogotá. ¿Tiene algún recuerdo específico de ese momento?

Fue un concierto por la paz. La plaza estaba llena y el público, totalmente entregado no sólo al acontecimiento artístico, sino al hecho social. El concierto lo realizamos un domingo en la mañana.

¿Encuentra el cantautor elementos novedosos en canciones elaboradas varias décadas atrás?

Sí. Sin embargo, no hay muchas canciones de éstas que han estado muchos años por fuera del repertorio. Uno puede manejar un número limitado de canciones, pero de las 50 que componen la Antología, creo que no hay ninguna que haya estado demasiado tiempo en la nevera.

Muchas veces el público y los críticos empiezan a entender las antologías como un referente para un antes y un después, ¿le preocupa esta situación?

No es problema mío. Mis conflictos radican en otros sucesos, como subirme mañana al escenario y hacer un buen concierto. Lo demás no me inquieta.

Desde “Una guitarra” (1965) hasta “Antología desordenada” debieron transcurrir muchas horas de grabación, ¿le sigue gustando esa atmósfera particular del estudio?

Yo empecé a grabar en estudios cuando se hacía el trabajo en un estéreo prefabricado. Eran medios muy precarios los que había, pero ahora se encuentran múltiples posibilidades de sonido. En el fondo, sea como sea la cuchara, lo más importante siempre es la sopa.

Usted tuvo participación cinematográfica en los años 70 en películas como “La larga agonía de los peces fuera del agua” y “La ciudad quemada”. Algunos músicos consideran que cuando están en concierto son actores, ¿usted cree lo mismo?

Hice pocas películas, pero creo que mi mayor aporte al cine fue el momento mismo en que lo dejé. Yo me subo al escenario con mis problemas y me bajo con ellos también. El escenario me ayuda a manejar mis penas y mis alegrías, pero soy el mismo ser humano en escena y fuera de ella.

¿Cómo fue escribir canciones durante la dictadura?

La represión marca la relación que uno tiene con el entorno. Sin embargo, la dictadura no te castra. No estimula la represión política, eso está muy claro también. Yo he escuchado que se escribe mejor desde el desamor que desde el amor. Yo he hecho canciones desde todos los lados y creo que cada cosa me ha influido, pero nada me ha impedido escribir.

¿Este momento de crisis en su país puede gestar un movimiento cultural importante, como ocurrió en los 60?

Las circunstancias generan respuestas y en este momento vivimos una crisis de valores muy complicada. Todo este entorno ha estimulado al mundo del arte a encontrar caminos más humanos y mucho más integrados al hombre y menos dependientes de los estamentos. Cada momento, como decía Antonio Machado, tiene su infalible mañana y su poeta.

¿Se siente más cómodo con la expresión cantautor o con la palabra trovador para definir su oficio?

No me siento muy bien retratado con la expresión cantautor, pero creo que se ajusta más que la palabra trovador. El trovador es un personaje que nace entre los siglos IX y XII y se encargaba de escribir las canciones que habitualmente cantaban los juglares. Este término se ha modificado mucho, pero yo no me siento un trovador.

¿Cuál es el Serrat que le gusta más a Joan Manuel?, ¿el que está acompañado por una guitarra o el que tiene el respaldo de una orquesta?

¿Pero por qué “o”? Ahí queda mejor un “y”, que se ajusta más porque es una búsqueda constante. Es pasar de una cosa a otra. No me siento mejor o peor en función de la envoltura, me inquieta más la calidad. Si es mala la pieza me voy a sentir incómodo y si es buena me sentiré muy bien con una orquesta sinfónica o con un dúo de guitarras.

¿Qué hay de Poble-Sec (Pueblo Seco) en su música?

Poble-Sec es mi infancia y un hombre siempre es su infancia. Ese es el territorio más esplendoroso de mi vida. No sabría responder es: ¿qué hay de ese Poble-Sec que yo viví en el Poble-Sec de ahora?

¿Ha pasado que una canción que usted esperaba que tuviera una gran acogida no fue exitosa?

Me ha pasado lo contrario. Yo escribo pensando en mí, no en la gente, y me ha ido muy bien con ese procedimiento. Mis canciones han estado muy bien tratadas por sus contemporáneos y por el tiempo que les ha tocado vivir.

Se dice que “Hijo del Mediterráneo” y “Amo el mar” son los esbozos de “Mediterráneo”, ¿qué tanto quedó de ellos en la versión final?

No lo tengo tan claro. Lo que puedo decir es que la canción no nació de un día para otro, pero el resultado es fiel a sus primeros intentos.

¿Hay alguna que se haya cansado de cantar?

No tengo nada en contra de ninguna, aunque alguna sí me pude evitar la molestia de escribirla.

“Te guste o no”, que usted interpreta con Pablo Milanés, ¿es una canción de reconciliación o no?

La interpreto con Milanés porque es negro y la letra es el diálogo entre dos personas de razas distintas. Es una dicotomía muy interesante porque uno, por lo general, ama a una persona por la misma razón por la que deja de amarla. Yo estoy más a favor de la reconciliación que de la ruptura.

A propósito de la reconciliación, ¿siente que Colombia está cerca de la paz con estas negociaciones que se adelantan en Cuba?

Creo que es un momento extraordinario de la historia reciente colombiana. Ha sido un camino doloroso, pero han avanzado y puedo decir que es el mejor momento que le he visto al país desde que yo desembarqué en la década del 70. Es el momento de mayor esperanza y me produce satisfacción ser testigo de lo que están viviendo los colombianos.

Bogotá: noviembre 5, 6 y 7. 8:00 p.m. Teatro Jorge Eliécer Gaitán. Cali: noviembre 10 y 11. 8:00 p.m. Teatro Jorge Isaacs. Medellín: noviembre 13 y 14. Teatro Metropolitano. Información y boletería: www.tuboleta.com.