El libro “Timochenko, el último guerrillero” será lanzado en la Feria del Libro de Bogotá

La publicación sobre el jefe de las Farc es autoría del escritor Jorge Rojas y estará disponible al público el 1 de mayo. Esta es la introducción escrita por el profesor estadounidense de la Universidad de Georgetown Marck Chernick.

Repensando la guerra y la paz en Colombia

A través de una conversación entre Timochenko y Jorge Rojas en Cuba, 'Timochenko, El Último Guerrillero', es un libro que nos sumerge como pocos otros en la historia reciente del país. Dilucida la historia de las FARC a través de los ires y venires del tan prolongado conflicto armado colombiano, relatando la historia de los fallidos procesos de paz, empezando con  los diálogos de La Uribe, siguiendo por Caracas y Tlaxcala, El Caguán, para desembocar en el proceso de paz en la Habana, que logró por fin abrir la puerta a esta paz tan esquiva y añorada.

En este recorrido, se puede percibir cómo las FARC se distingue de otros grupos revolucionarios que fueron fundados por intelectuales con la misión de organizar, concientizar y armar grupos de campesinos, estudiantes, y obreros, como aquellos liderados por Mao, Lenin, o incluso el mismo Sendero Luminoso de Abimael Guzmán en el Perú, o como en el contexto interior en el caso de otros grupos guerrilleros colombianos, como el M-19, ELN, o EPL. Contrariamente a casi todos los antecedentes históricos mundiales, las FARC surgieron como una organización de comunidades campesinas en rebelión.

Las FARC fueron fundadas por Manuel Marulanda Vélez, un dirigente con poca educación formal, pero con una larga trayectoria de activismo político y lucha guerrillera desde su pertenencia a las guerrillas liberales. Él, junto con el ex-dirigente sindical Jacobo Arenas, lograron crear una organización que duró alzada en armas desde sus orígenes en 1964 después de los bombardeos de Marquetalia y las otras "Repúblicas Independientes", hasta la negociación de la paz en La Habana que concluyó con la firma del Nuevo Acuerdo Final en el Teatro Colón de Bogotá en noviembre de 2016.

Timochenko, o Timoleón Jiménez, nombres de guerra de Rodrigo Londoño Echeverri, hace parte de una segunda generación de líderes de las FARC que llegaron a la cima del poder dentro de la organización después de las muertes por causas naturales de Arenas y Marulanda durante los años 90 y la primera década del siglo XXI.  Esta segunda generación provenía del mundo de las protestas estudiantiles de los años 70 y posteriormente, de la violencia perpetrada contra la Unión Patriótica, movimiento político fundado por las FARC. 

La nueva generación de las FARC estaba integrada por personas con formación académica y niveles de educación superior, sin embargo, predominantemente masculina. Alfonso Cano, el sucesor de Marulanda, estudió antropología en la Universidad Nacional. Iván Márquez, el jefe negociador de las FARC en La Habana, estudió derecho en la Unión Soviética y se desempeñó como profesor en un colegio en Caquetá.  Mauricio Jaramillo, hoy en día miembro del Secretariado General, estudió medicina en la Universidad Nacional y terminó sus estudios en Cuba. Simón Trinidad, economista de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, fue profesor de economía en la Universidad Popular del César y banquero de una familia acomodada de Valledupar, militó en la Unión Patriótica antes de ir p'al monte y unirse a las FARC.

Timochenko, sin embargo, rompe con este esquema. Aunque cronológicamente pertenece a la segunda generación de las FARC, Timochenko es un hombre de campo originario de la Tebaida, Quindío. De joven fue activista miembro de las juventudes comunistas y entró a la guerrilla sin haber terminado segundo de bachillerato. Dentro de la guerrilla fue llamado en ocasiones "el médico", pero como él mismo explica, nunca estudió medicina formalmente. Tomó algunos cursos de primeros auxilios dentro de la guerrilla y después fue enviado a Bogotá durante algunas semanas para recibir instrucción intensiva en medicina y enfermería, incluyendo turnos en un hospital, organizados por una de las redes de apoyo de las FARC.  Luego, él mismo dirigió un programa para ampliar la cobertura médica a la guerrilla, un programa modelado en los "médicos revolucionarios descalzos" de la revolución china.

Al escuchar la voz de Timochenko a través de este libro, se tiene la sensación de que él es una especie de puente entre las dos generaciones, la generación de Marulanda y la de Cano. Esta sensación de alguna manera se materializa cuando los miembros del Secretariado General de las FARC deciden escoger a Timochenko como sucesor de Alfonso Cano, luego de su muerte como resultado de un operativo del Ejército Nacional, al mismo tiempo que se adelantaba la fase exploratoria de las conversaciones de paz entre las FARC y el gobierno de Juan Manuel Santos. Ahora, con la inminente transformación de las FARC hacia un partido político, el liderazgo del movimiento armado que comenzó con un guerrillero liberal del Quindío, Manuel Marulanda, terminará con otro guerrillero del Quindío, Rodrigo Londoño Echeverri, Timochenko.

La inclusión de diversos matices de la vida de Rodrigo Londoño Echeverri permite situar al libro de Jorge Rojas dentro de una gran tradición literaria en América Latina y en Colombia sobre guerrilleros y revolucionarios, que comienza con los libros del Che Guevara, e incluye, entre otros relatos autobiográficos, el del revolucionario nicaragüense Omar Cabeza, 'La montaña es algo más que una inmensa estepa verde', ganador del premio Casa de las Américas en 1982.  

En Colombia, a su vez, se encuentra la majestuosa autobiografía de Vera Grabe, 'Razones de vida', sobre su vida en el M-19 y la de María Eugenia Vásquez Perdomo, otra guerrillera del  M-19, cuyo libro se titula 'Escrito para no morir',  el cual fue traducido al inglés y publicado bajo el nombre de 'My  life as a Revolutionary'. De otro lado, existen también biografías que han logrado incidir en la cultura, como la obra pionera de Patricia Lara, 'Siembra vientos y recogerás tempestades'; de Darío Villamizar, 'Jaime Bateman: Biografía de un revolucionario', así como otros libros de su propia experiencia dentro del M-19 y de los procesos de paz; los libros de Walter Broderick sobre Camilo Torres, 'Camilo: El cura guerrillero' y sobre el Cura Pérez, 'El guerrillero invisible'. Y no podría dejar de mencionar los dos tomos escritos por Arturo Alape sobre Manuel Marulanda que hasta ahora siguen siendo el punto de partida de cualquier estudio sobre las FARC: Las vidas de Pedro Antonio Marín, Manuel Marulanda Vélez, Tirofijo, y Tirofijo: 'Los sueños y las Montañas'.

El trabajo que Jorge Rojas logra a través de cada una de las páginas de su libro tiene el mismo impacto que los libros anteriormente mencionados, pero a diferencia de estos autores, Rojas no es un ex-guerrillero, como Arturo Alape, Darío Villamizar, Omar Cabeza, Vera Grabe y María Eugenia Vásquez.  Tampoco es un historiador, como Walter Broderick, o un periodista, como Patricia Lara.  Jorge Rojas conoció a Timochenko cuando los dos eran adolescentes en Quimbaya, Quindío, su pueblo de origen. Eran militantes de las juventudes comunistas que se acercaron gracias a sus ideas políticas compartidas y rebelión frente a sus propias familias. Esto los llevo a vivir juntos, compartiendo un cuarto en la casa de reuniones del municipio en donde pasaban las noches discutiendo sobre política, estudiando el marxismo y dando color a sus sueños revolucionarios hasta las horas de la mañana, cuando estas actividades eran remplazadas por el "pintado de consignas", participación en reuniones políticas o recorriendo las zonas rurales como parte del trabajo político.

Sin embargo, Timochenko solo duró unos cuatro meses en Quimbaya, hasta que el fervor revolucionario lo llevo camino al monte a buscar su ingreso en las FARC.  Allí,  se despidió de Jorge Rojas, y solamente cuatro décadas después los antiguos compañeros de cuarto se volverían a encontrar en La Habana en un momento en que nuevas negociaciones de paz se llevaban a cabo.

Timochenko describe su ida a la guerrilla, su encuentro con un señor llamado Honorio al llegar a un campamento de las FARC, el cual resulta ser el legendario Manuel Marulanda, que para el joven Timochenko parecía ser solamente un viejo mandón y no se dio cuenta de quién era. El libro cuenta cómo el mismo Jacobo Arenas hizo su hoja de vida de ingreso a las FARC, una formalidad burocrática de la organizacion en donde se consignaban detalles de la vida del nuevo recluta. 

Posteriormente, Timochenko se hace muy cercano a Marulanda y desarrolla una gran admiracion por su inteligencia, astucia, compromiso, paciencia y lealtad.   En 1986, en medio de las negociaciones de la Uribe y la fundación de la UP, Timochenko entra al secretariado general de las FARC.

Paralelamente, el camino de Jorge Rojas toma otro rumbo. Mientras Timochenko asciende dentro de la guerrilla, Jorge Rojas se convierte en uno de los más destacados defensores de derechos humanos en el país. Rojas ha dedicado gran parte de su vida al trabajo con población desplazada, comenzando en una época en la que el concepto mismo de desplazamiento forzado interno era nuevo dentro de los derechos humanos, incluso para las organizaciones humanitarias internacionales. De hecho, el caso de desplazamiento en Colombia fue uno de los casos de relevancia internacional que aportó a la definición del concepto, y Jorge Rojas fue uno de los intelectuales y activistas que promovieron la adopcion del mismo.

Este encuentro entre Rojas y Timochenko da lugar a una conversación que es totalmente reveladora para todos aquellos que quieren conocer a profundidad la historia de guerra y de paz en el país. Timochenko habla de su participación en La Uribe, sede de las negociaciones de paz en la época de Belisario Betancur y el comienzo del gobierno de Barco. Habla de su encuentro en la oficina del ex-presidente Carlos Lleras Restrepo, en 1980, en la Sociedad de Amigos del País (SEAP), cuando Lleras fue recién nombrado por el Presidente Turbay como consejero de paz después de la resolución de la toma de la residencia de la Embajada. Revela que Marulanda lo había encargado de transmitir un mensaje: las FARC estaba dispuesta a entrar en negociaciones, solo pedían que se levantara el Estado de Sitio.  Lleras, muy amable y cordial durante la entrevista de hora y media, simplemente dijo que Turbay no podía hacer esto, porque los militares no lo permitirían.  Según Timochenko, esto representaba una muestra de la diferencia entre el poder formal y el poder real. De hecho, el país iba a entender esta lección con mucha mayor claridad, cuando posteriormente el presidente Belisario Betancur dio inicio a un proceso de paz el cual tuvo que confrontar la oposición abierta de parte de los militares. Solo hay que leer la memoria del Ministro de Defensa en este entonces, Fernando Landazábal, para entender esta dinámica.  Quizás la culminación fulminante de esta tensión civil -militar, guerra -paz, tuvo lugar durante la Toma del Palacio de Justicia en noviembre de 1985.  

Otra revelación de Timochenko confirma mis propios análisis de la época. Lograr la paz fue posible en la época de los diáogos de La Uribe. Las FARC, en 1985, un año después de la firma del acuerdo de cese al fuego, lanzaron la Unión Patriótica y estaban dispuestos a hacer parte de la contienda política, algo similar a lo que está sucediendo ahora con la implementación de los Acuerdos de la Habana. Pero, según Timocheko, en ese entonces la clase dirigente desaprovechó la oportunidad.  En sus palabras: "Esto que le voy a decir nunca lo he dicho públicamente. Marulanda comentó una vez después del proceso de la Uribe: "esta oligarquía es muy inteligente, pero aquí se equivocaron. No nos cogieron la caña, porque dónde nos cojan la caña quién sabe en qué situación nos hubieran puesto".

La conversación con Timochenko revela otro aspecto de la guerrilla diferente a la de la imagen estigmatizada creada por los especialistas en guerra sicológica. Timochenko se muestra en las entrevistas como un hombre sensible, motivado por la política y la injusticia, poco amante de la guerra. Se auto-define como guerrillero y no como guerrero. Hace lo que toca hacer pero, como muchos hombres y mujeres que conocen la guerra de cerca, ve lo inhumano de la guerra. Cuenta que esta fue la posición de Manuel Marulanda, un hombre que tuvo gran influencia en su pensamiento y su vida, como jefe guerrillero y como persona.

Jorge Rojas lo cuestiona sobre la degradación de la guerra. Timochenko responde que no había concebido la situación así, sin embargo, sí lamenta la dinámica de escalamiento de violaciones de derechos humanos de ambos lados y manifiesta su preocupación sobre la posibilidad de que algunas personas en las nuevas generaciones de la guerrilla hayan entrado por motivos de venganza, al igual que en otros sectores de la guerra.

La conversación entre Jorge Rojas y Timochenko nos da otra óptica para entender el conflicto armado en el país. Timochenko, el líder sensible que ha dedicado su vida a las FARC, y Jorge Rojas, el defensor de Derechos Humanos, logran explorar las fronteras entre los DDHH, la guerra y la paz.   Rojas logra inyectar en la conversación una historia de la evolución de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario en el país. La posición de las FARC durante mucho tiempo – distinta a la del ELN -- era que no se debe buscar humanizar la guerra sino terminarla. Sin embargo, Rojas nota que los Acuerdos de la Habana fueron construidos precisamente sobre los fundamentos de DH y DIH, algo que no era previsible al comienzo de este largo proceso que comenzó en la oficina del ex-presidente Carlos Lleras Restrepo en la SEAP hace 37 años.

Rodrigo Londoño, Timochenko, es contundente cuando afirma que las FARC no llegaron a la mesa de negociación por la presión militar del Plan Colombia o del Plan Patriota --aunque esos sí eran duros --ni por la política de seguridad democrática del ex-presidente Uribe.  Lo que dice es que la coyuntura cambió.  El nuevo presidente, "liberal pero muy godo", entendió los limites de la estrategia militar y ofreció entrar en la búsqueda de una salida política, una postura que coincidió con la posición de Alfonso Cano, que ya estaba en marcha para reanudar el proceso de paz.  

Las FARC se habían adaptado a la presión militar proveniente de la cooperación con los Estados Unidos y las nuevas tecnologías de guerra. No estaban derrotados.  Más aún, había algunos nuevos factores: el surgimiento de gobiernos de izquierda en la región, el cambio de gobierno en los Estados Unidos, ahora dispuesto a apoyar un proceso de paz en Colombia, y el fortalecimiento de la movilización social en Colombia, en buena parte encabezado por grupos de víctimas exigiendo el fin de la guerra.

Para Timochenko, la muerte de Alfonso Cano en pleno período de pre-negociaciones fue incomprensible; incluso Santos había reconocido que Cano fue el arquitecto de este proceso de paz.  La muerte de Cano también fue un gran reto para las FARC.  Si había un momento para abandonar el proceso de paz, era ese precisamente. Sin embargo, las FARC decidieron persistir, mostrando al país y al mundo su compromiso con la paz. Timochenko, quien debía ser el jefe del equipo negociador, asumió la dirección del Secretariado General, e Iván Márquez, un hombre con mucha formación y talento, asumió la jefatura del equipo de negociación de las FARC en La Habana. En Cartagena, durante la firma del primer acuerdo, Timochenko logró preguntar a Santos porque había permitido esta acción beligerante contra Alfonso Cano.  Según Timochenko, la respuesta de Santos fue: "Un día de estos nos sentamos y nos decimos varias verdades".

El camino desde la reunión con Carlos Lleras Restrepo en su oficina, a una cuadra de la Plaza de Bolívar, hasta la firma prematura del Acuerdo en Cartagena y la posterior firma del Acuerdo Final en el Teatro Colón en Bogotá, ha sido largo, duro y lleno de retos que persisten, aun en el período posacuerdo.  Incluso, y simbólicamente, en  el último momento en Cartagena ante dignitarios del todo el mundo, un avón de guerra logró volar encima de la ceremonia mostrando todo su poderio y asustando a la audiencia durante el discurso de Timochenko, justamente cuando él estaba pidiendo perdón en nombre de las FARC por los excesos de la guerra. Pero con todo, la larga búsqueda de paz ha dado resultados y el país ya está en un momento crítico y tiene la posibilidad de escoger otro rumbo. 

El país no ha conocido bien a Timochenko.  No estuvo todos los días en la televisión desde La Habana durante los cuatro años de negociaciones, y su imagen no reside en el imaginario nacional del conflicto, como sucedió con Manuel Marulanda y Jacobo Arenas en su época. Durante el último año, el país lo ha visto en las ceremonias en La Habana celebrando unos acuerdos parciales y en los dos actos de firma del Acuerdo Final, en Cartagena y en Bogotá.  Lo que se evidencia de estas apariciones públicas, y de este libro sobre él, es que es un hombre completamente comprometido con la reconciliación nacional, la construcción de paz en el país, y en la transformación de las FARC en un partido político sin armas.

Jorge Rojas escribe: "Si Marulanda es FARC, Timochenko es Marulanda. La identidad de Marulanda está asociada a esa guerrilla como Marquetalia a su mito fundacional".  Ahora, el legado de este movimiento armado que logró negociar la paz es Timochenko.

La historia de la guerra es para los historiadores, la Comisión de Paz y la Jurisdicción Especial para la Paz.  La historia de la paz y la reconciliación nacional esta aún por escribir.

En este libro,  Jorge Rojas, con su protagonismo y compromiso con los Derechos Humanos, nos presenta con un texto que da luz al pasado de guerra, a historias desconocidas de las FARC y su último líder  -- el último guerrillero del título-- e igualmente importante, al futuro posible acordado en los Acuerdos de la Habana.