El punto de vista del forastero Tim Keppel

El escritor estadounidense, radicado en Colombia desde hace dos décadas, asegura que la cotidianidad del país ha influenciado sus relatos.

Una de las características más importantes de la literatura de Tim Keppel es el manejo de la ironía en sus relatos. / Archivo particular

 

Tim Keppel es un cuentista norteamericano que cada vez cuenta con más detalle y precisión los pequeños dramas de los colombianos de hoy. En su narrativa –dos libros de cuentos y una novela–, los personajes enfrentan lo cotidianidad como lo hacemos usted y yo. ¿A dónde vas?, su más reciente obra, sigue en la línea de sus elogiados trabajos anteriores. Línea que explora los resortes de la vida de todos los días y que le sirve al autor para decir que los cuentos nos ayudan a entender mejor nuestra existencia.

No deja de ser interesante su ingreso en el mundo de las letras. Incluso, usted dijo en una entrevista para la televisión que fue una entrada por la puerta de atrás. ¿Cómo fue esa experiencia?

Los libros de mi casa cuando estaba creciendo eran más que todo revistas médicas de mi papá. Sí recuerdo que me gustaba Huckleberry Finn, que leímos en el colegio. Sin influencias literarias, me dediqué a ser basquetbolista y practicaba obsesivamente. Cuando vi que no tenía futuro en eso, puse mi naturaleza obsesiva en la escritura. Me había inscrito en una clase de escritura creativa porque quería escribir comedia para mi amigo que hacía stand-up. En esa clase descubrí el mundo de la literatura. Mi primer cuento fue publicado en la revista literaria del colegio. Después de graduarme, me encerré en una cabaña en el lago, escribía día y noche y soñaba con convertirme en escritor. En la universidad mis profesores me motivaron, y nunca he mirado atrás. Mis cuentos tienden a tener cierta ironía porque así es como veo el mundo, como un poco absurdo, e intentar encontrarle sentido puede ser gracioso y triste.

En “¿A dónde vas?” casi todos los personajes están a un paso de la soledad o metidos de lleno en ella. ¿Qué le atrae de ese momento en el que el amor deja de ser el combustible de una relación?

En su trascendental ensayo La voz solitaria, Frank O’Conner dice que el tema central del cuento es la soledad. Mientras la novela muestra cómo el protagonista está unido a las personas y la sociedad a su alrededor, el cuento se enfoca en su aislamiento y enajenación. La soledad es la condición esencial del ser humano; todos sus intentos de entender y vincularse con otros se quedan cortos. El otro gran tema de los cuentos es la añoranza, y una conexión con otros es lo que las personas más añoran. Enfocarse en la soledad y la añoranza de un personaje es la mejor forma de llegar al centro de quién es, de revelar su esencia.

En estos veinte años de vida en Colombia, ¿ha cambiado su forma de asumir la literatura?

Algo que comparten los cuentos que ocurren en Filadelfia y los que ocurren en Cali es que el protagonista es un forastero. Un forastero no sólo en ese lugar, sino en la vida misma. Todos somos forasteros alguna vez, incapaces de encajar, extraños en nuestros propios hogares. Mucha de la mejor literatura se cuenta desde el punto de vista del forastero, porque cuando una persona es demasiado aceptada y acogida en su entorno, pierde la habilidad de observar con perspicacia. Algo que ha cambiado en mi escritura en estos años es que empecé a escribir sobre Colombia para describírsela a un gringo (o a mi ser gringo) y con los años me encuentro escribiendo para describírsela a un colombiano (o a mí –cada vez más– ser colombiano).