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Cultura 17 Ene 2012 - 9:59 pm

Trece músicos de la provincia de Padilla han fallecido en accidentes

El sino trágico del vallenato

La dramática muerte del cantante Tony López, el domingo, se suma a una larga lista de tragedias. Este es el breve recuento de ellas.

Por: Jaime de la Hoz Simanca
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    http://www.elespectador.com/noticias/cultura/el-sino-tragico-del-vallenato-articulo-321521
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Imagen del estado en el que quedó el auto de Tony López. / Didier Hernández

En la madrugada del domingo pasado, el cantante de música vallenata Tony López Soto se convirtió en la víctima número 13 que muere trágicamente y la número 6 que fallece tendida en una avenida de las tantas que cruzan, cada fin de semana, los músicos que cultivan con esmero el son, el paseo, la puya y el merengue.

Algunos eran figuras consagradas que paseaban por Colombia y el exterior su canto, sus letras como himnos regionales o las notas extendidas de su acordeón. Otros, como Tony López, apenas despuntaban en ese mundo que gira alrededor de La casa en el aire, de Rafael Escalona; La gota fría, del viejo Emilianito Zuleta, o Matilde Lina, del juglar Leandro Díaz.

Tony López, una joven promesa que había nacido hace 25 años en el municipio de Villanueva, tierra de grandes músicos, como los integrantes de la llamada dinastía Zuleta; de Jorge Celedón; y de los hermanos Israel y Rosendo Romero, había amanecido en una discoteca de su tierra natal y luego marchó a la población de Urumita, acompañado de Juan Ballesteros y Rosa María Vitola. A las cinco de la mañana el pueblo villanuevero comenzó a salir de sus casas al conocer que en el kilómetro 28 el Mitsubishi Lancer de López había dado dos vueltas de campana y él, émulo de trovadores vallenatos convertidos en leyenda, había fallecido minutos después.

En el sepelio, que se cumplió ayer con un ritual previo en la tarima “Escolástico Romero”, y después en el multitudinario desfile hasta el Cementerio Central, no sólo se repitieron sus canciones, sino que se interpretó Ave libre, un tema del músico Jean Carlos Centeno, que también le cantaron a Kaleth Morales después de su muerte. Muchos asociaron las dos tragedias, pues Kaleth, cantautor de la famosa Vivo en el limbo, había muerto el 24 de agosto de 2005 después de que la noche anterior su Toyota blanco se saliera de una peligrosa curva ubicada entre los municipios de Plato —donde un hombre se volvió caimán— y El Difícil, tierra de Pacho Rada, el rey del son, a quien muchos asocian aún con la mítica figura de Francisco el Hombre.

¿Un sino trágico?

El sueño de Tony López era el de terminar su primera producción musical y proyectarse al mundo con su canto original. Tenía el recuerdo de la presentación que hizo su paisano Jorge Celedón en la Casa Blanca ante George Bush. De eso habló alguna vez en una entrevista que concedió a la emisora Viva F.M., de Villanueva. Allí también mencionó sus temas favoritos, entre los que citó La dama guajira, una canción emblemática de la península, y La creciente, que hiciera famoso El Binomio de Oro.

Las dos canciones anteriores son de la autoría del compositor Hernando Marín, quien, fíjese usted, murió trágicamente en un accidente automovilístico el 4 de septiembre de 1999, cuando viajaba por los alrededores de la población de Los Palmitos, Sucre. El compositor, oriundo de El Tablazo, sur de La Guajira, había obtenido importantes triunfos con sus canciones inéditas en el Festival de la Leyenda Vallenata. Asimismo, fue el autor de la canción Villanueva mía, interpretada por Silvio Brito y dedicada a la tierra cuyo principal folclor continúa de luto.

Un sueño similar tuvo Jesús Manuel Estrada, cantante oriundo del municipio de Planeta Rica, Córdoba y quien, después de un largo olvido, fue recordado mientras avanzaba el cortejo fúnebre de Tony López y la multitud, abigarrada y atónita, se acercaba al camposanto donde irían a reposar sus restos.

Estrada, de voz melodiosa y auténtica, logró unirse musicalmente con el acordeonero y compositor Omar Geles, quien lo invitó para que se constituyera en la voz líder de una agrupación que por su nombre parecía destinada al fracaso: Los Diablitos. Sin embargo, Jesús Manuel, tal como se le llamó siempre, la hizo famosa cuando interpretó Los caminos de la vida, canción que sigue recorriendo senderos distintos, más allá de la música vallenata. El 12 de noviembre de 2003, a la misma hora en que ocurrió la muerte de Tony, Jesús Manuel se mató cuando iba rumbo a Medellín después de haber actuado durante la noche anterior en el sur del Cesar. Entre las canciones que dejó grabadas está No busques nada de mí, del compositor Déimer Marín, hijo de aquel Hernando Marín, muerto trágicamente en una carretera de Sucre.

Patricia y Adaníes

Las mujeres tampoco han escapado a esta especie de sino trágico de la música vallenata. Al cumplir 25 años, la misma edad en que se mató Tony López, la cantante Patricia Teherán, voz líder de Las Diosas del Vallenato, volcó su vehículo en medio de vueltas sobre sí mismo, luego del estallido de una de las llantas traseras. Se dirigía a Cartagena, su tierra natal, después de haber estado en Barranquilla, donde era reconocida como pionera del canto femenino en el vallenato.

Patricia murió el 19 de enero de 1995. Inicialmente había formado parte de Las Musas del Vallenato, agrupación a la que ayudó a impulsar el cantante Miguel Morales, padre de Kaleth. Más tarde escogió su propio camino y a sus acompañantes musicales, todas mujeres, con las que logró puestos importantes en ventas de sus producciones y éxitos con muchas de sus interpretaciones.

Pero el sino trágico del vallenato pareció haber comenzado el 9 de febrero de 1983, día en el que falleció Adaníes Díaz, un cantante que ganó fama y alabanzas hasta que su acordeonero Héctor Zuleta —hermano de Poncho y Emiliano—, considerado como el mejor de esa dinastía, fue asesinado el 8 de agosto de 1982 por varios escopetazos de los que aún se ignora de donde surgieron. Seis meses después moriría Adaníes, al lado de su madre y una de sus hijas, cuando se dirigía a Riohacha, proveniente del municipio de Barrancas, al timón de su camioneta inseparable.

La mala hora de Juancho Rois

El acordeonero Juancho Rois, apodado “El Conejo”, falleció trágicamente en un accidente aéreo. Con esa muerte, el vallenato recibió una de los golpes más fuertes en toda su historia. Rois hacía recordar los ancestros, las raíces y, dicen los especialistas, estaba destinado a revolucionar el vallenato.

Los meses de octubre y noviembre de 1994 fueron muy activos para el popular grupo conformado por Diomedes Díaz y Juancho Rois, pues abundaron las presentaciones en varios centros musicales de Estados Unidos y después en la ciudad de Valencia, Venezuela. Al día siguiente del último toque, todos viajaron en bus hacia Caracas con la intención de regresar a Colombia y continuar con las giras previstas en una extensa agenda.

En el hotel Las Américas, Juancho Rois habló de un compromiso que había adquirido con el teniente José Gutiérrez, un exintegrante de la Guardia Nacional al que había conocido en la isla de San Andrés y con quien lo unían lazos de afecto y amistad. Gutiérrez quería celebrar su cumpleaños con la animación del grupo vallenato que se conformó, horas antes del viaje. A las 5:30 de la tarde de aquel 21 de noviembre, cinco músicos abordaron, en el aeropuerto de Maiquetía de la capital venezolana, la avioneta Cessna Piper YV-628P, rumbo a la localidad de El Tigre, estado de Anzoátegui, donde los esperaban el cumplimentado, los invitados y el cantante Enaldo Barrera, Diomedito, quien iba a reemplazar a Diomedes Díaz, cuya decisión había sido la de permanecer en el hotel Caracas Hilton.

Había mal tiempo, estaba lloviendo. Las luces del aeropuerto estaban apagadas y parece que hubo sobrepeso. No se sabía dónde aterrizar porque todo estaba a oscuras. El piloto intentó tomar la carretera, pero la avioneta se estrelló contra una antena. Juancho alcanzó a gritar: “¡No me dejen morir!”.

Las versiones de la tragedia, 17 años después de que ocurriera, son las mismas que se conocieron desde la madrugada del 22 de noviembre de 1994. Los testigos, directos e indirectos coinciden en afirmar que la avioneta chocó por el costado izquierdo con una antena de transmisión y luego cayó en un descampado, entre árboles distantes y hierba de poca altura

Juancho Rois falleció minutos después del accidente, en momentos en que era atendido en el hospital Zambrano, ubicado en la población de Barcelona. Se salvaron Jesualdo Ustáriz y Tito Castilla, quienes han repetido infinidad de veces los pormenores de la tragedia. Eran las 7:30 de la noche.

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