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Cultura 9 Nov 2011 - 11:08 pm

Primera colombiana en el Paseo de la Fama

La estrella de Shakira

Miles de fanáticos se acercaron a Hollywood el martes al mediodía para ver a la colombiana recibir una de las distinciones más importantes de su carrera.

Por: Alejandro Millán / Los Ángeles
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Shakira posa para los fotógrafos sobre la estrella de Hollywood que lleva su nombre. / EFE

Si de alguna forma Shakira Isabel Mebarak Ripoll, la colombiana, la barranquillera que conquistó el mundo, fuera a quedar en la historia sería así: como una estrella. Y la historia, que poco se equivoca, dirá que ella, a la que vimos crecer en televisión, conciertos y discos por millones, fue la primera colombiana con una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood.

Estamos en la esquina de Hollywood Boulevard y la calle Vine, frente al imponente hotel W. Es temprano y hace frío, pero no hay disculpas entre sus fans para no acompañar a Shaqui en su encuentro con la historia. Ahí, detrás de una barrera de metal y la custodia de varios oficiales de la policía, está Berta. Tiene un letrero en fucsia resplandeciente con letras amarillas “We are proud of you” (Estamos orgullosos de ti).

“Es mi favorita. Desde que tengo nueve años me volví fanática y me siento muy orgullosa de ser su fan y que ahora vaya a recibir un reconocimiento en el paseo de la fama”, dice, mientras se cierra el abrigo.

Para recibir la estrella en este lugar, patrimonio de Hollywood y por ende de la industria del entretenimiento, lo primero que debió aceptar Shakira por escrito es que iba a estar en la ceremonia y firmar un pago de 200 dólares para que a la estrella le peguen una lustrada cada tanto. Después de eso, la Cámara de Comercio de Hollywood decidió, en su reunión anual, otorgársela y, bueno, aquí estamos, frente a un entablado que no supera el ancho del andén, adornado con una alfombra roja y, en el medio, su estrella.

Por supuesto, no es la primera latina en este largo camino que se extiende desde la calle La Brea hasta Vine, por todo Hollywood Boulevard. Desde las primeras distinciones entregadas a Desi Arnaz —el famoso Ricky Ricardo de I Love Lucy—, a la cantante Dolores del Río y al actor José Ferrer, entre otros, los hispanos tienen un lugar importante en este recorrido callejero, que hay que hacer mirando al suelo. José José, Julio Iglesias, Celia Cruz, Vicente Fernández y Cantinflas son algunos de los famosos latinos que han dejado su nombre en el paseo. Ahora le toca el turno a Colombia. Hay banderas, un grupo de corralejas baila al compás de ‘Las caleñas son como las flores’, que sale de una grabadora que bien pudo haber sido comprada en cualquier sanandresito; no suena el himno, sino la cumbia, el porro.

En un rincón del entablado está Sergio. Tiene fotos de Shakira de la primera época, también hizo un cartel enorme. Llegó a las seis de la mañana. Todo vale la pena por su ídolo. “Para mí Shakira es todo. Es lo máximo. He estado en 15 conciertos suyos. La he seguido por el mundo. Aunque nací en Guatemala, vivo aquí en Los Ángeles desde pequeño”, dice.

Cinco minutos después del mediodía, Shakira sale por una de las puertas del hotel y la gente hierve. Está impecable, con una especie de sastre blanco sobre unos pantalones negros. El rubio artificial parece más natural que nunca. El primero en hablar es Leron Gubler, presidente de la Cámara de Comercio de Hollywood. Habla en español lo que puede y después comienza con el reguero impresionante de logros de la compatriota: artista más vendedora, persona del año por la Academia de la Música de Estados Unidos, designada especial por el gobierno de Barack Obama para asuntos de educación, Fundación Pies Descalzos, Fundación Alma, y sigue la lista. Shaqui hace como que no se lo puede creer, mira a sus fanáticos, que una vez más le cumplen. ¿Querías multitudes? Ahí las tienes: son todos tuyos y te aman.

“Cuando era pequeña, mi madre me dijo que iba a estar en este paseo de la fama. Si alguien la hubiera escuchado le habría dicho que estaba delirando. Pues bien, aquí estamos. Sueñen. Todos tenemos una estrella”, dijo. Todos aplaudieron. Después vino lo que se vio en los televisores, periódicos y websites: Shakira con sus padres descubriendo la estrella y tirándose al piso, cubierta de los flashes que inundan una vez más el paseo de la fama. “Quiero dedicarle esta estrella a la comunidad latina de Estados Unidos”, agradeció.

Finalmente se acercó a la multitud. La histeria colectiva de miles de personas que estaban allí dejaron al descubierto dos cosas: la grandeza de nuestra artista y que “es muy bajita”, como lo decía la muchedumbre enamorada. “It’s small” (Es pequeña). Cuando se dispersó la multitud, Shakira se metió en su hotel W. Otra vez nos encontramos con Berta, temblando, con los ojos aguados y, en su mano derecha, un calendario de 2011 con la firma de Shakira.

—¿Qué te dijo cuando te abrazó?

Y Berta, que estaba trasnochada, que soportó de pie una jornada de casi siete horas, que se preparó sólo para verla y que todo esto era ya un regalo excesivo del destino, respondió las únicas palabras que no esperaba en un día tan feliz.

—Que gracias.

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