“Fue un accidente que me salvó”

Hace parte de una corriente de jóvenes escritores de la Argentina. Su poesía es cruda y llena de vivencias como mujer en el amor y como hija de trabajadoras en las villas de Buenos Aires.

La argentina Patricia González asegura que el hecho de escribir ha sido una determinación en su vida. /Archivo particular

“¡Que se vayan todos los paraguayos / que nos sacan el trabajo / ocupan los hospitales / y no pagan impuestos! / Que se vayan a su país o al interior que hay menos gente / y también necesitan mulos. / Que se vayan todos / ¡menos mi mucama, / no sabés cómo limpia! / En todos estos años / nunca me robó, / mirá que muchas veces dejé plata en la mesita de luz, / o los anillos en el baño / y nunca me faltó nada / eso que vive en una villa... / ¡Es una en un millón! Honesta / Limpita... / Se viste feo, pobre / pero, como yo soy muy generosa / desprendida / algo de ropa le doy. / Es muy buena / tan buena que no me pide obra social / ni jubilación / ¡Es tan caro pagar las cargas sociales!”.

Con Patricia González, autora del anterior fragmento, La patrona te ama, pude hacer dos cosas. Leerla y hablar con ella. No sé si me gusta más escucharla o leerla. Cuando hablábamos y sacaba una de sus frases geniales, parecía que la leía; cuando la leo, siento como cuando me contaba con sinceridad sobre el desamor; y cuando bromeaba e insultaba a alguno por las calles de Buenos Aires, creía que lo había sacado de su libro.

Es argentina, porteña, tiene 28 años, tres libros publicados —Indecible (2009), Dos de azúcar (2010), Maldad, cantidad necesaria (2013), en donde está incluido La patrona te ama—, varias participaciones en antologías y referencias en diarios reconocidos como Página 12, y estuvo en la pasada Feria del Libro de Buenos Aires. Se crió en Merlo, en la provincia de Buenos Aires, vivió dos años en una de las villas de la capital de Argentina, donde las cenas se disimulaban con un café con leche, y hoy cuenta sobre su vida en medio de la poesía, ese accidente que le salvó la vida.

¿Qué tanto tiene lo que escribe de lo que vio de niña?

A veces me burlo, a veces describo la burla y a veces escribo desde el padecimiento. Creo que hay muchas frustraciones que vienen del prejuicio y del maltrato. Hay gente que se mete con un pibe y no cuenta cómo es o cómo se viste. Luego, hay cosas más profundas del prejuicio social: quién eres, dónde vives y qué hacen tus padres. El amor de mi madre, de mi abuela y mis tíos, la ausencia de mi padre. Eso es lo que dejo en las hojas.

¿Cómo define su poesía?

Escribir fue una determinación. Cuando tenía doce dije: “Quiero ser parte de ese grupo”, y no sabía si me iba a salir. Lo intenté y hasta ahora no he parado. Pero también creo que fue un accidente, que se nutrió de las vivencias. Si algo me pasa, no soy la única, no soy un fenómeno, así que en los textos se van a encontrar muchas personas. Fue un accidente que me llevó a salvarme.

Parece tener un caparazón de chica mala y escribir desde adentro…

Me gusta jugar con eso porque la gente tiene el libro para saber si miento o no. Mi editor dice que no es Patricia la mala, sino la maldad que ejercieron sobre ella lo que la motivó a escribir. Socialmente se confunde lo permisivo con lo bueno. Cuando empiezas a defenderte, dejas de ser tan bueno.

¿El poema “La patrona te ama” es una vivencia cercana?

Ahí junté todo el prejuicio, frases que escuché y contradicciones que se registran siempre, no sólo de mi familia, sino de las familias del barrio en que viví. Gente que viaja cuatro horas diarias y llega a la medianoche y que no puede estar con su familia. En este caso es una mucama, pero puede ser otro oficio. Y luego el caso de los extranjeros. De niña iba en autos de patronas de mi abuela que se quejaban de los paraguayos cuando mi abuela, que es paraguaya, trabajaba en sus casas.

Y, en general, sobre “Maldad, cantidad necesaria”…

Es sin duda un libro más maduro. Es mi favorito, aunque me gustaría darle otra oportunidad al segundo (Dos de azúcar) que se puede decir que es más novela. Pero este es de la poesía como yo la creo, como pienso que se debe escribir. Es el resultado de una deformación y de un aprendizaje.

¿Se ubica en alguna corriente de la literatura contemporánea?

En Buenos Aires se habla de nueva literatura o de los jóvenes autores, pero es muy reciente para decirte de qué hago parte. Lo que se está haciendo ahora hace parte de muchas editoriales independientes gracias a las que el libro ha ido al Salón del Libro de París, a Guadalajara, a Cuba. El libro viajó, pero no hay un millón de compradores; sin embargo funciona, se lee, se descarga, la gente se lo presta. Es un circuito nuevo que forma parte de una generación que está escribiendo mucho.

El ambiente político está dividido y Cristina Fernández está por irse… ¿Es afín a esta corriente?

Al principio no confiaba en el Gobierno, al menos en el primero. Pero encontré en su discurso autores que ya había leído, como Samuelson. Encuentro referencias también en la legislación y para mí la política se define en la ley, que es lo que queda. Cuando yo estudiaba, mi familia no tenía plata y un año recibí becas del Ministerio de Educación, pero porque tenía todos los requisitos. Luego, en la facultad, había un texto que hablaba de Clarín y de los intereses económicos. Decía: “Nos están meando y Clarín dice que llueve”. Yo lo sabía porque iba a la facultad, pero luego lo supieron mi mamá, mi abuela, mis tíos. Creo que se ha alertado a la sociedad.

 

 

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