Gente |28 Sep 2012 - 10:08 pm
Primer noticiero en Latinoamérica para sordos
Para ver una voz
El Canal Capital y el Instituto Nacional de Sordos estrenan este domingo a las 12:00 m. un proyecto innovador.
Por: Santiago La Rotta
Geovanny Melendres (en pantalla), uno de los presentadores sordos del noticiero. /Fotos: Andrés Torres - El Espectador
Después del conteo regresivo entra el presentador. El noticiero se está grabando. Hay silencio.
En el estudio están el entrevistado y el presentador, una persona sorda de nacimiento. Hay un tercero, un intérprete que se encarga de darle sonido a la lengua de señas en la que se comunica el presentador, un mediador entre el mundo del gesto y el del sonido.
Capital Noticias en Señas es el primer noticiero pensado exclusivamente para personas sordas en el país y, según el Instituto Nacional de Sordos (Insor), la primera iniciativa de este tipo que se realiza en Latinoamérica. El noticiario se transmitirá, a partir de mañana, todos los domingos a las 12 del día por Canal Capital.
Las cifras oficiales (censo de 2005) dicen que en el país hay algo así como medio millón de personas sordas o con deficiencias para oír. Es una población minoritaria para la cual la televisión es un invento lejano, un asunto que los toca apenas tangencialmente mediante la gracia del closed caption (una transcripción en texto del audio de un programa). En palabras simples: no hay televisión para personas sordas, un producto que se haga en lengua de señas, la forma de comunicación más apropiada para esta comunidad, según el Insor.
El noticiero busca comenzar a subsanar la falencia, que no es sólo de producto (la televisión por la televisión), sino de información, la moneda más valiosa en una era plena de tecnologías y medios, de saberes y exploraciones, así como de brechas y distancias, atrasos y negligencias.
El proyecto lleva abriéndose camino desde julio de este año, cuando el Insor suscribió un convenio con Canal Capital para desarrollar el noticiero: el instituto pone el talento humano (los presentadores y el intérprete, básicamente) y el canal entra como el operador técnico del producto (cámaras, estudio, técnicos, productores y así).
La entrevista. La entrevista entre una persona que oye y una que nació en medio del silencio, la ausencia del sonido de las palabras.
La cosa toma forma de triángulo. El presentador pregunta utilizando la lengua de señas (la cámara se centra sólo en él) y el intérprete traduce simultáneamente en español para que el entrevistado (una persona que oye) entienda la pregunta. A la hora de la respuesta, el plano se divide en dos secciones y la porción más generosa de la imagen la tiene el intérprete, quien convierte en señas lo que dice el entrevistado.
La información: fechas y lugares de matrículas para los nueve colegios públicos de Bogotá que ofrecen educación para personas sordas o con impedimentos auditivos. Importante. Vital, incluso.
Errores, cortes, preguntas en señas, habladas. El intérprete suda bajo las luces intensas del estudio. Toma uno. Dos. Tres. Un programa forzosamente pregrabado porque la comunicación, aunque fluida por momentos, aún es un asunto desafiante, agotador.
En pocos minutos, Ángelo Valencia, el intérprete, se toma un café, un vaso de agua, un agua aromática. Deben maquillarlo de nuevo. Calienta las manos, estira: un atleta manual, si se quiere.
Al otro lado del estudio, Juan Carlos Nieto, comunicador social y profesor universitario, recibe instrucciones de sus compañeros de equipo (Mario Santacruz, Vladimir Claros y Geovanny Melendres, todos profesionales en campos como la comunicación social y la lingüística, además de sordos de nacimiento), quienes lo corrigen en el uso de una seña para una palabra. Otro corte. Comenzar desde cero. Valencia interpreta para todos los demás: “Juan Carlos dice que se equivocó, que esa no es la seña, que comencemos de nuevo. Se le lenguó la mano”.
La adaptación de un medio pensado en virtud de la imagen y el sonido exige repensar cosas como los valores de planos y el orden del discurso. La cosa se revuelve en función de los gestos de casi todo el cuerpo y en ese orden de ideas la televisión cambia: la prioridad es comunicar, no distraer.
El equipo de grabación, algo así como 10 personas (ninguna de ellas con mayor o algún conocimiento de la lengua de señas) espera. Comienzan a grabar de nuevo. Paran.
Más que silencio incómodo, lo que hay en el estudio es una comunicación hecha de voluntad entre aquellos que no oyen y los que no entienden. Llevan meses en un proceso de acoplamiento que resulta lento para la dinámica usual de las noticias en televisión, pero que tiene el encanto propio de la exploración; más allá de los objetivos sociales del proyecto (loables y motivos fundacionales del mismo) todo el proceso tiene la mística de lo nuevo. El ensayo y el error como camino hacia una certeza.
Por: Santiago La Rotta
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