La inevitable contradicción del ser

Hablamos con Afonso Cruz sobre su nuevo libro en Colombia, una obra profunda e irónica para niños, y terminamos haciendo una breve enciclopedia de este escritor de la tierra de Saramago y Pessoa.

La contradicción humana como el espíritu de la condición humana. La contradicción del amor, de que aunque seamos dos haya sólo una sombra porque hay abrazos que se funden, o que a la vez seamos islas en un mar de gente. La contradicción de que escuchemos música triste y eso nos haga felices. De que seamos políglotas, pero a la vez incapaces de entender “la lengua que se habla en casa”.

Así es La contradicción humana, del escritor e ilustrador portugués Afonso Cruz, el nuevo título que lanzó esta semana la editorial Tragaluz en Colombia. Tal vez sea el diminutivo de una obra filosófica que se puede leer a partir de los siete años. La ambigüedad como un tema profundo que cabe en pequeñas historias o reflexiones aparentemente ingenuas de un niño sobre el mundo que lo rodea. Un síntoma de la observación, sorpresa y curiosidad en la infancia.

Más que ingenua, esta es una mirada honesta y a la vez subversiva: la ciencia no lo explica todo. Hacemos lo contrario de lo que decimos y somos tan ilógicos como el domador de leones que les tiene fobia a las cosas mínimas o como el pianista que llora de la felicidad cuando mueve sus dedos, “más largos que la clase de matemáticas”.

Afonso Cruz supo contarnos este relato, además, de manera visual. Las ilustraciones se visten de rojo, negro y blanco, para enfatizar las dualidades. La letra es como un escrito a mano, para hacerlo más personal. Un escrito que no roza el moralismo, pero que se sumerge en la ironía y el humor. Y cómo divierte ver a los demás hacer cosas que desafían la lógica.

Este libro obtuvo el premio Autores SPA/RTP y fue escogido para la exposición White Ravens en 2011. El reto de traducirlo y editarlo estuvo a cargo de Tragaluz, la misma editorial que publicó el año pasado El pintor debajo del lavaplatos, la novela corta de Cruz en la que cuenta cómo su abuelo escondió a un judío debajo del lavaplatos. La directora editorial de Tragaluz, Pilar Gutiérrez, dice que La contradicción humana es un libro dirigido a niños, pero que puede leer cualquiera: “Hace parte de nuestra apuesta por la ilustración como otra forma de narrar, de contar. La apuesta para que el libro sea un objeto, una obra de arte”.

A propósito de este lanzamiento, entrevistamos a su autor. Las preguntas fueron convertidas en palabras, como si fuera un diccionario, uno brevísimo, sobre Afonso Cruz. Claro que haría falta una enciclopedia entera para conocer a este hombre que hace dibujos animados, prepara su propia cerveza, es compositor y es miembro de una banda de blues llamada Soaked Lamb, en la que canta, toca guitarra, banjo, ukelele y armónica. Cruz empezó a escribir hace seis años y ya ha publicado cerca de 20 libros entre novelas, cuentos para niños y colaboraciones con otros autores. Algunas de sus obras han ganado premios como el de la Unión Europea para la Literatura en 2010 y mejor libro del año en el Prémio Time Out Lisboa con Jesucristo bebía cerveza, otro de sus títulos publicados en Colombia.

Enciclopedia en primera persona

BREVE. Me gusta cuando se puede sintetizar un pensamiento en una pequeña frase. Es uno de los grandes milagros de la literatura y que en física es imposible hacer: poner algo mucho más grande que el recipiente que lo contiene.

CERVEZA. Empecé a hacer cerveza para comprender por qué en un libro que leí del siglo XI o XII decía que era una escuela para entender el universo. Entonces encontré que durante la fabricación se pueden encontrar muchas metáforas. Por ejemplo, que los cereales tienen que morir para después retornar en cerveza es una metáfora de la resurrección cristiana. La cerveza puede ser también como la virgen fecundada por el aire, o un espíritu. O que antes, cuando no se sabía de la existencia de las levaduras, se creía que burbujeaba por algún fuego interno. Parecía algo mágico. De hecho, en mi libro “Jesucristo bebía cerveza”, también la uso como metáfora.

ESCRIBIR. Cuando juntamos muchas cosas es como si fuésemos llenando un vaso. Lo que me pasó con la escritura es que leía tanto que mi vaso empezó a regarse, empecé a escribir. Pero es como hacer cerveza, me gusta más beber cerveza que hacerla. Para mí una buena historia debe tener algo que me sorprenda y que me haga sentir en los zapatos de los personajes. Eso es importante para que podamos reír o llorar con ellos. Intento también que mis historias tengan un fondo filosófico, algo que se pueda aprender y que vaya más allá de la historia solamente.

FILOSOFÍA. Me gusta más la filosofía que la literatura. En Oriente se usan historias para explicar pensamientos filosóficos y eso me parece más interesante. Es algo que las personas pueden disfrutar. Además, me gusta que un libro sea más que una narrativa o un trabajo del lenguaje, que haya un mensaje.

INFANCIA. Viví hasta los cinco años en Figueira da Foz, al lado del mar, y después viví en Lisboa. Fue una infancia normal, pero hay una parte muy especial que era la familia de mi abuelo paterno. Él tenía cuatro hermanos y todos eran personas muy especiales, un poco como mis personajes. Uno era poeta: andaba siempre con las manos detrás de la espalda, fumaba mucho, vivía solo en un cuarto y era un excelente músico que tocaba violín y guitarra. Otro era futbolista y jugaba en el Sporting, que es uno de los mejores equipos portugueses. No ganaba mucho dinero con el fútbol, así que tuvo que trabajar después para un casino. Otro fue pionero de la aviación porque consiguió hacer el primer viaje de avión de Portugal hasta África, Mozambique, India. Y mi abuelo era fotógrafo (en “El pintor debajo del lavaplatos” es el señor Costa). Él torturado y preso tres veces porque luchó contra la dictadura que Portugal sufrió durante 50 años y también porque era una persona capaz de esconder judíos debajo del lavaplatos.

NIÑOS. Intento que los libros para niños no sean para niños propiamente, como “La contradicción humana”. Que sean más como libros que no excluyan a los niños. Que ellos los puedan leer, no sé si comprender totalmente, pero creo que todos los libros son así. Si nosotros comprendemos totalmente es porque no es muy bueno. Lo que es muy bueno en un libro es que nos pueda mostrar algo que no sabíamos antes de leerlo. Para los niños es lo mismo: pueden aprender palabras y pensamientos nuevos.

PERSONAJES. Todos tenemos pequeñas cosas que son un poco más extrañas que unos ojos negros o el cabello rizado. Asimismo, intento que podamos definir a los personajes con trazos que los distingan de los otros. Todos tenemos algo especial, lo importante es encontrarlo.

VIAJES. Cuando viajo son más importantes para mí las personas que los paisajes o monumentos. Me ha gustado conocer otras formas de vivir en la sociedad. Los viajes son una forma de comprender con verdadera empatía, no leyendo un periódico en el que la información ya ha sido filtrada. La manera como vemos un país y comprendemos su contexto es más verídico cuando podemos viajar y hablar con las personas.
 

@julianadelaurel

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