Su exposición está en Casa Tafur hasta el 23 de agosto

La artista que pinta retratos con grandes ojos

Catalina Muñoz pertenece a una familia de pintores. Desde pequeña encontró en el arte una forma de comunicarse con los demás y hace tres años su familia decidió enfocar su proyecto de vida en sus retratos.

Catalina Muñoz nació con una enfermedad llamada síndrome de Russell, que retrasa el crecimiento.Gustavo Torrijos- El Espectador

“Listo, ahora sí siento que el cuadro me mira”, exclama Catalina Muñoz al finalizar los ojos de alguno de sus retratos. Pinta a sus papás, hermanos y abuelos, a los artistas que usa como referentes y sus versiones de los ejemplares más famosos de la historia. El Caballo y la Virgen de Fernando Botero, la Mona Lisa de Leonardo da Vinci y La noche estrellada de Vincent van Gogh están en su atelier. También retrató a Frida Kahlo, Juan Manuel Santos y Juanes. A este último le entregó la réplica de su cuadro original en persona. Ahora trabaja en un encargo especial del papa Francisco y sueña con entregárselo cuando él esté en Colombia.

Su profesora es Mery Monsalve, quien explica que su alumna hace interpretaciones de los artistas que conoce en las clases o los recrea a ellos mismos. Como quería ser como Da Vinci, también se autorretrató, pero con los colores con que ella ve el mundo.

Entre rostros de su familia, conocidos, pintores y los que salen de su cabeza formó la primera exposición, Conectando mundos, con la que busca dar a conocer su trabajo. La serie de personajes que tenía en su bitácora ya la terminó, están todos en la exhibición, pero en su cabeza tiene una gran lista de personas por retratar. Al principio de esa bitácora tiene el dibujo de una mano, “una hermosa mano”, como la llama, porque es la suya y con ella “pinta muchos retratos y cuadros hermosos”.

Laura Esguerra Villegas, curadora, resalta que “Cata es un ejemplo del proceso que hace el arte para transformar la vida”.

“Toda mi familia pinta. Mi mamá hace cuadros grandes”. Y fue justamente su mamá, Luz Dary Gómez, la primera persona a la que retrató. Estaba en el colegio, no se parecía mucho físicamente, pero plasmó la manera como la ve. Entre todas sus creaciones, interpretaciones y réplicas, las pinturas que ha hecho de ella son sus favoritas, “porque es mi mamá, porque la amo”.

Lo que caracteriza sus cuadros son los ojos, que son el elemento que más los carga de expresión. Es difícil definir si representan la manera como siente que la miran las personas o la forma en la que ve el mundo, explica su hermana Lucero Muñoz, una psicóloga que decidió acompañar la carrera de Cata. “La invitación es a conectarse con su mirada, con lo que ella ve y cómo percibe el mundo a través de un arte simple y lleno de simbología”. Ella planeó la exposición, que Cata hoy dedica a su papá, Óscar Muñoz, “arriba en el cielo”.

¿Por qué todas sus pinturas tienen los ojos así?

“Son ojos abiertos para poder ver a toda la gente”, responde la artista entre risas.

Más allá de un costo comercial, sus obras tienen un valor intrínseco, porque con la ayuda de la pintura Catalina Muñoz ha superado las limitaciones del mundo para comenzar a retratarlo y comunicarse con él. Para la familia es grato recordar cómo algunos padres que tienen hijos en condiciones especiales se han acercado a destacar su trabajo.

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