Confesiones literarias

Los cuentos fantásticos de Elkin Restrepo

Poeta, narrador, dibujante, grabador, escultor, editor y profesor universitario, Restrepo muestra en su obra una voz muy propia en la que aparecen los sueños, el misterio y la cotidianidad.

Elkin Restrepo, a quien los críticos ubicaron dentro de la Generación Desencantada. Archivo personal

Con este libro, Eafit inicia una magnífica colección. Se trata de un texto admirable que hace pensar en que así deben ser los libros. De esta manera ratifica su lugar dentro de la vanguardia editorial en el país y en el contexto de las universidades colombianas. Es de mucho significado que la colección se ocupe del cuento, una expresión literaria que no siempre ha contado en el país con la acogida de los editores. Esta obra es la reedición de dos libros anteriores del autor, De la bondad de las almas muertas (2009) y La orfandad de Telémaco (2014), con dos cuentos nuevos. El libro presenta un epígrafe de Joyce: “Toda vida consiste en muchas vidas, día tras día. Caminamos a través de nosotros mismos encontrando ladrones, fantasmas, gigantes, viejos, jóvenes, esposas, viudas, cuñados adúlteros, pero siempre encontrándonos a nosotros mismos”.

Este aspecto me parece fundamental en estos cuentos, en los cuales siempre está detrás la sombra de los grandes maestros como el universo dentro del cual se propone su creación. Sin duda, en ello se basa la importancia de Elkin Restrepo en las letras colombianas, y en particular su gran aporte, que siempre se ha caracterizado por la apertura a las nuevas formas y el lenguaje como descubrimiento de la realidad de la literatura. De allí esa sensación de novedad que se puede admirar tanto en su poesía como en sus cuentos. Enseña otra mirada como otra posibilidad creativa, la del arte como forma.

La prosa y el cuento han sido la tentación constante para el poeta que ha ido abriendo nuevos caminos. Así desarrolla una gran búsqueda de nuevas historias como una distinta manera de contar. Con esto quiere decir que narrar es hallar la realidad que se encuentra más allá en la mirada de la sensibilidad.

Estos cuentos proceden de obras del autor y que son Sueños (1995) y Fábulas (1995) que habría que señalar también como páginas de su poesía narrativa. A estos sigue El falso inquilino (1999). Están allí además el humor y la ironía que enriquecen cada página.

En Cuentos, las historias asumen la técnica de la confesión, como si el autor se propusiera escribir unas memorias fantásticas. Son narraciones como partes de su diario, y con las cuales se adentra en hechos cuando menos insólitos y circunstancias con las cuales asume el reto de inventar. Por ello se presenta una marcada espontaneidad que hace parte del credo del poeta que saca su inspiración de la cotidianidad. Así el creador logra con sus cuentos otra forma de asedio de su realidad.

Allí se pueden leer relatos en los cuales prima el ensueño, resultado de la mirada como vivencia y pasión. Lo diario constituye la naturaleza de esta obra como la forma de captar el tiempo que define el estado de ánimo. Es la antítesis borgiana en la que el ser se hace y se deshace. Precisamente en Una tumba sin flores afirma que el tiempo es una cárcel. Además está la lucha entre el presente y el pasado. Pero en lo anterior no hay que equivocarse, porque se trata de una obra que rinde culto a la ficción por excelencia que es la literatura fantástica.

Así los cuentos corresponden al juego imaginativo que tiene relación con su poesía. Se centra en el sujeto como su fundamento. El relato surge del diálogo del hombre consigo mismo. Me llaman la atención estos personajes vistos desde adentro, más allá de su propio escepticismo y certeza de una realidad perdida. Por eso el lector hallará en estos relatos la expresión con la forma del pensamiento, un lenguaje para romper la lógica de la vida. Pero a su vez son desgarramientos “intentando el paraíso”. Se trata de protagonistas que parecen él mismo enfrentado a una gran aventura con la que no se atreve a romper con su pasado. Son seres románticos y atormentados que de repente han visto chocar sus ilusiones con la realidad.

Está aquí la literatura como experiencia que ratifica la expresión de Gaston Bachelard, que dice que imaginar es más importante que vivir. Primero por su creatividad, que les da a sus páginas un gran sentido lúdico. De ese modo aparece el hecho imaginario como encuentro con las fuerzas inconscientes, los dobles como seres que nos miran desde nosotros mismos, nos hacen trampas o ratifican nuestras frustraciones. Estos protagonistas sueñan con oportunidades que pierden y que los devuelven a la cruda cotidianidad.

Otra de sus claves, un narrador testigo que se enfrenta a una realidad como si fuera parte de su otro yo fatal que le juega una mala pasada. Es el reiterado otro yo de la literatura fantástica que no pocas veces nos lleva al espanto. En estos textos se expresa además la voz interior que habla solitaria como expresión de lo onírico. Ocurre por ejemplo con el japonés que sin saber por qué aterriza en Medellín y allí vive como perdido. Sin dudas, la huella de la literatura fantástica que siempre está presente en estas páginas.

Pienso, por ejemplo, en un cuento como La pata de mono de Jacobs, que recoge Borges en su Antología de la literatura fantástica. Llama la atención un relato como El falso judío. Obsérvese la relación del adjetivo antepuesto como en el caso del libro El falso inquilino, la historia de alguien que convierte la vida de una mujer en pesadilla. Estos temas son reiterados en varios cuentos y ello hace que el libro deje entrever la sensación de una novela que va llegando a las manos del autor, aunque este parezca incrédulo. En los últimos cuentos hay una gran tendencia al hecho policíaco.