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Cultura 7 Ene 2013 - 9:00 pm

El Pentagrama / El director Rinaldo Alessandrini

En manos del conductor elegido

Rinaldo Alessandrini dice que lo que caracteriza el ‘Estilo Italiano’ es la gracia y la elegancia.

Por: Juan Carlos Piedrahíta
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Wilfredo Amaya

En el concierto inaugural el público quedó sorprendido con el manejo de instrumentos de época, como el laúd y el clavecín, ¿estos instrumentos del Barroco pueden verse afectados por las condiciones del Caribe?

Algunos instrumentos que trajimos a Cartagena son originales de los siglos XVII y XVIII. Otros, sin embargo, son copias, pero la mayoría son de tripa y pueden verse afectados por la humedad, porque la reacción de la cuerda cuando está totalmente mojada no es buena. Ese es el peligro del mundo moderno, pero estamos muy bien en Colombia y lo que hicimos durante el primer concierto fue una antología de piezas de lo que hemos llamado el ‘Estilo Italiano’. Un dato curioso de este repertorio seleccionado es que se tocó completo en una iglesia que sigue en pie en Roma.

Siempre se considera que las ciudades importantes para la música fueron Venecia y Nápoles, pero usted dirigió un concierto llamado ‘Un viaje a Roma’, ¿por qué?

Roma definitivamente fue muy importante, porque era un lugar de tránsito de muchos compositores, quienes hacían sus obras allí y, además, las estrenaban en esa ciudad. Así les pasó a George Friederic Haendel, a Alessandro Stradella y a Georg Muffat.

Usted ha dicho que la transición del Renacimiento al Barroco es un cambio hacia lo subjetivo, ¿cómo es ese concepto?

El siglo XVII representó un cambio enorme hacia lo relacionado con la concepción del texto, la poesía, y su forma de vinculación con la música. Se pasa de una dimensión objetiva a la idea de lo subjetivo y el compositor comienza a incluir elementos personales y emotivos. Hay un cambio en la forma de escuchar la música también. Eso es una transición como del blanco al negro, lo que permitió la creación de la ópera y de muchas de las manifestaciones de Occidente. La música ganó emotividad porque hasta entonces era suficiente con que estuviera bien compuesta, era la búsqueda de una perfección matemática.

Usted hace referencia a la ópera y en este festival hay mucha expectativa por la interpretación de la ‘Serva padrona’, de Giovanni Battista Pergolesi, ¿qué nos puede adelantar sobre esta versión?

La Serva padrona es, simbólicamente, una segunda revolución, porque a lo largo de 150 años, por fin la ópera barroca desarrolló un estilo bastante innovador. Pergolesi jamás se imaginó que esta puesta en escena modesta, porque solo incluye la participación de dos cantantes, tuviera semejante impacto. Con ella se valora la expresión y se pone en primer plano la emoción después de algunos siglos de interpretación fría, por llamarla de alguna manera.

Dentro del repertorio también figura la interpretación de ‘Las cuatro estaciones’, de Antonio Vivaldi, ¿cómo es su visión sobre esta obra?

Tocar Las cuatro estaciones en la actualidad representa un desafío, casi un problema, porque nunca se sabe qué es lo que el público está esperando de ella. Nosotros no tratamos de ponerle más detalles, sino que intentamos considerar todo lo que está en el texto, que de por sí es muy complejo por los ajustes que Vivaldi realizó sobre los sonetos. No es fácil hacer una versión de una obra tantas veces interpretada.

El Estilo Italiano logró influir en el proceso de creación musical en el resto de Europa, ¿qué fue lo que los compositores encontraron en ese estilo para hacerlo tan popular?

A mi manera de ver, lo más interesante del Estilo Italiano fue la influencia recíproca entre instrumentos y cantantes. No he entendido por qué se le considera muy extrovertido, pero lo que más destacado es su gracia y elegancia. Por lo general, los instrumentos intentan sonar al estilo de los cantantes, y los cantantes hacen lo mismo para estar en armonía con los instrumentos. No se trata de hacer más, sino de potencializar la gracia y la elegancia, eso lo hace diferente al sonido alemán y a las manifestaciones del resto de Europa.

¿Cómo era el oficio del músico durante el período del Estilo Italiano?

Ahora existen muchos mecanismos para escuchar música y eso ha hecho que el arte pierda un poco su valor. Hace 300 años, para escuchar música había que ir a los teatros o a la iglesia. Alguien que podía hacerlo se debía sentir muy privilegiado en la vida. En ese sentido el público estaba esperando la novedad, pero algo se oía y se olvidaba. Hoy es muy normal escuchar música y antes era un verdadero suceso.

Usted dice que la música se ponía de moda por un momento pero después quedaba en el pasado, ¿cómo fue el redescubrimiento para volver a valorar la música?

La música antigua se redescubrió a comienzos del siglo XIX, pero hoy es fácil evidenciar las raíces de las manifestaciones en Occidente. En el proceso de búsqueda se encuentran muchas piezas interesantes, pero también puede suceder que no se logre hallar nada que valga la pena. Lo que sí se puede establecer es la manera en la que estaba distribuida la industria musical y su entorno cultural.

Hay autores antiguos que apenas ahora se están descubriendo y hay piezas de compositores reconocidos que son inéditas, ¿hay algo de ese material recientemente descubierto que lo haya sorprendido?

Existe la grabación de una misa de Antonio María Bononcini que estamos incorporando ahora.

Usted ha ganado el Premio Gramophone, que es llamado el Oscar de la música, ¿qué tan importantes han sido esos premios para usted?

Yo los considero como una confirmación. Las grabaciones son el momento apropiado para hacer un balance y esos premios quieren decir que estamos en la dirección adecuada. De alguna manera, los premios hacen que la gente esté más pendiente de lo que se hace, pero a mí solo me confirman que estoy haciendo las cosas bien.

 

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