'Mente y cuerpo contra la amnesia global'

Rafael Argullol es uno de los escritores e intelectuales más reconocidos de España. Ha escrito seis novelas, diez libros de ensayo, cuatro de poesía y cinco de “literatura transversal”. Trae a Colombia un experimento: superar las fronteras de los géneros literarios y fusionarlos en uno.

La primera vez que vino a Colombia se hospedó en el Hotel Orquídea Real y se salvó de ser víctima del carro bomba que explotó frente a ese edificio a finales de 1992: “Bogotá era horrible”. La segunda vez encontró la capital bajo estado de sitio: “Recomendaban no salir”. Hace cinco años, durante su tercera visita, descubrió una ciudad renovada, moderna, “con bibliotecas públicas muy bien logradas”. En años pasados también dictó charlas en Cali, Medellín y en la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano de Gabriel García Márquez en Cartagena. Esta semana encontró una Bogotá “que no sé si está en proceso de construcción o de destrucción”. Prefirió meterse de lleno en sus compromisos académicos: conferencias en las universidades de los Andes y Javeriana, un taller para los estudiantes de la Maestría de Escrituras Creativas de la Universidad Nacional y el lanzamiento de Visión desde el fondo del mar (Editorial Acantilado), hoy sábado en la Feria del Libro a las 3 de la tarde. La obra ya obtuvo el Premio Cálamo al libro del año 2010 y el Premio de Ensayo Ciudad de Barcelona. No es un hombre de multitudes ni de best sellers, es un intelectual cuya literatura ha recorrido y superado todos los géneros. Sus libros son piezas de relojería no para todo el mundo, aunque todos debiéramos leerlo.

En la Javeriana causaron impacto varias de las 360 definiciones de su ‘Breviario de la aurora’, por ejemplo “Literatura = experiencia + experimento”. Tras 25 libros publicados en 30 años, ¿cómo opera la fórmula?

Ha operado mucho en Visión desde el fondo del mar. Es un libro en el cual la experiencia personal y la experiencia de la época ha sido la materia prima, pero trabajadas a través del filtro de la experimentación. Un amigo mío en España, que es físico, me dijo: este es el primer libro cuántico, porque en él se da un transvase continuo del espacio en el tiempo y del tiempo en el espacio. La arquitectura del libro es así. Experimentación entre la memoria entendida como la relación del presente con el pasado y como presente o como intuición.

¿En qué consiste su técnica del microscopio y el telescopio?

El microscopio porque es una indagación en la subjetividad, en la intimidad, hasta bordear un punto de obscenidad. Ahí acudía al telescopio e intentaba ir a un mundo más universal y objetivo. Y cuando se volvía abstracto aplicaba de nuevo el microscopio.

Leí en ‘La Vanguardia’, de su natal Barcelona, que este es su mayor acercamiento al “libro total”, la consolidación de su “escritura transversal”.

Hace unos años vengo hablando de la escritura transversal, que implica dos elementos: uno es una drástica relativización de los géneros. He sustituido la idea de géneros por una imagen sobre la cual la literatura va desde un espacio en que se agota el silencio en lo poético hasta el seno del ruido que es la crónica periodística, y entre ambos polos hay infinidad de registros literarios. Hay que utilizar todos los recursos posibles en función de las necesidades, en busca de esa totalidad o transversalidad. A eso le sumo mi descontento con ese prejuicio occidental de separar el hombre de las ideas y del mundo de las sensaciones y las emociones.

La estructura va más por la línea del ensayo, valiéndose de lo autobiográfico y fragmentario...

También la han visto como una novela en la que se produce lo que pronosticó en cine Orson Welles: un montaje de rompecabezas en el que al principio las piezas parecen dispersas pero se van conjuntando y adquiriendo sentido. También admite la visión de libro de viajes, crónica periodística, espacio poético y reflexión ensayística.

¿En que cambió su técnica desde que ganó en 1993 el Premio Nadal por su primera novela, ‘La razón del mal’?

Ha cambiado en el sentido de tender a eliminar al máximo los abarrocamientos, los amaneramientos estilísticos. Esta vez quité una cuarta parte del manuscrito y considero que está basado en un texto al que dediqué todo un año a liberarlo de lo superfluo.

Otra frase que caló en la Javeriana: “Primero hicimos una filosofía sin cuerpo. Ahora queremos hacer un cuerpo sin mente”. ¿Se refería a la crisis de pensamiento de una sociedad globalizada e hiperinformada?

Sí y también a los mecanismos de amnesia que configuran nuestra época, a la creación de una continua realidad dependiente de la actualidad, a la reducción de la mirada del hombre hacia factores unidimensionales como el factor económico, a lo que he hablado en broma como la usurpación de los mercados ansiosos de los atributos del hombre. Se corre el peligro de que seamos muy hábiles tecnológicamente, para provocar modificaciones milagrosas como el rejuvenecimiento físico, pero sin mente.

Un profesor de la Javeriana comentó que sintió estar oyendo a un Dante moderno. Su formación a nivel de pensamiento impresiona. En Europa hablan de usted como símbolo del “nomadismo intelectual” por haber estudiado filosofía, medicina, economía, ciencias de la información e historia del arte. ¿Eso le permite una mirada especializada o le dispersa el pensamiento hasta escapar de los géneros?

Creo que las preguntas las aprendí de los libros, las respuestas de los viajes y lo que estaba más allá de las preguntas y las respuestas, de las mujeres. Esa formación múltiple es fruto de un descontento permanente. Estudié medicina porque quería ser cirujano, los estudios de económicas, arte y filosofía no me satisfacían ni me satisfacen. He recurrido más a metáforas sacadas de la cirugía, de los viajes y hasta de la topografía que de la teoría literaria, que no ayuda para nada a iluminar mis libros. Tengo un carácter muy renacentista en el sentido de que me gusta el nomadismo del conocimiento y cuando te gusta eso es muy difícil encerrarte. Me pasa incluso cuando acudo a poetas, escritores, artistas, sin quedarme anclado a ninguno.

Su nomadismo también se aplica al viajero y a novelas como ‘Transeuropa’, el peregrinaje de un ingeniero español por Rusia. ¿Cuántas obras debe a los viajes?

Casi todas. Para mí la experiencia del viaje, sea a un lugar lejanísimo o un viaje de inmovilidad, implica un descentramiento de la conciencia, el hecho de que puedas mirar tu mundo desde otro mirador. Me importa que el viaje cuestione tu identidad, que demuestre que no somos la identidad propia sino una multiplicidad de voces. Y no sólo desde el punto de vista del conocimiento sino desde el placer. Ya conoces una identidad, una patria, pero el nomadismo te da la posibilidad de buscar una patria que está delante de ti, no detrás de ti, una patria que vas construyendo a través de tus viajes exteriores e interiores, de tus descubrimientos.

En contravía está la tendencia que instituyó Salinger, que defiende Philip Roth, de encerrarse en sí mismo.

En la historia ha habido talantes distintos de acercamiento a la literatura, desde el que la comprendía a través de la visión de La odisea y el movimiento continuo hasta aquel agazapado en la inmovilidad. Hay escritores que se sienten muy a gusto en una especie de caverna de marfil en la cual van indagando sobre sus fantasmas y otros, entre los que me cuento, que crecieron viajando a través de las experiencias reales para iluminar el ser interior.

Entonces, ¿en ‘Visión desde el fondo del mar’ cuál es la mirada que propone del mundo?

He intentado evitar una visión narcisista. El narciso miraba desde encima la superficie del agua, se veía reflejado y al final quedaba obsesionado y autodestructivo por el aburrimiento de la contemplación de su imagen. Yo prefiero mirar desde el fondo del mar, que al principio es turbio, detallar todos los matices y aprender que en realidad se conoce a través de los otros, se ama a través de los otros, se conoce el propio cuerpo a través de los otros cuerpos, se conoce el propio país a través de los países. La humanidad se divide en dos: aquellos que hacen que el mundo les pregunte cómo están y aquellos que le preguntan al mundo como está. Yo soy más de los segundos.

En su obra es trascendental la educación sensorial, manifestada en libros como ‘Historia personal del desnudo femenino’, la experiencia suya con la pintura desde los 13 años (Premio de Ensayo Casa de América), ‘El Quattrocento’, su mirada al renacimiento italiano. ¿Cómo se manifiesta en el proceso creativo?

Claro que influye lo sensorial. Cuando yo escribí el primer libro que citas lo hice para contraponerlo a uno previo, Davalú o el dolor, inspirado en una operación de columna vertebral muy grave que tuve durante un viaje a Cuba. Se trató de una crónica de varios días. Incluso yo me autorregistré antes de la operación, porque el dolor físico provoca unos mecanismos de amnesia a través de los cuales no recuerdas. Yo quería recordar. Como contraposición escribí un libro sobre la formación en el placer sensorial sometido a la máxima tensión, donde mente y cuerpo son dos caras de lo mismo. Volviendo a lo que me preguntabas al principio, para mí es impensable una filosofía sin cuerpo porque pensamos a través del cuerpo para llegar a niveles de espiritualidad. No a la espiritualidad de los teólogos, porque no creo en ella, sino a la espiritualidad de la experiencia sensorial.

Es profesor de estética y artes en la Universitat Pompeu Fabra. ¿Cómo conecta a los jóvenes con esas sensaciones mientras viven subyugados por la tecnología?

Que entiendan que el gran handicap de nuestra época es que recibimos aludes de información y, sin embargo, no los sometemos a una vertebración necesaria para comprender. La información es interesante si es capaz de procurarte niveles de comprensión que te permitan sensibilizarte y relacionarte con la existencia.

¿La búsqueda de la sabiduría que plantea en el ensayo filosófico sobre el poeta Leopardi?

Una cosa es la información, otro nivel es el conocimiento, que es un procesamiento vertebrador de la información, y otro nivel es el de la sabiduría, que es la capacidad de aplicar ese conocimiento a tu propia vida. Sobre todo el tercero es autodidacta por completo y casi inaccesible. En Leopardi, sabiduría de la ilusión la búsqueda es cómo aplicar el conocimiento a una conciliación con la vida.

En poesía también defiende esa fusión de cuerpo y sensaciones, ejemplo ‘El afilador de cuchillos’ o ‘Cantos del Naumon’, poemas para cantar y gritar.

La poesía es como una destilación desde el silencio, nos enfrenta al núcleo de la condición humana, nos confronta con nuestra propia intimidad, con nuestra entraña. La poesía sería a la palabra lo que es la entraña al cuerpo.

¿Ahora su reto poético cuál es?

Estoy haciendo una cosa mucho más complicada y es que me han encargado una ópera. En este momento estoy dándole vueltas en la cabeza a cómo debería ser una ópera de principios del siglo XXI y cuál su poeticidad.

Ha escrito mucho sobre sus “espectros literarios”. ¿En cuáles se sentiría mejor encarnado?

He pretendido ser al mismo tiempo Homero y Ulises, crear ficción y a la vez ser un viajero. Veo la figura de Fausto como un personaje que nos representa a los hombres modernos, tanto en el conocimiento como en la desmesura. En un capítulo de Visión desde el fondo del mar asumo mi faceta de profesor con una mascarada en la cual hago de Ulises, de Fausto, de Gregorio Samsa, etc., porque somos todos ellos.

Y ¿qué tipo de espectro es Delfín Agudelo, su interlocutor en el blog de www.elboomeran.com?

Es un personaje que alguna gente ve real y otra ficticio. Como se verá con los años, él mismo se va a emancipar y a realizar su propia carrera.

En los próximos días dictará una conferencia en Bilbao sobre “la utopía literaria”. ¿A qué se referirá?

Es mi reciente libro analizado. Para mí era una utopía. Sin embargo, la he llevado a buen puerto. Una utopía literaria en el sentido de traspasar los géneros.


“En el futuro Europa podría estar representada por Latinoamérica”

Usted ha denunciado muchas veces los excesos históricos de Europa. ¿Ese proceso autocrítico conducirá a una renovación de la identidad europea a partir de los errores del pasado?

Europa después de cinco siglos de saquear a los demás ha llegado a un estadio de no imperialismo, porque eso se va a repartir entre Estados Unidos y China en los próximos tiempos, entonces quizá pueda partir de una especie de neoascetismo adquirir una nueva lucidez sobre su papel. Que podamos reconocer algo de lo mejor de nosotros mismos porque no ha logrado desarrollar potencialidades creativas propias, no hay una ilusión, no hay un entusiamo, una fuerza colectiva, más bien una forma muy burocrática y poco fascinante.

El papel de Europa frente a las revueltas en el norte de África fue ambigua, doble moralista.

Para ser sincero, creo que todo el mundo tiene miedo a lo que pueda ocurrir tras las revueltas mismas. Un mundo que se tenía muy bien identificado a través de esas oligarquías militares ahora puede desatar una terrible guerra sectaria. Yo conozco Egipto y estas revueltas fueron de los jóvenes de clase media. Se ha abierto la caja de pandora, ha sido muy interesante que se abriera, es un soplo de libertad.

Otra discusión de estos días es que también debieran hacer crisis monarquías como la española.

Me parece un sistema tan anacrónico que es muy difícil defenderla. En algunos países pudo ser un factor de estabilidad en algunas épocas. Si la democracia tuviera una salud suficiente y se tradujera en la existencia de políticos de envergadura la monarquía no tendría ninguna razón de ser.

¿Su visión ensayística qué papel le atribuya a Latinoamérica en este momento?

En este momento hay cuatro regiones del mundo de las que hay que ver su actuación en los próximos años: la ideología china por la combinación del hipercapitalismo y el totalitarismo de partido único, la India donde la tradición filosófica es extraordinaria en una democracia imperfecta y más que Latinoamérica los dos países que veo con mayores posibilidades son Brasil y Colombia, por encima de México y Argentina. El de Latinoamérica podría ser un papel en el cual aportara algo de lo que podríamos llamar la tradición hispánico- europea, porque el español es importante ahora en el mundo no tanto por España como por Latinoamérica. En el futuro Europa podría estar representado paradójicamente por Latinoamérica en este juego de ajedrez.
 

“Poner en jaque las tiranías del poder”

¿Todavía es posible su lema “romper el imperio de la voz que quiere imponer el poder”?

Todavía es posible en el mundo editorial. En el mundo comunicacional ya sabemos de lo que es capaz internet, tanto como Mister Jekyll y Mister Hyde. Tiene la capacidad de romper las verticalidades jerárquicas del poder, tenemos los ejemplos de Wikileaks y del norte de África. Hay mecanismos para poner en jaque las tiranías del poder.

Pero también está vigente otra frase suya: “Mucha gente que depende de internet no aguantaría una mirada a los ojos”.

Claro. Por un lado está el aspecto tenebroso de los vengativos, de los incapaces que no se atreven a citar una chica en directo. Tienen su realidad ficticia en la que creen que no están solos pero están más solos que antes. Y está el monstruo enorme de información que vamos a ver si manejamos hacia la luz o hacia las tinieblas.

Fragmento del "Poema de la serpiente"
Cuántos buenos sentimientos/
suscita una imagen,/
el hermoso e inofensivo retrato,/
la piel sin carne:/
todo armonía,/
todo promesas,/
todo nostalgia/
de una edad de oro,/
como los viejos retratos de familia./
Pero pongamos/
carne a la piel,/
tiempo a la silueta,/
memoria al instante/
y el instinto saltará/
de un lado a otro/
y penetrará todos los poros/
a la busca de goce/
sin dejarse domesticar/
por promesas y nostalgias/
o por buenos sentimientos./
Adherida la carne/
a la apariencia/
el bárbaro ocupa/
la benéfica cabaña/
de nuestra santidad.
El amor desciende/
por una sima interminable/
y los dulces ideales/
son violentas convulsiones.
Pero quizá el retrato,/
la hermosa imagen,/
reaparezca allá/
sobre la pútrida agua estancada/
al final del pozo./
Quizá los repulsivos insectos/
del abismo/
anuncian las estrellas.